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sábado, 30 de julio de 2011

Frustración y Orgullo. Cap. 13

Imaginando la voz de Sebastián susurrando ésa última frase, caí en un profundo sueño esperando para que mis esperanzas se volvieran realidad….

En la mañana desperté solamente porque la luz del sol entró por mi ventana. Me quedé un buen rato viendo el techo de mi habitación pensando en… nada. Se me hace difícil que una mujer piense en “nada”, pero no sólo los hombres pueden hacer eso. De pronto, mi teléfono vibró en la mesa de noche y admito que me dio pereza acercarme si quiera a él, pero me estiré un poco y lo agarré.

Era un texto de Luisa que decía: “¿Te podrías dignar a aparecer? Desde ayer que no te veo. ¿Qué tienes? ¿Estás enferma? Tengo tiempo libre, ¿puedo llegar a tu casa?” Y más o menos así se leía un texto desesperado de Luisa. No me culpen, ella era una persona magnifica y realmente significaba demasiado en mi vida, y ya me había acostumbrado a descifrar sus emociones vía textos o teclas.

Lo cierto es que tenía muchísimas en las cosas en la cabeza, pero tenía una clase de preocupación que sólo ella podía entender así que tecleé lo más rápido que pude: “Aparécete por acá lo más rápido que puedas. Gracias”.

Mientras ella llegaba decidí ordenar mis ideas para no sonar como una estúpida enfrente de ella. ¿Así que qué era lo que me preocupaba? La respuesta golpeó mi cabeza y la sentí tan fuerte que hubiera jurado que Rocky Balboa fue el responsable: “Sebastián”. Sinceramente desde que había aparecido él, todo se me había complicado un poco más. ¡Qué digo un poco! Demasiado para ser sincera. Verlo de nuevo a él, que esos sentimientos que tenía adentro, muy adentro de mi ser surgieran a la superficie con su llegada, esas insinuaciones de no querer ser sólo mi amigo, todo eso mezclado me estaba creando una laguna mental.

Ahora, al agregarle a todo eso un poco de miedo tendrían la receta perfecta para hacer que Kate tenga unos días muy pensativos, pero ¿miedo a qué? ¿Miedo a que pasara algo entre nosotros? ¿Miedo a que algo malo pase? ¿Miedo a llegar a quererlo bastante? ¿Miedo a que después de todo, él se vaya sin más? Lo cierto era que no había tenido muchas experiencias con el género masculino, si mucho unos dos novios en la primaria, cuando uno no tenía sentimientos y era solamente un juego de niños, pero nada serio hasta ahora. Sebastián era el primero en demostrarme su cariño de esa manera tan delicada y si lo que quería era conquistarme, pues dudaba de si lo estaba logrando o no.

El punto era que no quería apresurarme, no quería sacar conclusiones ni nada, pero en realidad las necesitaba. Necesitaba saber qué era todo lo que Sebastián iba a ganar con esto o qué se yo. En toda película o incluso en la vida real, existe el típico sujeto que se dedica a jugar con los sentimientos de las de mi tipo: ingenuas, tiernas, dulces, con tanto amor para dar y así. Y realmente no conocía a Sebastián muy bien, así que ¿qué me podía asegurar que él no era igual que el resto?

He tenido varias amigas, incluso Luisa, quienes me han jurado que todos son iguales. Me dolía decirlo, pero hasta mi padre iba incluido en la frase de “todos son iguales”. Iba incluido porque, a pesar de ser un buen esposo, un buen padre y un buen hombre que no aportaba daño alguno a la sociedad, aún sabiendo lo que era correcto y lo que no, no peleó por lo que quería: mi madre. Y sí, hay algo a su favor, mi madre es alguien que no dejaría que nadie peleara por ella, es tosca, salvaje. Y precisamente porque mi padre sabía eso, no peleó por ella. Supongo que todos poseemos ese mal llamado “orgullo”, y supongo que mis padres no fueron la excepción: mi madre al no dejar que mi padre peleara por ella, hizo que él se rindiera, algo malo por supuesto. Pero algo que mi madre nunca había confesado, pero yo pude notar en sus ojos era que a ella le hubiera encantado que mi padre peleara por ella.

