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sábado, 30 de abril de 2011

"No quiero ser tu amigo". Cap. 12

En ese momento, formamos un capullo a nuestro alrededor, queriendo que nadie nos interrumpiera… Ni ahora, ni nunca. No me quería separar de él y eso era un hecho muy factible por mi parte. Sentía que ahora en ese momento era en el cual debíamos estar juntos más que nunca.
Quería seguir besándolo, pero me faltaba el aire así que me separé de él, pero cuando lo hice Sebastián apoyo su frente sobre la mía tratando de capturar aliento. Tomó mi cara entre sus manos suavemente, pero ahí se quedó. Era como si solo tenerme cerca, o con tan solo tener contacto conmigo le bastaba. Rodeé su cuello con mis brazos en un acto notablemente inútil para que no se fuera, para que no se alejara de mí nunca. Él, aún con sus manos en mi cintura, habló quedamente:
-¿Kate? –su voz sonaba ronca.
-Calla –le dije. Sinceramente, sentía que en ese momento cualquier vana palabra arruinaría cualquier sentimiento encontrado y eso me frustraría demasiado.
-Kate –volvió a insistir.
-Calla –repetí y me acerqué más a él para darle a entender que en ese momento no quería hablar, simplemente quería estar a su lado puesto que sentía que las palabras ya no valían nada.
-Kate –quitó sus brazos de mi alrededor y apoyo su frente sobre la mía –, yo…
Pero en ese inoportuno momento algo nos interrumpió: de repente, todo se me nubló y casi caía de sentón en el suelo de no ser por los brazos ágiles de Sebastián que me sujetaron antes.
-No puedes manejar hasta tu casa en esas condiciones –habló lento mientras que trataba de acompasar mi respiración debido a la gran agitación.
Traté de volver a mi postura normal, pero me di cuenta de que estaba empezando a sudar frío. Sebastián me guió hasta mi auto rodeando mi cintura con su brazo. Me llevó hasta el asiento del copiloto cuando realmente insistí en que no tenía que llevarme él, precisamente sino que podía venir mi mamá a buscarme. Él, haciendo caso omiso a mis opiniones, cerró la puerta del copiloto y abrió la puerta de atrás para buscar la llave del auto en mi mochila la cual se encontraba atrás. Yo solo oía que buscaba y rebuscaba y que no encontraba nada así que lentamente me giré para verlo.
En un principio buscaba la llave, pero se distrajo cuando vio mi cuaderno el cual tenía todo lo que había escrito sobre él, en el Spring Break, esa noche tan inolvidable y revelaba los deseos que a veces se incorporaban por dentro de mi ser, esos deseos de volver a verlo.
No le dije nada para ver a qué tanto llegaba: si respetaba privacidad o no. Lo pensó dos veces, pero la duda lo mató y abrió el cuaderno encontrándose con la primera página del cuaderno que susurraba: “Spring Break ♥” en una vaga letra cursiva.
De pronto, algo en mi mente encajó y toqué mi bolsillo del pantalón encontrándome con la llave del auto.
-Oye –dije suavemente.
Sebastián saltó en su lugar y me miró asustado.
-No están ahí –dije mientras agitaba las llaves en mí mano.
Él se sonrojo y empezó a balbucear cosas sin sentido.
-Calla y toma las llaves –dije tratando de no parecer molesta, pero demostré todo lo contrario. Las tomó y subió rápido al lado del piloto. Arrancó y salimos del estacionamiento.
Así de la nada, el sudor frio recorrió mi frente de nuevo así que abrí mi ventana para que el fresco aire me golpeara el rostro.
-¿Te sientes mal otra vez? –preguntó preocupado.
-Un poco –dije con voz áspera.
-Trata de dormir aunque sea en el camino –sugirió.
Era una buena idea, pero no quería perder mi tiempo al lado de Sebastián durmiendo… simplemente no. Pero como era de imaginar, caí rendida en el asiento del copiloto debido a que estaba cansada y supuse que todo lo de la enfermería me había dejado shockeada.
Abrí los ojos de golpe y vi que me encontraba en mi habitación, recostada en mi cama. Me extraño demasiado no haberme despertado cuando Sebastián se estaciono. ¡Sebastián! Grité en mi mente, ¿acaso era posible que ya se hubiera ido? Era más que claro que él era quien me había llevado hasta mi cuarto, pero ¿en dónde estaba?
De pronto, oí unas risas en el piso de abajo, por la cocina. Dudé seriamente en bajar puesto que tenía el presentimiento de que me iba a tropezar o incluso a desmayar. Puse mis pies en el piso de mi habitación y salí de la cama sujetándome de cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Por poco y no llego a las gradas, pero lo logré y pude oír la risa natural de mi mamá.
Asomé la cabeza y pude ver dos sombras moviéndose armoniosamente. Bajé las escaleras una por una, sujetándome de la barandilla y mirando mis pies a todo momento. Llegué a la cocina y levanté la vista. Vi a Sebastián picando unas verduras y tenía una sonrisa en el rostro que me dejo impactada; parecía que mi madre le había contado algo gracioso o algo por el estilo. Esta última estaba lavando más verduras en el lavaplatos. Ninguno de los dos se había percatado que yo estaba ahí.
De pronto, como si hubiera leído mis pensamientos, Sebastián levantó la vista y me vio ahí parada, absorta. Se limpió las manos en una servilleta de tela que tenía al lado y fue corriendo hacía en donde estaba.
Tomó mi mano en la suya en pretexto de ofrecerme apoyo, pero supe cuál era la razón principal.
-¿Cómo te sientes? –habló muy cerca de mí, tan cerca que por segundo creí que su boca estaba buscando la mía.
-Ya mejor –hablé quedo. Sinceramente, no quería que notara los altibajos que su cercanía le causaba a mi voz –. Gracias.
Me ofreció su brazo en cuanto vio que me quería asomar a ver la magnífica creación que ellos habían preparado. Yo se lo acepté con una sonrisa tímida mientras que mi madre me dirigió una mirada furtiva, la cual yo ignoré.
Cocinaron una especie de sopa, pero olía demasiado bien como para que solo fuera sopa. Sebastián se rió al ver la expresión en mi cara mientras intentaba adivinar.
-¿Qué es? –le pregunté a mi madre ignorando la risa siniestra de Sebastián.
-Sinceramente –habló mi mamá –, yo solamente ayude. Sebastián hizo todo.
El susodicho, ruborizado, me miró sonriendo como si admitiera una culpa. Me reí mientras agachaba la cabeza y miraba su mano sobre la mesa que mi madre utilizaba para cocinar, justo en dónde él estaba picando las verduras. Tuve un impulso salvaje de tomarla y nunca soltarla, pero me controle.
-¿Cocinas? –le pregunté viendo sus grandes y pardos ojos.
-¿Lo dudas? –me respondió con otra pregunta.
Reí.
-No dudo –aclaré –, sino que nunca me habías comentado que tenías tales habilidades culinarias.
-No hables si todavía no has probado –dijo mientras agarraba una cuchara y me la entregaba. Sentía las miradas acusativas de mi madre en mi espalda, pero no dije nada.
Probé la sopa y me asombró el delicioso sabor que tenía.
-Sé que no puedes comer cualquier cosa, así que le propuse a tu mamá hacer lo más liviano posible para ti –dijo mientras me sonreía.
No tenía palabras, pero traté de que mis ojos expresaran ese gran “gracias” que quería decirle, pero que no tenía palabras.
-De nada –susurró mientras pasaba a mi lado para ir a ayudar a mi mamá a lavar los platos. Me reí para mí misma, y supuse que si cualquiera me hubiera visto hubiera pensado que estaba loca.
Lista ya la comida, Sebastián sirvió dos platos y mi madre le dijo que se quedara a comer, propuesta que él no denegó. Cuando nos sentamos todos a la mesa, comenzamos a charlar. Mi madre tuvo el atrevimiento de preguntarle a Sebastián cosas de su familia, de su vida en su anterior hogar y cosas así. Descubrimos que Sebastián era el pequeño de dos hermanas, ya ambas grandes, casadas y con hijos; quería estudiar Medicina en la Universidad y quería especializarse en Cardiología; sus papas eran abogados, deduje que por ese medio sabía quién era mi padre.
Mi madre, por supuesto, no falló en comentar algunas que otras travesuras mías cuando estaba chiquita y Sebastián quiso aportar con unas cuantas suyas. Cuando terminamos de comer el almuerzo, recogí los platos para lavarlos y Sebastián me ayudó. Eran las dos de la tarde cuando mi madre habló:
-¡Acabo de recordar! –Exclamó –Tengo que ir a comprarte medicina, en caso de que empeores. Sebastián, ¿te molestaría cuidarla un momento?
-¿Qué acaso tengo cinco años? –pregunté.
-Sabes que no me refería a eso. Regreso en treinta minutos –musitó mi madre saliendo por la puerta.
Treinta minutos, repetí en mi cabeza. Me hice la de la vista gorda y empecé a lavar los platos, cuando sentí que Sebastián se puso a mi lado para ayudarme. Conversamos de unas cosas tontas y sin sentido, pero era una charla grata… al menos para mí. De pronto, un plato se me resbaló de las manos haciendo que salpicara un poco de espuma y agua. Sebastián creyó que lo hice a propósito.
-¿Con qué así estamos? –preguntó como lo haría cualquier padre a su hijo mientras juegan a las escondidas.
-No, no, no –negué rápidamente con la cabeza queriendo evitar que su rostro se volviera macabro –; fue un accidente.
-Los accidentes no existen –musitó.
-Pues este si tuvo que haber existido –me excusé mientras me alejaba debido al miedo de que el avanzara. Avanzó un paso hacía donde yo estaba y luego, retrocedió hasta llegar al lavaplatos que estaba lleno de espuma. Tomó un poco entre sus manos, mientras yo le repetía una y otra vez que no lo hiciera. Su risa malvada resonó en mis oídos.
Rodeé la mesa en donde mi madre preparaba la comida, huyendo de Sebastián y él me perseguía como si fuera un juego de niños. Cuando le di la vuelta completa, me acerqué al lavaplatos para tomar mi porción de venganza, en caso de que cualquier cosa pasara. Antes de que yo me pudiera dar cuenta, tenía a Sebastián a mi lado, muy cerca de mí.
Se preparó para atacar y yo, como instinto, traté de detener sus manos cuando inconscientemente entrelacé mis dedos entre los suyos, los cuales estaban llenos de espuma. Él me miró fijo a los ojos mientras yo trataba, luchaba para no caer prisionera en los suyos. Demasiado tarde, agaché la cabeza en una vana intención de que no pudiera ver como mis mejillas tomaban color. Me acercó más a él, más a su cuerpo, más a su aroma, más a su aliento… reaccioné que tenía muy cerca su aliento y levante el rostro temeroso. Su boca, oh su boca, estaba demasiado cerca a la mía y fue difícil resistirme al deseo que tenía sobre repetir lo que había hecho hace ya unas cuantas horas.
Apretó mi mano en la suya, mientras mis ojos se enfocaban en él solamente. Se acercó un poco hacía mi rostro, con temor a que me alejara, pero a esa altura ya era claro que quería que pasara lo que tenía que pasar. Apoyo su frente sobre la mía mientras se decidía a hablar:
-¿Kate? –siempre empezaba con mi nombre.
-Dime –dije tratando de inhalar un poco de su adicto aroma.
-Ya pensé mucho las cosas –dijo como si le hubiera tomado mucho tiempo.
La verdad no entendía mucho de qué me estaba hablando.
-¿En qué pensaste? –le pregunté.
-En ti –dijo mientras una sonrisa surcaba su rostro y mis mejillas se ruborizaban –y en mí.
Ahora era yo la que sonreía.
-¿Así? –dije mientras me acercaba mas a él. La espuma que tenía en sus manos ya se había secado y soltó mi mano para poder acomodar un mechón que tenía justo enfrente de la cara.
-Sí –afirmó.
-¿Y cuáles fueron tus conclusiones? –le pregunté mientras traté de ocultar una sonrisa curva.
-Solo fue una –musitó mientras soltaba mis manos, rodeaba mi cintura y yo rodeaba su cuello.
-Dímela –rogué.
-Es fácil, es sencilla y no sé cómo no me pude percatar antes.
-Dime –pedí.
-No quiero ser tu amigo, ya no –sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda –. Quiero ser algo más en tu vida.
¿Y qué podía decir en esos momentos? Solamente tomé su rostro entre mis manos y me hundí en sus labios. Me acercó más a su cuerpo mientras yo entrelazaba mis dedos en su cabello. Yo era simplemente muy tosca para las palabras así que quería que entendiera que yo tampoco deseaba ser solamente su amiga.
Separé mis labios de los suyo debido a que me faltaba aire. Apoyé mi cabeza en su pecho mientras él jugaba con mi pelo enredado, y pude oír su corazón. Estaba un poco agitado, o emocionado, pero era un latido fuerte y armonioso. Suspiré.
-Tengo una idea –dijo.
Me quedé callada esperando su propuesta.
-¿Qué te parece si salimos mañana? –una sonrisa curvó su rostro.
Me pareció una sorpresa esa invitación, pero no la iba a negar. Quedamos en que él me pasaría a traer e iríamos a cenar o a ver una película. Pero antes que nada, le quería aclarar que hasta el momento éramos amigos y que por haberlo besado eso no iba a cambiar sino hasta que él mismo me lo preguntara. En mi mente soné algo orgullosa, pero así tenía que ser y así era yo. Cuando extendió su mano en señal de “trato hecho” le dije:
-Una salida como amigos –y estreché su mano para que no pudiera echarse para atrás.
-Como amigos –repitió con una sonrisa macabra.
Justo en ese momento, abrió la puerta mi madre esperando encontrarnos en una situación bastante incómoda, pero no fue así: estábamos sentados en la mesa del comedor riendo de situaciones tontas. Sebastián se empezó a despedir puesto que ya eran las tres de la tarde y no quería llegar tarde a su casa.
-Fue un placer pasar la tarde con ustedes –dijo como halago hacía mi madre.
-Nos vemos, Kate –dijo mientras besaba mi mejilla.
Lo acompañe hasta la puerta y le dije en quedo:
-Nos vemos mañana –dejando que mis ojos expresarán lo que deseaba.
Sonrió y salió de la casa mientras yo cerraba lentamente la puerta.
-Oye tu –exclamó mi madre desde la cocina.
Llegué a paso lento mientras me podía imaginar lo que me iba a decir.
-¿Qué paso? –le pregunté al ver que solo me miraba furtivamente.
-Nada –dijo arrepentida –, olvídalo.
No quería insistir porque sabía que iba a hablarme de Sebastián, pero no quería dejarla solamente así como si nada.
-¿Segura? –le pregunté arrepintiéndome en el momento.
-Sí –indicó.
Me pareció raro que ella aceptara quedarse callada, es más… me asustó un poco. Después de eso, subí a mi cuarto a pensar y a ver televisión. Mi madre llegó a ver cómo estaba y a desearme buenas noches. No pude dormirme sino hasta las once de la noche debido a que mi cabeza se estaba llenando de ideas.
No pude dormir más que nada por pensar en Sebastián, en él, en su beso, en la cita que teníamos al día siguiente. Pero más que nada, más que cualquier cosa: no podía dormir debido a sus palabras. “No quiero ser tu amigo”, resonó en mi cabeza de nuevo.
Imaginando la voz de Sebastián susurrando ésa última frase, caí en un profundo sueño esperando para que mis esperanzas se volvieran realidad….