Ambos eran un par de inmaduros, orgullosos y patéticos, y era eso lo que me quería evitar. No estaba segura de si Sebastián sería capaz de pelear por mí, y si lo era ¿seguiría peleando por mí hasta el final? Tenía un rotundo miedo a terminar igual que mis padres, frustrados al no estar con la persona que realmente aman y sufriendo por culpa del orgullo, ya que es eso mismo quien no se los dejaba aclarar todo.

Sentada en mi cama, abrazando mis piernas y retorciendo mis cabellos. Así me encontró Luisa cuando subió las escaleras, dijo que mi madre había salido con Julia y que Lucía, mi tía, estaba abajo preparando el desayuno. Permanecí ausente hasta que a Luisa se le ocurrió preguntar:

-¿Qué tienes? –musitó.

Y fue allí en donde la bomba explotó. Le dije todo lo que había pasado por mi cabeza y al hacerlo, las malditas lágrimas no pudieron contenerse sobre mis ojos. Ella se dedicó a abrazarme y a tratar de arreglar un poco mi cabello que se encontraba en su peor forma cuando alguien cruzó el umbral de la puerta de mi cuarto…

Mi tía Lucía se encontraba con la espátula en una mano y con restos de harina en la otra, tenía una expresión en su rostro preocupada, temerosa. Yo ni la había sentido llegar sino que fue Luisa, quien apartándome se dio la vuelta para poder ver la puerta.

-Luisa –la llamó por su nombre –, ya hay unos panqués preparados en la cocina, ¿puedes bajar?

Eso era, en pocas palabras: “¿Te puedes ir? Necesito hablar con mi sobrina.” Luisa avergonzada bajó sin decir alguna palabra. Cuando ella se fue, me quedé con la cabeza gacha puesto que desde chiquita me avergonzaba cuando alguien me miraba lloraba. Ella me abrazo en silencio. Y eso era lo que necesitaba: silencio. Me aferré a ella como si estuviera al borde de un acantilado y ella fuera la única ayuda que me podrían aportar. Me aferré tanto a ella esperando que esa maldita frustración se fuera.

Cuando ya no tenía más lágrimas qué sacar, fue cuando se le ocurrió hablar.

-¿Serías tan amable de explicarme que te pasa? –preguntó con cierto tono sarcástico.

-Es algo tonto –susurré mientras limpiaba el recorrido de una lágrima en mi mejilla con la manga de mi suéter.

-Katherine –dijo mi nombre completo y confieso que me asusté un poco –, si fuera algo tonto creo que no estarías llorando.

Jaque.

-Tienes razón –dije, vencida –. Es que, bueno… hay un chico…

-¡Ay no! –Me interrumpió –No me digas que esto es por un chico, ¿cómo se llama? ¿En donde vive? ¿Qué te hizo?

-No me ha hecho nada, Lucy –la tranquilicé –. Aún.

-¿A qué te refieres? –enarcó una ceja.

Le expliqué todo, a excepción de lo sucedido en el Spring Break. Le dije de mis temores, de mis dudas, e incluso de pensar que todo era solamente mi imaginación, a lo cual ella te respondió.

-¿Cómo puedes pensar que es tú imaginación si te beso, Kate? –preguntó atónita.

Yo solo agaché la cabeza. Lo que sí sabía, era que estaba haciendo de todo esto una gran preocupación cuando no debería ser así.

-Mira –me dijo –, sinceramente no tiene por qué afectarte nada de lo sucedido con tus padres. Estás en la etapa en donde tienes que experimentar todo o tu juventud se irá. No te estoy diciendo que te acuestes con todos los chicos que te pretenden –me exalté, puesto que no lo había pensado de esa forma –sino que no deberías de tener miedo si es que te llegan a lastimar. Sí, es un sentimiento horrible, pero es algo que tanto tu madre como yo hemos vívido, y es algo que en algún momento sentirás. Es parte de la vida.

Supongo que mi cara expresó perfectamente lo que sentía: ¿confusión?

-Tampoco te estoy diciendo que sufras a propósito, sino que no tienes que temer por sufrir. Si él te hace daño, es un desgraciado que no sabría valorar lo que tuvo y que se vaya por otro lado. Pero tampoco tendrías que tomarlo por las malas… ¡Ni que te fueras a casar con él! Sólo te digo que si él muestra ahora sus buenas intenciones y si tu realmente sientes algo por él… vive el momento, que es, sinceramente, lo mejor que puedes hacer. Si algo pasa después, pues es asunto del futuro, no del presente.

Bueno en pocas palabras su consejo fue que me dejara llevar por el momento, que lo viviera y que no me preocupara por nada. Que si en todo caso algo malo pasaba, pues que el dolor no era permanente y que eso se superaba.

Admito que no fue tan buena idea llorar y que mi tía se exasperara y así, pero por un lado su consejo me ayudo ¿un poco? De todos modos, le rogué que no le dijera nada a mi madre puesto que no quería preocuparla con cosas de poca importancia, pero no me juzguen… ¡Soy una adolescente hormonal!

Mi tía Lucy me obligó a salir de la cama, no tenía muchas ganas y aparte la cita con Sebastián era hasta en la tarde. Metió la excusa de que no quería que mi madre me viera con los ojos hinchados y con fachas de enferma. Le insinué que estaba enferma del estomago y me ignoró. Me obligó a bañarme y ella personalmente me secó el pelo. Luisa sólo se reía mientras miraba mis muecas cuando Lucy jalaba demasiado fuerte mi pelo. De pronto, mi celular vibró en mis piernas y me asusté al ver el nombre de quién estaba llamando. Mi tía exaltada apagó la secadora para que yo contestara sin ningún ruido.

-¿Diga? –me tembló una milésima la voz.

-¿Kate? –su voz susurraba mi nombre, incitándome.

-¿Si? –soné como quién no quiere la cosa.

-Soy Sebastián –aclaró.

-Ya lo sabía –las palabras se escaparon de mi boca sin poder controlarlas.

El rió suavemente, de esa risa que me hacía morderme el labio inferior.

-Solo llamaba para ver a qué hora te puedo ir a traer hoy –musitó.

-Bueno –dije mientras le hacía señas a mi tía para que me ayudara con la hora o algo así –, no le he platicado del todo a mi mamá, pero creo a las siete está perfecto.

-¿Y cuál es tu toque de queda? –preguntó con un atisbo en su voz.

-¿Mi toque de queda? –Pregunté en voz alta para que mi tía me pudiera orientar, ella me hizo señas con los dedos y me dio a entender que a las diez estaba bien –A las diez.

-Perfecto –concluyó –. Paso por ti a las siete entonces.

-Nos vemos –dije ocultando un gritito en mi interior.

La verdad era que ni yo sabía que íbamos a hacer, pero el chiste era sacarme la duda. Cuando llego mi mamá se sorprendió de verme tan… ¿peinada? y a Luisa tan temprano por la casa ya que ella no llega sino hasta después de las cinco de la tarde.

-¿Se podría saber a dónde vas? –ordenó mientras dejaba su abrigo en el perchero.

-Olvidé comentártelo –hice una expresión inocente, como si se me hubiera pasado desapercibido.

-¿Qué cosa? –me miró a los ojos.

-Sebastián me invitó a salir esta noche –dije con aire despreocupado –. Sinceramente, no sé a dónde me va a llevar, supongo que al cine o algo así.

Mi mamá se miró un poco desconcierta sobre la noticia. Por un momento creí que no le agradaba la idea.

-Se puede ver que Sebastián es un buen chico, ¿no? –insinuó, como si estuviera esperando a que yo la contradijera y le rogara que no me dejara ir.

-Lo es –afirmé –. No lo conozco toneladas, pero lo conozco lo suficiente.

Y esa era, en una parte, una frase totalmente cierta. Espere pacientemente mientras mi mama jugueteaba con las llaves en sus manos. No les quitó la mirada cuando habló.

-Te quiero a las diez aquí –concluyó mientras subía a su habitación y no me permitió darle las gracias.

Era claro que algo le molestaba, estaba dispuesta a subir las escaleras e ir a preguntarle qué tenía, si tenía algún inconveniente con mi cita con Sebastián, podía cancelarla y ya. Pero mi tía Lucy me tomó de la muñeca en el momento en que yo pisé el primer escalón y me dijo:

-Déjame esto a mí –habló mientras guiñaba un ojo –. Luisa, necesito que me hagas un favor.