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B U E N A S :)
-okey, sé qué estarán pensando: "Hasta que te dignas a publicar!" & si, lo siento no pude antes. Sinceramente, he estado muy ocupada porque tuve examenes, luego sali de vacasiones [me fui de viaje :) ] regresé al colegio ésta semana, & para variar, no falta la vida social & eso. Así que enserio, disculpenme si no pude publicar antes pero ahora estoy en un momento de mi vida en donde TODO se me junta s:
-Segundo, qué tal pasaron sus vacasiones de Semana Santa? (: como les dije, me fui de viaje a un como club aquí en mi país.. eso sí, no falto el Sr. Sol que me anduvo desesperando una que otra vez pero es bueno recibir vitamina D de vez en cuando ;D
-Tercero, GRACIAS a las que me han tenido paciencia & siguen fieles leyendo el blog! ustedes saben que desearia publicar todos los días pero no puedo /:

-Pues les cuento que aproximadamente faltan 14 días para mi cumpleaños así que vayan pensando BIEN BIEN que me van a regalar XD no se hagan!

Bueno, les deseo buen día a todas! Gracias de nuevo por leer, comenten para saber qué les parecio! Si les gustó el cap digan: Sí me gustó, oh Majo deverías ser escritora D: & si no, simplemente escriban: eres una asco xd JAJAJAJAJA no se hagan, comenten si & solamente si les gusto el cap o si me quieren decir: "Bienvenida otra vez, Majo" Jajaja

-Nos hablamos lueguin (:

Atte: YOOOOOOOOOO !


Let felicity fly ♫

viernes, 25 de febrero de 2011

Capullo. Cap. 11

“Me parece agradable. Solamente”. Eso era a lo que yo llamaba: una verdad disfrazada. Me sonreí a mi misma tratando de disimular la mentira.