-Lo que quieras, Lucy –dijo Luisa mientras se paraba del sillón en donde estaba cómodamente viendo la tele.

-Julia se va a morir del aburrimiento hoy, lo tengo por seguro –dijo mientras buscaba algo en su cartera.

-¿Qué yo qué? –preguntó Julia desde la cocina.

-¿Tienes planes para esta noche? –preguntó mi tía a Luisa.

-Pues no.

-¿Quisieras ir al cine con mi hija? –dijo, más en un tono de súplica que cualquier otra cosa.

A Luisa y a Julia les encantó la idea. No se conocían muy bien, pero podían llegar a entablar una buena conversación.

Como si nada, llegaron las siete en punto… y el timbre sonó. Mi tía fue corriendo a abrir la puerta mientras que yo, en un ataque de pánico, me metí al baño más cercano. Respiré profundo y prendí la luz. Me observé un tiempo en el espejo, lo justo para ver cada detalle que llevaba esta noche. Mi pelo caía onduladamente sobre mi espalda y hombros, mis ojos delineados se miraban más grandes y pardos, mis labios llevaban un labial de un tono rosado suave. Llevaba unos jeans negros, unas zapatillas moradas y una pollera morada.

Miré mis ojos, tenían una clase de chispa que no habían tenido jamás. Me ruborice de la sola idea de que fuera solamente por él. Sonreí para mí misma como si alguien me hubiera contado algún chiste o algo así. Luego me miré al espejo y descubrí que me miraba como una tonta… pero aún así seguí sonriendo.

Salí del baño aún con la misma tonta sonrisa y me dirigí a la puerta donde pude oír perfectamente bien cómo mi tía se presentaba hacía Sebastián. Él solamente sonreía, puesto que le tomaba mucho tiempo poder fluir una conversación con una persona. Cuando llegué ante él, sus ojos se iluminaron de un modo gracioso mientras que mis mejillas se tornaron rosadas. Llevaba un jeans negro, una camiseta verde pegada a su cuerpo y una chaqueta negra; me mordí el labio. Su pelo estaba perfectamente despeinado y tenía una que otra gota en sus cabellos. Mi tía solo nos dedicó una sonrisa y me recordó mi toque de queda. Cuando salimos, Sebastián habló.

-No te salude cómo hubiera querido –dijo y besó mi mejilla suavemente. Mis mejillas, de nuevo, tomaron color y supuse que en mi rostro denotaba la duda del por qué no lo había hecho antes, y me respondió –. Supongo que me apene porque estaba tu tía ahí.

Quise soltar un pequeño “awwww”, pero me controlé. Me tomó de la mano y sentí como una electricidad recorría mi cuerpo, ¿era posible que él la sintiera también? No me había percatado de que estaba observando nuestras manos y al hacerlo, levanté la vista para que no se diera cuenta, pero era muy tarde: Sebastián me contemplaba con una mirada ingenua y con un brillo sin igual en sus ojos. Sonrío y me condujo hasta su coche.

-¿Cuáles son tus planes para esta noche? –pregunté. La curiosidad me estaba matando.

-Ya lo verás –dijo arrancando el carro y poniendo una sonrisa malévola.

No tenía idea de a dónde nos dirigíamos, si conocía los lugares y todo, puesto que yo había vivido ahí toda mi vida, pero no tenía idea de por dónde rondaban sus planes para ésta noche. Cuando llegamos al parqueo, no podía ver más allá de muchas filas de carros aparcados así que aún seguía en la ignorancia. Él salió a toda velocidad y se dirigió a mi puerta para abrirla, me ofreció su mano y yo la acepte con gusto. En cuánto estuve afuera, extendió su otra mano y he ahí una pequeña yerbera rosada. Me la entregó y me ruboricé hasta más no poder.

-¿Cómo sabías que son mis flores favoritas? –pregunté mientras contemplaba la flor en mi mano.

-Intuición –me guiñó el ojo.