Con Luisa nos dirigimos a Español, mientras Natalia se iba a Química. Luisa fue realmente muy callada y le pregunte qué pasaba.

-¿En realidad no te gusta Sebastián? –preguntó ella tratando de ocultar su miedo.

-No –negué. Bueno, no me gustaba tanto como para hacerlo oficial así que no me preocupe –, ¿por qué?

-Es solo que –empezó –la manera en que lo miras, la manera en que tus ojos brillan cada vez que escuchas su voz, la forma en la que te ruborizas cada vez que el pronuncia tu nombre; simplemente no es normal. Si te pasa algo con él, pues quiero saberlo; soy tu mejor amiga.

La manera en que ella describió mis movimientos mientras estaba cerca de Sebastián me asustó un poco. Nunca creí ser tan predecible a los ojos de los demás, pero Luisa no era otra persona cualquiera. Me dolió un poco ser tan dura con ella, era cierto que aún no estaba segura de mis sentimientos hacia Sebastián, pero ella debería saberlo.

Me mordí el labio mientras meditaba eso en la clase de Español. En unos pocos segundos ya estaba en clase de Historia sentada escuchando un discurso aburrido sobre la noche anterior del profesor. Pero noté algo muy fuera de lo común: Sebastián no estaba.

Me decepcioné a mi misma al voltear a ver su asiento y ver que estaba vacío. Tristeza y decepción: dos sentimientos que no había sentido en mucho tiempo dirigidos a una sola persona. ¿Qué me estaba pasando? Me estaba trastornando y estaba formando mi mundo alrededor de Sebastián.

Reprimí mis sentimientos hasta en lo más profundo de mi ser y apoye la cabeza en el escritorio, cerré por un momento los ojos prometiendo no quedarme dormida, pero solo podía oír voces y susurros. Luego oí como unos pasos se acercaban a mí lentamente.

-Señorita Johnson, ¿se siente bien? –preguntó mi maestro interrumpiendo con su chillante voz los pensamientos que había desarrollado.

Negué con la cabeza.

-¿Quiere ir a la enfermería? –preguntó.

Asentí. Sentía que si hablaba soltaría un vomito de palabras o algo peor: uno real. El profesor me dio un pequeño rectángulo de papel que utilizábamos como pase de salida cuando queríamos salir de clase. Caminé lentamente saliendo de la clase. Sentía que un olor putrefacto inundaba el salón así que salir fue un gran alivio.

Cuando llegué a la enfermería la sorpresa inundó mi cuerpo queriendo expulsar todo mi almuerzo. Sebastián estaba ahí parado sonriéndole a la enfermera. No sabía por qué estaba ahí y tampoco era algo que tenía que saber; me recosté en la pared sabiendo que un sudor frio recorría mi frente, me empezaba a sentir muy mal.

-¿Kate? –Dijo una voz que hacía que mis piernas temblaran – ¿Estás bien?

Mi respiración empezó desnivelarse y negué con la cabeza. Todo me empezó a dar vueltas levanté la vista y vi mi única salvación a unos metros de mi. Quería llegar rápido a la puerta con ese pequeño letrero que decía “baño” lo más antes posible. No quería que Sebastián se llevara una imagen de mi rostro pareciendo la niña de alguna película de exorcismos.

Corrí al baño apartando a todo quien estuviera a mi paso. Cerré la puerta, me arrodillé ante la taza y empecé a vomitar, me sentía tan mal. A los pocos segundos Sebastián tocó la puerta.

-¿Kate? –Preguntó tímidamente – ¿Puedo entrar?

La sola idea de que él entrará me asustó.

-¡No! –exclamé fuerte.

-Vamos –rogó –, solo quiero saber si estás bien.

Ya no me sentía tan mal como antes así que reconsideré la idea de que él entrara. Sin decir palabra alguna o sin darle el aviso de que entrara, Sebastián entró quedamente abriendo la puerta de par en par mientras sacaba su cabeza para verme. Levanté la vista, supuse que tenía una cara espantosa, pero en cuanto mi mirada se chocó con la suya él sonrió y no pude evitar sonreírle de vuelta.

Llego hacía mi con paso apresurado y se arrodilló a mi lado. Tomó la toalla que estaba cerca del lavamanos y limpió el sudor frío de mi frente. Le sonreí amablemente mientras el poco a poco bajo su mano para situarla en mi mejilla, lo cual me hizo sonreírle tiernamente. De pronto, mi estomago se volcó de nuevo.

Retiré violentamente su mano y me apoyé en la taza de nuevo. No sabía que me hacía sentir peor, el hecho de tener el estomago volcado o que Sebastián presenciara eso. Quise con todas mis fuerzas que Sebastián se fuera o que yo me desvaneciera, sentía que la vergüenza me mataría o que el haría cualquier cara de asco. Pero no fue así.

Con cuidado, tomó mi pelo y lo sujeto delicadamente para que no se manchara o algo así. Su acción me dejo totalmente shockeada. Me quedé paralizada ahí, sin hacer nada. Respirando entrecortadamente mientras Sebastián esperaba pacientemente por mí.

Pasaron uno o dos minutos llenos del más silencio incomodo, antes de que pudiera levantar el rostro con pena. Sebastián corrió hacia la enfermera para que me ayudara y ella entró dejando a Sebastián afuera del baño.

La delicada enfermera se dedico a limpiar mi rostro con agua, a arreglarme el pelo y a darme un poco de enjuague bucal que había en un estante del baño de la enfermería. Me arreglo la cola de caballo y me dijo:

-Sebastián es un buen chico –habló con voz monótona, como si fuera cualquier frase de cualquier conversación.

-Lo he notado –dije quedamente inconscientemente.

-Me ha hablado mucho de ti –soltó sin querer.

Mis ojos se abrieron como platos, ¿por qué diablos Sebastián le hablaba de mí a la enfermera? Al parecer, mi rostro denoto mis dudas y la enferma agregó rápidamente:

-Sebastián ha venido unas cuantas veces más de lo que él quisiera –habló mientras enjuagaba una toalla de tela en el lavamanos –, se le baja la presión constantemente y tengo que hacer algo para que se calme. Le digo que hable de algo que cautive su atención por completo y de lo único que me habla es de una chica.

Me quedé helada. Decidí no hablar hasta que ella terminara puesto que tenía semblante de aún no haber terminado la frase.

-De lo único que me habla es de ti –terminó la enfermera.

Mis mejillas se pusieron rojas como el tomate y expulsé una sonrisa involuntaria ya que cualquier chica se ruborizaría con semejante revelación.

-No sabía eso –susurré, pero iba más para mí que para ella.

Ella se rió irónicamente.

-Puede que no sabías eso –me miró con sus ojos grandes –, pero sé que sabes que Sebastián está enamorado de ti.

No respondí. Si decía que sí, apuesto a que ella pensaría algo como: “¿Entonces por qué diablos no haces algo por estar con él?” y si decía que no ella claramente pensaría que soy una tonta.

-Bueno –dijo ella mientras ponía su mano en el picaporte –, déjame decirte que Sebastián tiene todos sus pensamientos enfocados en ti, así que te pido un favor: si no quieres nada con él, no dejes que se ilusione más.

Abrió la puerta y me dejo a mi sentada en la taza del baño. ¿Qué se ilusione? Para empezar yo ni sabía que Sebastián sentía algo tan profundo por mí, pero me asustaba al mismo tiempo porque no tenía la certeza de quererlo a él en mi mundo.

Salí lentamente hacía la enfermería, Sebastián se paró y en un segundo tenía agarrado mi brazo evitando que me tropezara con algo.

-Tienes infección intestinal –anunció la enfermera –, debe ser algo que comiste hoy en el almuerzo. Déjame decirte que no eres la primera.

-¿Y qué debo hacer? –dije mientras sentía la mano tibia de Sebastián en mi espalda.

-Debes irte a tu casa a descansar y tomar muchos líquidos –recomendó la enfermera dándonos la espalda para firmar una hoja de medicación y se la entregó a Sebastián.

Salí de enfermería aún con Sebastián tomado de mi brazo.

-¿Cómo te sientes? –preguntó rápidamente él, pero a mí no me dejaban en paz las palabras de la enfermera. En mi cabeza seguía el vivo eco de esas palabras que me quemaban la garganta. Un capricho único me hizo saber que estaba dispuesta a oír esas mismas palabras de parte de esa voz por la cual yo moriría, aunque fuera por última vez.

-¿Por qué te quedaste? –solté.

Fue lo único que mi estúpida boca pudo decir, al parecer no estaba tan conectada con mi cerebro como lo esperaba. Su rostro denotó cierta confusión, pero luego de unos segundos lo entendió.