Me mordí el labio tratando de contener mi gran sonrisa. Caminamos hacia donde se veían más luces y cosas así, ahí fue donde entendí que estábamos en el muelle que está cerca de la ciudad. En esas fechas, se organizaba una especie de feria en este muelle y lamentablemente nunca había podido ir y justamente este año volví a escuchar de la famosa feria y hasta había pensado en ir con Luisa y con alguien más, pero todo se me olvido cuando él llegó.

Supuse que mis ojos se iluminaron a ver una gran rueda de la fortuna en el centro de todo, era la reina, era lo más grande por esos lugares, todo giraba a su alrededor; Sebastián, por su parte, tenía una mirada apremiante, como si había decidido lo correcto al venir aquí… y así lo fue.

Pasamos por cada puesto de juegos que había ahí. Intenté en varios, pero para ser sincera no era buena en esas cosas y lo demostré con todo el vivo esplendor. Sebastián trató en un juego en dónde había que apuntarle a un payaso con una pistola de agua, y quién hiciera que el payaso subiera más rápido, era el ganador. Igualmente falló. No dije nada, porque no quería que se avergonzara o algo así. Cuando se dio la vuelta en su mismo asiento, se dio cuenta que yo estaba más cerca de lo que él esperaba. Me tomó de la cintura y me dijo:

-Lo siento –con vergüenza en sus ojos –, no soy bueno para estos juegos.

-No importa –dije mientras lo tomaba de la mano inconscientemente y buscaba un puesto de comida –, vamos. Te invitaré a algo.

Caminamos hasta encontrarnos con lo que estaba buscando. Si bien los rumores eran ciertos, los algodones de azúcar de estas ferias eran los mejores. Pedí dos y justo cuándo iba a entregarle al vendedor el dinero, Sebastián se me adelantó y los pago él.

-¡Oye! –Lo reprendí –Se supone que te los iba a regalar.

-El mejor regalo por parte tuya esta noche –se acercó a mi oído –, es que estés aquí.

¿Y así planeaba yo tratar de pasar la noche controlando mis mejillas para que no me delataran? Caminamos entre toda la gente que había ahí y me sugirió un lugar para ir a sentarnos y acepté. Mis pies me estaban matando, las zapatillas no son adecuadas para largas caminatas.

Cuando nos sentamos me dispuse a comer mi algodón rosado de azúcar y el hizo lo mismo con su algodón azul. Comenzamos a charlar. Hablamos de lo que él hacía en su antiguo hogar, de lo que no le gustaba hacer, de lo que quisiera hacer cuando tuviera la oportunidad; básicamente, hablamos solamente de él y eso fue algo que no me incomodo para nada. Tenía esa ansía de saber muchas cosas sobre él, como si fuera una caja de pandora: era un misterio, literalmente, lo que había dentro de él. Y ese misterio era lo que lo hacía tan atractivo. Leí un libro en dónde la conclusión final era: “El misterio es parte esencial en la vida de todos” y era muy cierto. ¿Por eso dependía yo de Sebastián? No lo sabía a ciencia cierta, pero quería descubrirlo; era otro misterio para mí.

Poco a poco, fuimos avanzando en la conversación y me habló del Spring Break. Mi columna vertebral sufrió un pequeño colapso. Habló de por qué había ido al viaje, de qué pensó en el momento en que me vio y de hacer lo que hizo… bueno, eso no lo pensó tanto.

-Ya te dije –continuó él –, no era mi intención hacerte daño.

No sabía si tenía la suficiente voz como para responder así que utilice el único recurso que tenía a la mano: la mirada. Mi meta era poder ver sus pardos ojos, con esperanza de no derretirme en ellos, y así darle a entender que no tenía por qué preocuparse ya por eso. Lo pasado, pasado. Pero lamentablemente, sus ojos se derritieron en los míos y generaron un tipo de ansía por estar aún más cerca de él. Como era de esperarse, era una débil y cobarde así que no me atreví a acercarme un centímetro más a él.

Llegué a la siguiente conclusión, o Sebastián podía leer mentes o mis ojos me delataban más de lo que esperaba. Eso fue debido a que, pocos segundo después de mi pensamiento sobre mi cercanía con el susodicho, éste último se fue acercando a mí. Más y más. Tomo mi cara entre su mano derecha y vio mis labios. Como siempre, sabía que él sabía que yo quería. Confuso, lo sé, pero nos entendíamos.

-¿Puedo? –preguntó.

¿Quién en su sano juicio pregunta eso?, preguntó mi voz interior.

Solamente asentí. Sinceramente, a ese punto ya no era capaz de poder hacer nada más. Sus dulces labios se posaron en los míos y ésta vez fue distinto a las últimas dos veces. Sentí cómo nuestros labios se unían inocentemente, pero al mismo tiempo sentía una chispa voraz. Me deje llevar, lo admito. Colocó su mano en mi cintura para acercarme más a él, mientras que yo rodeaba su cuello con mis brazos, en un vago intento de que nunca se alejara de mí. Quisiera poder describir ese beso, enserio que quisiera… pero hay cosas inexplicables, justo como ésta.

Cuando se retiró de mi, sonrió dulcemente al verme y yo no pude evitar sonreírle del mismo modo. Me recosté en su hombro puesto que tenía frío. Él, amablemente, me ofreció su chaqueta y yo no la negué. Me di cuenta que su chaqueta tenía ese olor peculiar a él y me dispuse a inhalarlo. Como un rayo, imágenes se azotaron en mi mente: mi madre apoyada en el hombro de mi padre justo del modo en que yo estaba en el hombro de Sebastián; el día de su boda, ella vestida de blanco, reluciente y con una liviana pancita de unos cuatro meses de embarazo y mi padre, guapo como siempre en su traje de gala. Pero así como vinieron los buenos recuerdos, así vinieron los malos: mi madre llorando en su cuarto debido a una gran pelea con mi padre; ella otra vez llorando al encontrar algún regalo que mi padre le dio en sus momentos de novios; mi padre, con su rostro angustiado por perder a mi madre; mi padre llorando.

Todo se había destruido en un segundo. ¿Qué fue? ¡Ni yo sé! Pero habían pasado de una situación tan linda como en la que yo estaba, a no ser nada… Fue ahí cuando reaccioné: no era nada de Sebastián, solo su amiga. Si no quería ser solamente mi amigo, ¿entonces qué quería ser? Nunca lo había especificado y fue cuando mi lengua habló más rápido que mi cerebro:

-¿Sebastián? –dije retirándome de su hombro.

-Dime –dijo viéndome a los ojos.

-¿Qué somos? –hablé. Y por primera vez, tuve el valor suficiente para hablar… y no me faltaron palabras.

-¿Sabes? –Dijo tomando mi mano –Estaba esperando a que me lo preguntaras…




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Bueno, pues lo prometido es DEUDA, señoras y señores. He aquí el tan ¿sufrido? capítulo.

-Honestamente, siento que es un capitulo muy sentimental. Oseaceselesecelesecele de que le puse mucho sentimiento. Es más, les confieso que algunas partes de éste cap en realidad sucedieron en la vida real, en un pequeño lugar llamado Nothing Hill.. jajaja nta no se crean :) Pero sí, dejando a un lado los hechos que si fueron real en este capitulo, también hubieron muchísimos sentimientos al hacer esto. Ya saben, una escritora debe hacer lo posible por crear el mejor capitulo... asi va la frase, ¿no? Jjajaja tampoco se crean, esa frase la inventé yo ;)

-Espero les guste ! Ahorita tratare de actualizar todos los viernes/sabados y/o domingos. Depende de qué salga y así. También les confieso que en vez de estar estudiando para mi exámen de física fundamental que tengo el día lunes, estoy actualizando :) Ja. Ironías de la vida. Ya quisiera que mi maestro de Física leyera esto .-.

-Otra cosa, he visto que varías me han puesto cosas como: "Oye, pasate por mi blog" o cosas así. Y sinceramente, entre comentarios se me hace muy díficil así que mandemelos a este mail: majoogarcia@gmail.com y ahí leeré los blogs que quieran. Y de paso, los recomendaré en otro blog que tengo con Mari Trelles que se llama Los Blogs + Pedidos. Lo tenemos un poco descuidadito, pero es a falta de recomendaciones :| bu.