-¿Qué? –Habló con voz queda – ¿Hubieras preferido que me fuera?

Habló con cierto sarcasmo en la voz y yo solamente me quedé callada. No lo había oído hablar con ese tono tan duro y golpeado antes.

-Perdón –se disculpó mientras se detenía y tomaba mi rostro entre sus manos –es solamente que, no soporto la idea de que algo malo te pase. Fue un instinto quedarme, no te quería dejar sola.

¡Torpe! Así me sentía, muy torpe. Hice un esfuerzo por expulsar más de alguna palabra, pero no era cuestión de valor de lo que estaba hablando, sino que era falta de saber qué decir.

-De hecho –agregó –, siento que no me quiero separar de ti nunca.

Sus palabras, vivas como el hielo, me quemaron por dentro. Después de todo, llegamos al mismo punto.

-¿Qué? –estaba confundida y mareada, y su aliento penetrante no me ayudaba a pensar muy bien las cosas.

-¿Qué es lo que no entiendes, Kate? –habló tomándome de los brazos, como si estuviera harto de aparentar algo totalmente diferente a la realidad –. ¿Quieres que te lo aclare lentamente para que puedas entender?

Otra vez la voz del sarcasmo hiriente. Me solté de sus brazos bruscamente y dije:

-Disculpa si no entiendo a la primera –hable con tono grotesco y seguí mi camino. No tenía el derecho de hablarme de esa manera y menos si era sobre un tema tan delicado como este.

Caminé a paso apresurado hasta llegar al estacionamiento, busqué con la vista mi carro sin querer detenerme, pero alguien me agarró por la cintura y me dio la vuelta.

-No te vayas así cuando trato de decirte algo importante –dijo tratando de no subir el tono de su voz, pero no pudo porque yo sentía sus palabras muy fuertemente.

Me quedé callada demostrando mi enojo. No tenía por qué gritar si estaba enfrente de él.

-¿Qué es eso importante? –pregunté bruscamente mientras la duda azotaba mi mente.

Tartamudeó un poco, moviendo sus ojos de un lado para otro tratando de concentrar su atención en algo que no fuera yo.

-¡Dime! –exigí casi con lágrimas.

-No creo que pueda –susurró.

-¿Qué? –Pregunté indignada – ¿Me haces enfurecerme contigo para nada?

Se quedó callado con ojos de culpa, agachó la mirada y no hizo nada más que eso.

-¿Y te vas a quedar ahí parado? –Pregunté con más indignación – ¡No puede ser, Sebastián!

Vociferé un grito típico de rabieta de niña pequeña, pero me sentía tan frustrada que no sabía qué hacer.

-Eres increíble –susurré sin pensarlo. Me sorprendió que mi voz sonara quebrada, pero las lágrimas estaban a punto de desbordarse.

-¿Y qué quieres que haga? –gritó. La bomba explotó.

-¡Que hables! –Respondí –Que digas algo, no sé. Cualquier maldita cosa.

El enojo me estaba inundando por completo y no me permitía controlar mis palabras.

-¿Y qué pasa si no puedo hablar? –debatió.

-Entonces –dije con voz tranquilizante, aunque por dentro me estaba muriendo de rabia –, no eres lo que yo pensé.

-¡Ja! –exclamó en todo de ironía – ¿Y qué era lo que pensabas?

-¿Qué te pasa, Sebastián? –dije con miedo, ese no era el Sebastián que yo conocía. Es más, a este Sebastián no lo conocía ni lo quería conocer.

-¿Qué me pasa? –Preguntó como si estuviera pasando por algo lo evidente –Me pasa que maldigo el día en que entre a esta maldita secundaria.

Sus palabras me quemaron poco a poco, era obvio que si maldecía su entrada a la secundaria era por mí. Lo que todavía no entendía era por qué.

Agaché la cabeza, supuse que no diría más ya que lo estaba presionando para que dijera lo que pasaba por su cabeza, y así fue. Lo único malo era que no me imaginaba que fuera algo tan hiriente.

-Me pasa –continuó él repentinamente –que ayer cuando te vi en tu casillero creí que moriría de la felicidad.

Sus palabras me sacaron de mis pensamientos.

-Como te dije, nunca deje de pensar en ti luego del Spring Break –su voz bajo de tono –y al verte ayer me sentí feliz de poder encontrarte y de poder enmendar las cosas.

Me quedé paralizada.

-Kate –mi nombre en sus labios me hacía erizar la piel; tomó mi cara entre sus manos y habló mirando mis ojos –, quiero ser parte de tu vida, quiero ser parte de la alegría que te invade cada día. Pero –bajo la vista decepcionado –, trato de olvidar lo que paso en el Spring Break porque te juro que hasta la fecha no me lo he perdonado, pero no puedo. Y no sé si tú ya lo hiciste.

Sus ojos me vieron directamente y sentí como unas grandes fuerzas me atraían a él. De pronto, sus dulces labios tocaron los míos. Se sentían tan reales y tan vivos que me costaba creer que eso no era un sueño. Sus labios eran dulces y simplemente tiernos. Olvidé todo el mundo a mí alrededor y me enfrasqué en Sebastián. Me hundí más en sus labios mientras enredaba mis dedos en su pelo; él me acercaba más a su cuerpo con sus manos en mi cintura. En ese momento agradecí tanto que la enfermera me haya regalado un poco de enjuague bucal.

El beso era tan perfecto que no quería que terminara, lo mismo presentí que pensaba Sebastián. Estaba claro que sentía cosas profundas por mí y yo sentía cosas inigualables por él. En ese momento, formamos un capullo a nuestro alrededor, queriendo que nadie nos interrumpiera… Ni ahora, ni nunca.



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Holaaaaaa! Como andan? son las 10:oopm en mi pais :)

Este capitulo simplemente me encanto.. espero que les guste y comenten :D

Siento no poner mucho aqui, pero tengo prisa porque mi madre me esta sacando de la compu con las palabras "usas mucho esa cosa, ten un poco de vida social" bla bla bla /:

Estoy muuuuuuuuuuuuuuuuuy feliz (: ustedes imaginaran porqe ^^

Bueno bueno, muchisimas gracias por su infinita paciencia y por su hermosa fidelidad!

Once again, les estoy demostrando todo mi carinio posible! :)

Las quierooo <3


Majoo!

domingo, 20 de febrero de 2011

Disculpen..

Sinceramente.. esta es la primera entrada con el titulo de "Disculpen"
Espero y no se vuelva una rutina..

-He estado trabajando en el cap 11 pero les juro que no tengo nada tengo la mente en blanco ._. & simplemente no tengo inspiracion :(

Otra razon es porque he tenido demasiadas cosas que hacer.. proyectos, examenes, vida social & Ja. Les cuento.. ahora novio $: pero no entrare en detalles XD

Les pido mucha paciencia.. un dia de estos que tenga tiempo terminare la entrada y hare como tres capitulos mas para recompensarles la espera :)

Pero cuentenme.. como les va? Como les fue en el 14 de febrero? O:
Yo se que no es el unico dia disponible para demostrar amor, pero bueno.. ustedes saben que yo les demuestro amor en cada entrada que publico XD


Gracias una vez mas por todo!

Las quiere..
Majoo!

domingo, 30 de enero de 2011

Verdades Dizfrazadas. Cap. 10

Entré al salón y lo vi, sentado, esperando. Vi que tenía un asiento apartado, supuse que para mí y en ese momento se me estrujo tanto el corazón que me quería poner a llorar. ¿Cómo era que él me quería lejos? Respiré hondo y preparé una que otra palabra para… ¿alejarme de él?

Tragué saliva, puesto que no quería alejarme de él. Había pasado solamente dos días con él y sinceramente eso me bastó para saber que al estar a su lado era feliz. Caminé a paso lento puesto que quería evitar llegar hacía él, pero un grupo de alumnos de último grado iban caminando con prepotencia y me obligaron a caminar rápido.

Los ojos de Sebastián se iluminaron cuando me vieron, me sonrió tan cálidamente que hubiera querido quedarme con él, para siempre, en un completo silencio, respondiendo a su sonrisa con la mía. Sus ojos me atraparon tan rápido como pudieron y no pude articular palabra alguna. Mi debilidad solamente me permitió sentarme y sacar mis cuadernos de Biología, ya que quería avanzar algo sobre la tarea.

Pero no pude. Sebastián me comenzó a hablar con esa voz que causaba una corriente eléctrica en mi espina dorsal.

-¿Y cómo te fue en tu clase de Biología? –preguntó armoniosamente.