-Con respecto al concurso, dejenme cranearlo bien bien y les paso las reglas el viernes de esta semana :)

Insisto, gracias una vez más por ser tan lindas y seguir leyendo. Muchísimas gracias!

Para las que tengan tuiter, siganme: @Majoo_Garciaa aveces tuiteo cuándo publicaré y eso ;)

Bueno, yo me despido porque me necesitan en otra parte de la galaxia. Sí, me descubrieron... soy superheroína de trabajo completo :) JAJA. Nta hoy sí ya ni sé qué tengo en las venas la verdad...

OH SI OH SI OLVIDABA ALGO. ¿QUIEN YA VIO LA ULTIMA PELICULA DE HARRY POTTER? :) Quien ya la haya visto, dejenme su comentario por favor, gracias. Pero eso sí, cuidemos los spoilers por quienes no todavía. (Aunqe creo que la mayoría ya).

Bueno hoy si ya me voy.

Chaito.


Like a Skyscraper.

jueves, 28 de julio de 2011

Tres puntos.

Okay, esto aparte de una inmensa disculpa es algo como una recompensación..? ¡Ja! No sé, pero empecemos por la disculpa ¿les parece?

Estoy ínfinitamente AVERGONZADA con todas ustedes, sinceramente (como se diría en mi país) me pele al dejarlas tan abandonadas... pero les juro que el último día que publiqué fue el último día tranquilo en mi existencia durante este año. Les cuento que todo se me vino abajo en todos los sentidos: Estudios, familia, salud, ánimo, mi novio y pues, no todo tuvo un final feliz... boé para qué dar más explicasiones cuando creo que me entendieron bien. Todo eso dejando a un lado que estaba en éxamenes finales y me vengo enterando que saqué un "Debe mejorar" en Contabilidad por lo que me dejaron trabajo extra y pues, ya sabrán imaginar el severendo discurso de mi madre con algo mezclado a "nunca habías sacado una nota así". Agreguenle a eso el estres de que a mi madresita linda se le antojó enfermarse (nótese mi sarcasmo) y la operaron... añadan que a los malditos, pinches y jodidos CACOS (Cacos: Disecelesecesele de la persona que se dedica a robar cosas ajenas.) decidieron robarse mi telefono :@

Bueno, eso fue casi casi un resumen de Mayo para Julio... finales. Estoy tratando de mantenerme en pie, puesto que siento que justo ahora la Vía Lactea se puso en mi contra por ser alérgica a la lactosa entonces ya sabran :| Jaja, no se crean ;) pero sí admito que no son los días en donde tengo mis ánimos hasta el cielo !
-Gracias gracias a todas las que se preocuparon por mi :$ Por ahi lei un comentario que decia algo como "Da señales de vida" y heme aquí hondeando mi bandera de color Verde Chingalavista :)
Tengo planeado publicar hoy o mañana, para ser sincera no tengo ni el comienzo del capitulo pero tengo tanto en la cabeza (me refiero a ideas) que me urgen plasmar y mañana no voy al colegio porque a mi director se le ocurrió así de la nada decir "Suspendamos las clases" y Kaboom ! Nta no se crean, es porque mañana hay una protesta en mi país y lamentablemente esas personas se salen de control, sacan el animal salvaje que tienen adentro para poder aplicar lo aprendido en Animal Planet, sacan todo el Kame Kame Ja, ó si lo quieren ver de otro modo... ¡SACAN TODO EL FUAAAAAA! JAJAJAJAJAJAJAJA.

Bueno, he ahi mi tremenda disculpa/explicacion debido a mi ausencia. Otro punto que quiero tocar es que siempre he querido hacer un concurso en este blog y ultimamente he estado abierta a cualquier tipo de escritos que me pasen.
Postearé las reglas mañana o algo.. esperando que más de alguien se interese ya que creo que varias se enfadaron por mi ausencia, pero espero me entiendan... Solo soy una persona, mis super poderes han caducado ya hace más de un mes y el poder de leer mentes está agotado en iTunes Store así que heme aquí... una simple adolescente hormonal con tantas cosas qué contar :)

-Gracias por su comprensión, las amo y siempre lo haré ah sí, me descubrieron... estoy enamorada de ustedes -.- haha no se crean, tenía ganas de hacer un comentario sarcastico !
Cuidense e infinitas gracias de nuevo :)