¿Qué le respondería? ¿Mal, porque la rubia esa me exigió que me alejara de ti? No era ese tipo de chica, no era una soplona, pero tampoco quería dejar ir a Sebastián.

-Bien –una palabra. Eso fue lo que mi boca pudo expulsar. Sentía que si hablaba más me delataría y causaría un gran lío entre Jasmine, Sebastián y yo.

-¿Qué paso? –preguntó como las madres le preguntan a sus hijos cuando esperan malas noticias.

-¿Cómo sabes que pasó algo? –demandé saber.

-Kate, eres tan predecible –musitó –. Es obvio que algo te pasa, cuando algo anda mal arqueas tu ceja derecha. Siempre.

Quedé con los ojos como platos, ¿en realidad era tan predecible? Estaba a punto de abrir mi boca para preguntárselo, pero él me detuvo:

-Hiciste ese gesto, la noche del Spring break –habló en tono bajo –; en el ascensor, justo antes de que se cerrará la puerta.

¿Cómo diablos se recordaba de todo? Por un lado, ese recuerdo del Spring Break me hizo sonreír. Jasmine tal vez podía llenarme la cabeza con ideas vagas o ideas ciertas; no importaba porque Sebastián y yo tuvimos un pasado, no era uno de los mejores, pero teníamos recuerdos juntos. Tal vez nuestro presente no era tan relevante y tal vez nuestro futuro lo sería menos, pero el simple hecho de haber tenido algo que ver con él, aunque fuera por esos motivos, me alegraba.

Me quedé pensativa, supuse que él pensó que me molestaba el hecho de recordar lo del Spring Break, lo cual era totalmente erróneo, pero dejé que su mente vagara.

-Entonces dime –volvió a hablar –, ¿qué paso?

Otra vez la burra al trigo, exclamé en mi mente. Ideé algo para no contarle toda la verdad, era solamente omisión de detalles.

-Bueno –comencé –, lo que pasa es que me mandaron un mensaje para ti.

Trate de cambiar mi rostro, de cambiar mi expresión, de cambiar mis gestos; tenía planeado decirle que una compañera le había mandado un mensaje diciendo que a ella le gustaba él. Si iba a decir eso, no tenía por qué mostrarme furiosa; simplemente, no había razón.

-¿Para mí? –preguntó anonadado –. Pero si soy nuevo aquí, solamente tú me conoces bien. ¿Quién lo mandó?

Esa última frase me sacó una sonrisa interna.

-Una compañera –solté–no la conoces, pero el punto es que me dijo que tú le gustabas.

Fue mala idea decirlo así de golpeado, nunca se decía un mensaje de ese tipo tan rápidamente, pero quería salir de esto.

-¿A sí? –preguntó, no parecía muy sorprendido.

-Sí –exclamé fingiendo una sonrisa. Estaba claro que esa “compañera” era Jasmine y también estaba claro que ella quería algo más con él. Eso era un arte al cual yo solía llamar: disfrazar la verdad –, también me pidió de favor que te preguntara algo.

El hizo silencio en acto para que yo continuara.

-Me dijo que te preguntara ¿cómo te gustan las mujeres? –está bien, esa era pregunta mía, pero qué importaba. Lo malo de esa pregunta era que el término “mujeres” me hacía carcajear desde que era pequeña. Nunca me consideré una mujer; bueno sí soy mujer, pero soy una adolescente. Mujer mi madre, mujer mi abuela, mujer mi tía, pero no yo. Aguanté la risa.

-¿Por qué una compañera tuya preguntaría…? –empezó él.

-Sebastián –lo callé. Sentí cosquillas en mi garganta al pronunciar su nombre –, limítate a responder.

-Está bien, está bien –accedió a regañadientes –, ¿cómo me gustan las mujeres? –esa pregunta se la hizo más a él que a cualquier otra persona en la habitación –. Usualmente, no me suelo fijar en el cuerpo o algo así, no soy como los demás. Simplemente, me fijo en sus rostros; las que más me llaman la atención son las que tienen los ojos pardos, grandes; labios carnosos, pero delicados; sonrisa amable, pero servicial; pelo largo, pero espeso y amo cuando no se peinan.

Quería matarme de la risa con esas explicaciones, estaba claro que Sebastián no era como los demás, pero oírlo hablar así me provocaba risa; estaba acostumbrada a oír las mismas patrañas de los hombres.

-También –continuó –amo que no les preocupe nada, que se rían hasta de los chistes que no entienden, que amen la lluvia y el frio, que tengan metas para su futuro, que vean el mundo desde su perspectiva, que aprendan cosas nuevas sobre la vida día a día; que se miren seguras, pero que oculten un mar de emociones. No estoy acostumbrado a lidiar con éstas, pero sería fascinante empezar a hacerlo con una mujer como la de mis sueños. Y así me gustan las mujeres.

Cuando terminó de hablar quede boquiabierta, no sabía ni qué decir o qué hacer.

-Justo como eres, en realidad –agregó en susurros.

Me paralicé. ¿Qué acababa de decir? Era algo frustrante oír algo como eso, lo cual no estaba planeado que se escuchara, y no estar segura de lo que dijo. Estaba segura de que oí eso, o al menos mis oídos lo estaban. Pretendí no haberlo escuchado, porque al fin de cuentas ese era el propósito.

-¿Y eso era todo? –preguntó. Él sabía que había algo más o sabía que esa no era toda la verdad. Era lo mismo.

-Sí–mentí.

-¿Entonces por qué estabas tan molesta cuándo entraste? –insinuó.

Me atrapó, susurré para mis adentros.

-Es algo tonto –susurré –, y creo que no vale la pena decirlo.

-Kate –articuló mi nombre con cuidado –, dime la verdad.

Resoplé, ¿cómo podía decirle que no?

-Tuve una discusión con alguien –dije. Eso sí era verdad.

-¿Con quién? –preguntó.

-La conoces –aseguré.

-¿Con Luisa? –se preocupó.

-No –negué; decidí decírselo, al fin y al cabo él me lo estaba pidiendo. No era de que le echaría toda la culpa a ella –, con Jasmine.

-¿Qué te hizo? –actuó a la defensiva.

-Nada –musité –solo hablamos.

-¿Qué te dijo entonces? –preguntó casi enojado.

-Ella…

La campana la salvó literalmente.

Salimos de la clase y fuimos a los casilleros, en donde Natalia y Luisa hablaban armoniosamente.

-¡Kate! –exclamó Natalia al verme.

-Hasta que te dignaste a aparecer –habló Luisa con sarcasmo fingido.

Yo me reí y les expliqué porque había llegado tarde.

-¿Oye y que quería esa rubia contigo? –Preguntó Natalia inocentemente – ¿Jasmine era su nombre?

Le hice señales a Luisa para que la callara y ella la codeó disimuladamente, pero era muy tarde.

-¡Ah sí! –Exclamó Sebastián –ya no me terminaste de contar.

-Luego te digo, ¿sí? –me faltaba poco para rogárselo. El accedió y le dije que se fuera con Natalia a la clase de Español. A Luisa y a mí nos tocaba Química.

La clase pasó demasiado rápido y quería llegar al almuerzo porque me estaba muriendo del hambre. Nos sentamos justo como lo habíamos hecho el día anterior. Sebastián cruzó el umbral de la puerta de la cafetería con elegancia y con cierto porte al caminar. Llegó a nuestra mesa y se sentó a mi lado. Le compartí la mitad de mi sándwich.

-¿Y hoy no irás temprano a Educación Física? –preguntó Luisa con cierto desdén.

-No –respondió él –, calculé el tiempo y resulta que puedo comer bien e irme sin problemas.

Hablamos los cuatro armoniosamente, hasta que una sombra alta irrumpió nuestras risas. Era Jasmine, para variar.

-Hola Sebastián –le habló a él y nos ignoró a nosotras.

-Hola –respondió el con pesadez.

-Hoy no te vi en la clase de Español –habló con una voz tan falsa, que podía sentir las ganas de pegarle en la cara.

-Es que me senté hasta atrás –se excusó él.

Cuando Jasmine vio que le estaba resultando mal su plan se fue sin decir palabra alguna y a mí, solamente me dedico una fría mirada.

-Me está hostigando todo el tiempo –exclamó él tan solo ella se fue.

Me sorprendió lo que dijo, creía que yo era la hostigadora.

-Creo que le gustas –habló Natalia y volvió a tomarse su jugo de cartón.

-¡Ja! –exclamó –. Creer se queda corto, Nata.

Luisa se rió a carcajadas y yo solamente me dediqué a pensar. ¿Entonces él ya estaba al tanto de ese hecho? Bueno, al menos sabía que Sebastián no era un tonto.

-Bueno –dijo mirando su reloj imaginario en su muñeca y parándose de su sitio–, ya me voy. Nos vemos luego –se dirigió a Natalia y a Luisa –; y a ti, te veo en Historia.

Se agachó hacia mi mejilla y la besó delicadamente. Me frustré porque lo único que pude hacer fue sonreírle. Él se fue caminando y yo me quedé con una gran mueca en el rostro.

-¡Oh por Dios! –exclamaron Luisa y Natalia al uniso.

-¿Qué? –pregunté.

Ambas me lanzaron una mirada, como si estuviera dejando pasar lo obvio.

-¿Qué? –volví a preguntar.

-¡Te gusta! –exclamó Natalia.

-¡Y tú a él! –completó Luisa.

-¿Qué? –Exclamé como tonta –Claro que no, a él no le gustan las chicas como yo.

-¿Entonces eso significa que a ti sí te gusta? –preguntó Natalia emocionada.

-No –mentí tratando de poder disimular mi rostro –, me parece agradable. Solamente.

“Me parece agradable. Solamente”. Eso era a lo que yo llamaba: una verdad disfrazada. Me sonreí a mi misma, internamente.



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Helloooouu!

Como andan? Yo ? Pfff ya ni se /: Esta semana tuve tantas cosas qué pensar y para colmo tuve como sopotosientos examenes. Lo que más me preocupa es que esta semana va a ser peor y la de el día de San Valentin va a ser mucho peor [saquen sus conclusiones]

No me preocuparía pasar este 14 de febrero soltera, hasta donde sé llevo casi toda mi vida estando sola [excepto ese novio que tuve en 5to primaria ^^ ] y ahora que ya me conforme a estar así, viene alguien y lo cambia! Es algo frustrante porque es incomodo cuando una persona te demuestra amor y lastimosamente no puedes corresponderle y luego se caga la amistad /:

-Pero solo Dios sabe qué pasará.

Bueno, les dejo el capitulo. Espero que lo disfruten, ahora publicare todos los fines de semana (: y si puedo más seguido !!

Ya tengo 60 seguidores ♥ muchisimas gracias !!!

Por lo consiguiente, gracias por leer mis capitulos, comentar y seguir aqui fieles conmigo :') se hace lo que se puede!!(:

PD: Nahara, el chamo se llama Drew Roy!! Está bastante guapo, cierto? *w*

Me despido porque tengo que estudiar Biologia /: Deseenme suerte, enserio la necesitare esta semana!!


Maríajose García S.

-Oh, her hair her hair, falls perfectly without her trying ♥

sábado, 22 de enero de 2011

Stuart y Amenazas. Cap. 9

-Estoy en el colegio, papá –dije mientras le daba la espalda a Sebastián para que no oyera nada –, ¿por qué? ¿Necesitabas algo?

-Será rápido –habló –, ¿qué harás este fin de semana?

Su pregunta me distrajo por completo; en realidad, no me hubiera puesto a pensar que a mi padre le importara lo que haga en fin de semana.

-Papa –dije tratando de sonar tierna. A él le encantaba cuando hacía eso –, es martes; todavía no tengo nada planeado. ¿Por qué preguntas?

-No planees nada –exclamó justo después de que yo terminara de hablar –.

-¿Qué tienes en mente? –enarque una ceja para mí misma, sabía que él ya había planeado más de algo. Mi estomago se revolvió; no había visto a Stuart en más de dos meses, solamente había hablado con el por teléfono tal como cuándo me llamo el día anterior. Justo a ésta misma hora.

- Pues –sonaba un poco nervioso ante la reacción que pudiera proporcionar –, no sé si tu madre te ha contado, pero he comprado una casa afuera de la ciudad.

-No –dije extrañada –, ella no me ha contado nada.

-Bueno –dijo –, no esperaba que te dijera algo todavía, puesto que la llamé ayer en la tarde para decírselo.

¿Habría sido por esa llamada inesperada de mi padre la razón principal del llanto de mi madre por la tarde? Sabía lo que se sentía ver a los demás progresar y luego verte a ti mismo y darte cuenta de que sigues en el mismo lugar en donde empezaste, así que supuse que eso le estaba pasando a mi madre: oír que mi padre ya había dado el primer gran paso en su vida luego del divorcio, pues, le ha de haber afectado.

-¿Y qué tengo que ver yo con tu nueva casa? –pregunte tratando de modular mi voz.

A la hora del divorcio, mi madre se encargo de decirme todo tipo de cosas para que yo no tuviera ningún rencor en contra de mi padre, pero sentir la tristeza de mi madre por alguien que, obviamente, ya había seguido su camino no era muy fácil de comprender.

-Quiero que vengas, solo tú –hizo un pequeño énfasis en el “solo tú”. –Quiero que la conozcas primero que nadie.

-¿Éste fin de semana? –pregunté solo para dejar las cosas en claro.

-Sí –afirmó él –claro, si no tienes nada más qué hacer.

La verdad era que me moría de ganas por ver a mi papá lo extrañaba demasiado. Por un segundo, pensé que sería buena idea preguntarle a mi madre antes de acceder, pero luego me dije a mí misma que el sujeto con quien estaba hablando era mi padre así que hablé:

-Me encantaría, papá –un poco de júbilo escapó por mi boca.

-Ésta bien –habló él; por su tono de voz, supe que estaba sonriendo –. Te llamo más tarde para más detalles, porque si sigo hablando entrarás tarde a clases.

¡Mis clases! Giré mi cabeza un poco para ver con el rabillo del ojo en donde Sebastián se había quedado; la verdad era que no me sorprendería ver que se había ido. Pero ahí seguía, apoyado sobre la parte delantera de mi coche, apoyado en una pierna y con una mano detrás de su nuca. Su suéter delgado hacía posible ver sus brazos, aparentemente bien formados. Sin darme cuenta, lo estaba observando fijamente con la boca abierta, hasta que alguien en el teléfono gritó mi nombre.

-Si nos vemos papá –dije distraía tratando de no empezar a hiperventilar –, adiós. Te amo.

Colgué y halé a Sebastián del brazo en señal de que se nos había hecho tarde. Por una parte, fue solo un capricho mío.

-Espera –dijo, literalmente, parando mi tren –. ¿Qué clase te toca?

-Biología –crucé los dedos para que a él también le tocará esa clase, pero al ver como su rostro se des iluminaba supe que no sería así.

-Dime cuál -musité frustrada; él lo notó por supuesto.

-Física –torció su boca en una mueca.

No me preguntó por el lugar en dónde se encontraba el salón así que supuse que ya lo sabía. Él se fue casi que corriendo mientras yo me quedé ahí parada por ninguna razón. Vi como Sebastián se alejaba y empecé a correr a mi casillero.

Ni Luisa ni Natalia estaban en ahí así que imaginé que ya se habían ido, me apresuré a sacar mis cosas de Biología y salí corriendo para el salón.

Al entrar, me topé con alguien accidentalmente.

-¡Ay, perdón! –exclamé.

Levanté la vista para ver a quién había lastimado con mi torpeza y poco a poco vi como una gran espesa melena rubia se alzaba sobre mí. Casi expreso una mueca sin querer al ver el rostro de Jasmine frente a mí, con su actitud fastidiosa y esa expresión en su rostro que quieres quitarla de un golpe.

-¡Ay, hola! –exclamó ella.

Por un momento pensé que me mandaría al infierno por haberla hecho tropezar, pero no fue así.

-Lo siento –se disculpó ella.

-Fue mi culpa –admití. Solamente esas tres palabras salieron de mi boca; no me iba a permitir hablarle solo por una buena acción que ella hizo.

-Tú eres –vi que trato de recordar mi nombre, o al menos se esforzó por hacer.

-Kate –terminé yo.

-Cierto –afirmó ella –. Es apenas mi segundo día, discúlpame si no lo recordaba.

Ya está bueno, ésta muchachita no fue tan amable conmigo ayer. Mi mente disparaba pensamientos sobre Jasmine, pero luego pensé que la había juzgado mal.

-¿Te puedo pedir un favor? –pidió ella con ojos de cachorrito.

¿Qué intenta hacer?, pensé en mi cabeza.

-Claro –dije tratando de disimular mi tono de voz.

-¿Te puedes sentar a la par mía? –preguntó nerviosa.

Abrí los ojos como platos al oír lo que me estaba preguntando. Asentí con la cabeza puesto que estaba totalmente aturdida debido a ésta rara actitud.

Entramos a la clase y le hice señas a Luisa para que supiera que no me sentaría con ellas. Ella hizo un gesto de extrañez debido a mi decisión, pero tenía que llegar al fondo de todo esto.

-¿Necesitabas algo? –dije al sentarme, vi que no había llegado la maestra así que si era posible, entablaría la conversación para dejar a relucir mis dudas.

-Pues si –admitió ella con una sonrisa –. ¿Qué tanto conoces a Sebastián?

Su pregunta me dejó en shock. Así que por ahí iba el camino, ¿eh? Bueno, si era por Sebastián no tendría por qué importarme; él era libre de hacer su vida y no tenía por qué intervenir, y si yo era una herramienta para que Jasmine fuera parte de su vida, pues no lo evitaría.

-¿Por qué preguntas? –era inevitable por mi parte contestar con otra pregunta; fuera lo que fuera mío, primero necesitaba saber sus intenciones. No era algo seguro que me las dijera al primer intento, pero de errores de aprende.

-Te seré sincera –dijo. Y al primer intento lo logré –, realmente me gusta mucho Sebastián.

Enarqué una ceja y pensé seriamente en responderle con un “Igual que a mí”, pero sabía que ella me quemaría viva. Le hice un gesto para que continuara.

-Y realmente quisiera pedirte un favor con respecto a él –sonrió tan tiernamente que casi me resultaba difícil negarle la petición.

-¿Y qué es? –dije mientras me quitaba el cabello de la frente.

-Quiero que te alejes de él –su tierna sonrisa de pronto se tornó en una amarga mueca. Sus palabras fueron frías y duras como el hielo. Me costó un poco de tiempo pensar lo que me había pedido, todavía consideré la posibilidad de que fuera una broma, pero su rostro no lo denotaba.

-¿Qué? –las únicas patéticas palabras que brotaron de mi boca.

-¿Estas sorda o qué? –preguntó realmente pesada. Está bien, ahora ya estaba claro de que no era ninguna broma –. Aléjate de él.

No lo estaba pidiendo, lo estaba ordenando. Su actitud me empezaba a fastidiar.

-¿Y por qué tendría que hacerlo? –pregunté tratando de irritarla más.

Torció los ojos con actitud prepotente, dudo antes de hablar, pero aún así lo hizo:

-Porque él mismo me lo dijo –soltó, no sonaba segura de sus palabras, pero aún así dolieron como navajas.

-Entonces que él mismo me lo diga –subí un poco el tono de mi voz debido a la histeria.

Movió su espesa cabellera y me miró fijamente a los ojos.

-Mira, la verdad no me importa si lo crees o no –habló con prepotencia –, pero quiero que te alejes de él. Eres como algo tóxico que se expande por todo su cuerpo, no creas que no me haya dado cuenta.

¿En realidad era algo tóxico para Sebastián?

-Y también veo que lo hostigas todo el tiempo –continuó ella, disfrutando ver la expresión en mi rostro. Y era la verdad: me había vencido con sus palabras –, déjalo en paz. Te aseguro, querida, que le harías un favor a todos.

Enarqué una ceja. ¿Por qué diablos me estaba afectando las palabras de una pobre patética sin vida? Inhalé profundamente antes de responder:

-Créeme “querida” –hice énfasis en las comillas –, lo haré si él mismo me lo pide.

Ella estaba a punto de debatir mi respuesta, pero entró la maestra de Biología y fue como si Dios la hubiera mandado y hubiera evitado una gran vergüenza.

Me mantuve todo el maldito periodo debatiendo mi sub consiente sobre qué tan reales eran las palabras de Jasmine, si era cierto que estaba hostigando a Sebastián o si en realidad no quería nada conmigo. Encontré todas las razones para que eso fuera verdad y todas las razones para que eso fuera mentira e hipotéticamente, mis cálculos me decían que podría ser verdad.

Me estrujé los sesos para entender lo que hablábamos, pero no pude. Sentía la viva esencia de Jasmine regocijándose por dentro, matándose a carcajadas. Tal y como lo hacía en mi pesadilla.

Toco la campana y salí disparada para el salón del periodo libre. No me quería encontrar a nadie, tenía muchas cosas que pensar aparte del tremendísimo dolor de cabeza que se me había formado por culpa de Jasmine.

¿Ahora qué haría? No podría ver a la cara a Sebastián sin evitar preguntarle, o sin evitar deshacerme en ellos lo cual ya estaba bastante mal. Tenía que ser fuerte y evitar ver a Sebastián, evitar hablarle; en pocas palabras, me tendría que alejar de él.

Entré al salón y lo vi, sentado, esperando. Vi que tenía un asiento apartado, supuse que para mí y en ese momento se me estrujo tanto el corazón que me quería poner a llorar. ¿Cómo era que él me quería lejos? Respiré hondo y preparé una que otra palabra para… ¿alejarme de él?



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Bueno, ese fue el cap. Me prometi publicar el viernes, pero me agarro por Skypear con una amiga asi que no pude.

Note esta semana que eramos 60 seguidores y hoy de la nada somos 59 D: PELA ! XD

Bueno, mi semana estuvo TAN atareada, cansada, somnolienta y sobretodo cansada.. pero ya ven, sigo aqui escribiendo para ustedes y porqe amo lo que hago :)

Les dejare mi Twitter, ahi estare informando de cuando subire el cap nuevo y como va :)

@Majoo_Garciaa

Deseenme suerte esta semana, ya no se que hacer con un amigo que.. bueno, mejor ni les cuento ._.

Nos leemos luego chicas ;) Gracias por el apoyo, gracias a todas las que me siguen leyendo y gracais a las que comentan mis entradas. Se les agradece a todas su apoyo incondicional apesar de la falta que tiempo. :') me haran llorar :3 HAHA no se crean :))

-Saludos..

- Mariajose Garcia S.

viernes, 14 de enero de 2011

Sorpresa. Cap. 8


Era cierto. Solamente era una pesadilla…

-¡Kate, Kate! –empezó a gritar mi madre.

-Te escucho –susurré para que se callara. Realmente, tenía un fuerte dolor de cabeza.

-¿Qué tenías? –preguntó ella consternada.

Claro, no podía decirle que tuve una pesadilla que involucraba mi mayor miedo con respecto al divorcio de ella y mi padre. Tampoco podía decirle que el chico que me gustaba, luego de darme uno de los mejores besos de la historia, me había traicionado para irse con Jasmine. Simplemente no podía hacerlo.

-Tuve una pesadilla –dije. Han oído la frase que dice “omisión es traición”, pues en ese momento la ignoré y me permití saltarme unos cuantos detalles.

-Cielo –repuso ella con dulzura –, estabas gritando –. Limpió mi frente del sudor con un trapo que usaba para cocinar y luego me beso en ésta –. Vístete, que llegarás tarde al colegio.

Antes de salir de mi habitación dijo:

-Casi alterabas a tu tía Lucy y a Julia –cerró la puerta detrás de ella.

¡Julia! Grité en mi mente. Julia era mi prima, con ella compartía todo y ya hacía ratos que no la miraba o hablaba con ella. Salté de mi cama, un poco mareada, y me dirigí a toda velocidad a las escaleras donde oí las palabras de mi madre que provenían de la cocina que decía:

-Ella está bien –sonó un poco preocupada –, solo era una pesadilla.

-Tranquila –habló tía Lucy.

-Tengo miedo, Lucy –confesó mi mamá –. ¿Así sonaba yo ayer en la tarde?

Después de eso, me confirmaron que ella sí había llorado en la tarde justo antes de que yo llegara. ¿Hasta cuándo iba a seguir ésta actitud infantil? Baje con menos ánimo hacía la cocina hasta que vi a Julia tomando una taza de café. En ese momento la soltó y se dirigió hacia mí. Salte hacía sus brazos y la abracé tan duro como nunca abrazaría a nadie.

-Te hiciste más fuerte –bromeó Julia.

-Claro –repuse mientras me retiraba de ella y examinaba su rostro.

Se miraba más llena de júbilo que antes, aparentemente le había caído muy bien irse de viaje todo el año pasado. En ese momento mi teléfono timbró y estaba en la mesa de la cocina, me pregunté cómo llegó ahí, pero las respuestas las podría obtener luego de tener una menuda charla con mi prima.

Mi madre me leyó la mente y ella se molestó en contestar.

-¿Diga? –contestó ella.

Las demás nos quedamos en silencio por cortesía. Supuse que era Luisa llamando, que ella ya estaba en el colegio y que quería saber qué paso con Sebastián el día anterior.

-No –dijo mi madre muy seria como para que Luisa estuviera llamando –, soy su madre.

Fruncí el ceño. Luego mi madre me paso el teléfono diciendo calladito, pero no lo suficiente para que Julia lo oyera:

-Preguntan por ti –levantó su ceja derecha –. Se llama Sebastián.

La sangre huyó de mi rostro una vez más. Torcí los ojos al ver que Julia sonreía pícaramente. Extendí mi mano y hablé:

-¿Aló? –dije dudosamente.

-Hola –dijo Sebastián al otro lado de la línea.

-Hola Sebastián –dije mientras subía las escaleras a mi habitación. De pronto, mi madre me chitó y me hizo señas para que no subiera. Aparentemente quería saber qué decía yo.

-¿Cómo estás? –preguntó la dulce voz de Sebastián, pero me dolió un poco porque me recordó exactamente como era en el sueño – ¿Cómo amaneciste?

Já. Sí él en realidad supiera…

-Bien –mentí mientras me sentaba en el sofá del vestíbulo –. Oye ¿cómo conseguiste mi número?

-Tengo mis contactos –quiso parecer sofisticado, pero no le duró por mucho.

-¿Luisa? –arqueé una ceja.

Se rió antes de contestar.

-Sí –dijo aún entre risas –. Oye, te llamaba porque quería que me hicieras un favor –sonaba apenado.

-¿Qué paso? –pregunté con naturalidad.

-Pues –oí su respiración: profunda, pero acelerada –, me preguntaba si me podías llevar a la escuela hoy.

Mi yo interior se debatió por decir no. Realmente, lo que menos necesitaba ahora era la presencia y el aroma de Sebastián cerca de mí. No quería despertar deseos en mí y mucho menos derretirme en sus ojos o, en algún disparate, ver como boba sus labios ya que me recordarían a mi sueño.

Por otro lado, era realmente inhumano dejar de ofrecerle transporte por un capricho mío. Así que, como siempre, mi lado bueno actuó por sí solo.

-Claro claro –dije mientras escupía las palabras con fuerza –. No hay problema.

-Solamente sería por hoy –dijo –, es que mañana me entregan mi auto.

No sabía qué pensar, tal vez era algo relacionado con el karma de haber siquiera pensado en decirle que no, pero no me pondría a debatir eso.

-No hay problema –repetí –. ¿Te veo al rato? Tengo que vestirme, sigo en pijama.

El rió del otro lado del teléfono y acepto. Colgué y apreté mi teléfono fuertemente en mi puño furiosa conmigo misma. Mi tía Lucy, Julia y mi madre llegaron a verme, supuse que habían escuchado todo y no hacía falta decirles que ya había colgado.

-¿Quién era? –preguntó Julia.

-¿Qué no oíste, Julia? –se mofó tía Lucy –Era Sebastián.

Fulminé a mi tía con los ojos, para luego dirigirme a las escaleras sin decir palabra alguna.

-¿Qué quería ese muchacho, Kate? –Preguntó mi madre con ese tono de voz con el cuál no puedes ignorarla – ¿Lo conozco?

Me detuve a mitad de las escaleras y me di la vuelta.

-En realidad no –dije mirando a mi madre, aunque el otro par también estaban oyendo –. Es nuevo en la escuela y vive al fondo.

-Espera un momento –interrumpió tía Lucy –, ¿no era el él muchacho con quien estabas ayer dentro de tu auto?

Creo que ella no formulo bien la pregunta. Cualquier desconocido podría haber pensado barbaridades con tan solo oír eso.

-¿Qué? –exclamó mi madre con cara atónita.

-Solo le hice un favor –aclaré ya algo molesta de tener que estar explicando –, le entregan su auto mañana y me preguntó si lo podía ir a dejar a su casa, no me iba a negar.

-Tienes razón –accedió mi madre –y supongo que te pidió lo mismo para hoy.

-Supones bien –dije fríamente.

-Está bien –dijo orgullosamente como si no le hubieran dolido mis palabras –. Antes que te vayas quiero conocerlo. Mi última palabra.

¡¿Qué!? Mi cara no podía estar más confundida. Sabía exactamente lo que iba a pasar, lo sabía. En más de alguna acción mi madre lo iba a espantar y ya nunca me volvería a hablar. Subí rápido hacía mi habitación a ponerme lo primero que vi, así podía pensar en una excusa para que mi madre no espantar a Sebastián. No quería desayunar, pero sentía un gran hueco en mi estomago así que solo me tomé un vaso de leche y mientras lo hacía, tocaron el timbre.

Me tragué la leche que tenía en la boca y fui corriendo hacia la puerta, pero mi madre ya estaba ahí. Abrió la puerta lentamente, sabía que lo hacía por hacerme sufrir, así que solo la fulminé con la mirada.

-¡Buenos días! –exclamó Sebastián al aparecer en el umbral de mi puerta. Está bien, esos si eran buenos días.

-¿Y quién es este joven? –preguntó mi madre mientras me paraba a su lado con la mochila en la mano para salir rápido.

-Mamá, él es Sebastián –dije fastidiada –; Sebastián, ella es mi madre.

Sebastián, supuse que por cortesía, esbozó una sonrisa amable y le estrechó la mano en gesto amigable.

-¿Eres nuevo por el vecindario? –preguntó mi madre obstinada a entablar una conversación.

-Sí –contestó él –vivo hasta el fondo de la cuadra.

-¿Así que ustedes compraron esa casa? –ya se le habían resuelto una pregunta sin respuestas de tantas que tenía.

Sebastián asintió levemente y aproveché para irme.

-Me voy –grité hacía la cocina y le di un beso en la mejilla a mi madre. Ella nos despidió con la mano, pero sabía que se quedaría viendo por la ventana.

-Tu mamá es muy agradable –dijo Sebastián metiéndose las manos en los bolsillos de su suéter.

-Eso dicen los que no viven con ella –dije en plan de broma y entré al carro mientras Sebastián hacía lo mismo.

El camino fue tranquilo, hablamos de nuestra familia, de los momentos incómodos y soltamos uno que otro chiste. Era uno de los mejores momentos que compartía con Sebastián y no deseaba pasarlo con nadie más. Me estacioné y salimos del carro al mismo tiempo, para luego encontrarnos en frente de mi auto.

-Espera –dijo mientras su rostro se tornaba serio.

Me asusté. ¿Qué había pasado? ¿Por qué se había puesto serio? De pronto, vi como sus ojos se fijaban en mis labios y mi corazón corrió mucho más rápido de lo debido. Su dedo pulgar se posó en mi labio inferior, pasando por todo su curso. Una serie de escalofríos me recorrieron la espalda bruscamente y por un momento sentí que vomitaría, pero luego me tranquilicé.

Me mostró su pulgar y vi un residuo blanco mientras enarcaba una ceja.

-Tenías un poco de leche –explicó.

Me reí de mi misma y el rió juntamente conmigo. Me sentía tan viva al oír su risa mezclada con la mía. Luego sonrió tiernamente, justo como lo había hecho en mi sueño y me corazón se volcó de nuevo.

Y su rostro se fue acercando al mío. Realmente a este punto, no quería saber si era un sueño o una realidad o qué pasaría, así que solamente cerré mis ojos mientras sentía como su cuerpo se inclinaba hacia mí.

De pronto, sentí una vibración en mi bolsillo trasero. Era mi celular. ¿Cómo había llegado ahí? Sebastián se retiró de pronto y yo solamente miré mis pies, puesto que me sería difícil verlo a los ojos luego de semejante vergüenza.

Stuart llamando.

Susurraba mi teléfono. Me extraño ver que mi padre me llamaba, pero aún así conteste.

-¿Aló? –hablé.

-¿Kate? –preguntó mi padre del otro lado del teléfono.

Quién más va a ser papá, dije para mí misma.

-¡Papá! –exclamé fingiendo un poco de sorpresa.

-¿En dónde estás, Kate? –preguntó algo curioso –. Oigo mucho ruido.

-Estoy en el colegio, papá –dije mientras le daba la espalda a Sebastián para que no oyera nada –, ¿por qué? ¿Necesitabas algo?

-Será rápido –habló –, ¿qué harás este fin de semana?



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Bueeh.. chicas, enserio no saben CUANTO siento no haber publicado antes /:

El colegio me está matando día a día! He considerado estudiar por madurez ya cuando tenga 18 XD Jeee. Pero de lo contrario todo me va bastante bien, empece el año con el pie derecho, con alguna que otra cosa rara, pero lo pase excelente. Ahora lo que me pesa es levantarme temprano !

BRACKETS.

Nta no se crean XD todavía no los tengo, pero ya me están haciendo todos los tratamientos así que el 2011 lo termino con alambres /:

Saludos a todas y escribo esto cortito porque mañana tengo que ir a la dentista temprano $:

-Saludos a todas & perdon por el cap tan corto, pero quería publicar rápido & bueh.. la historia ya está sacando su.. punto original? Je. no se, ustedes que piensan??


Las quiero!!


I like to make myself believe.. the planet earth turns slowly... ;3

Majoo!