PD: siento que esto fue muy formal :| insisto, estos meses han sido de gran cambio en mi LIFE xD va ahroa si ya.. cuelgo me voy adiós. !

sábado, 30 de abril de 2011

"No quiero ser tu amigo". Cap. 12

En ese momento, formamos un capullo a nuestro alrededor, queriendo que nadie nos interrumpiera… Ni ahora, ni nunca. No me quería separar de él y eso era un hecho muy factible por mi parte. Sentía que ahora en ese momento era en el cual debíamos estar juntos más que nunca.
Quería seguir besándolo, pero me faltaba el aire así que me separé de él, pero cuando lo hice Sebastián apoyo su frente sobre la mía tratando de capturar aliento. Tomó mi cara entre sus manos suavemente, pero ahí se quedó. Era como si solo tenerme cerca, o con tan solo tener contacto conmigo le bastaba. Rodeé su cuello con mis brazos en un acto notablemente inútil para que no se fuera, para que no se alejara de mí nunca. Él, aún con sus manos en mi cintura, habló quedamente:
-¿Kate? –su voz sonaba ronca.
-Calla –le dije. Sinceramente, sentía que en ese momento cualquier vana palabra arruinaría cualquier sentimiento encontrado y eso me frustraría demasiado.
-Kate –volvió a insistir.
-Calla –repetí y me acerqué más a él para darle a entender que en ese momento no quería hablar, simplemente quería estar a su lado puesto que sentía que las palabras ya no valían nada.
-Kate –quitó sus brazos de mi alrededor y apoyo su frente sobre la mía –, yo…
Pero en ese inoportuno momento algo nos interrumpió: de repente, todo se me nubló y casi caía de sentón en el suelo de no ser por los brazos ágiles de Sebastián que me sujetaron antes.
-No puedes manejar hasta tu casa en esas condiciones –habló lento mientras que trataba de acompasar mi respiración debido a la gran agitación.
Traté de volver a mi postura normal, pero me di cuenta de que estaba empezando a sudar frío. Sebastián me guió hasta mi auto rodeando mi cintura con su brazo. Me llevó hasta el asiento del copiloto cuando realmente insistí en que no tenía que llevarme él, precisamente sino que podía venir mi mamá a buscarme. Él, haciendo caso omiso a mis opiniones, cerró la puerta del copiloto y abrió la puerta de atrás para buscar la llave del auto en mi mochila la cual se encontraba atrás. Yo solo oía que buscaba y rebuscaba y que no encontraba nada así que lentamente me giré para verlo.
En un principio buscaba la llave, pero se distrajo cuando vio mi cuaderno el cual tenía todo lo que había escrito sobre él, en el Spring Break, esa noche tan inolvidable y revelaba los deseos que a veces se incorporaban por dentro de mi ser, esos deseos de volver a verlo.
No le dije nada para ver a qué tanto llegaba: si respetaba privacidad o no. Lo pensó dos veces, pero la duda lo mató y abrió el cuaderno encontrándose con la primera página del cuaderno que susurraba: “Spring Break ♥” en una vaga letra cursiva.
De pronto, algo en mi mente encajó y toqué mi bolsillo del pantalón encontrándome con la llave del auto.
-Oye –dije suavemente.
Sebastián saltó en su lugar y me miró asustado.
-No están ahí –dije mientras agitaba las llaves en mí mano.
Él se sonrojo y empezó a balbucear cosas sin sentido.
-Calla y toma las llaves –dije tratando de no parecer molesta, pero demostré todo lo contrario. Las tomó y subió rápido al lado del piloto. Arrancó y salimos del estacionamiento.
Así de la nada, el sudor frio recorrió mi frente de nuevo así que abrí mi ventana para que el fresco aire me golpeara el rostro.
-¿Te sientes mal otra vez? –preguntó preocupado.
-Un poco –dije con voz áspera.
-Trata de dormir aunque sea en el camino –sugirió.
Era una buena idea, pero no quería perder mi tiempo al lado de Sebastián durmiendo… simplemente no. Pero como era de imaginar, caí rendida en el asiento del copiloto debido a que estaba cansada y supuse que todo lo de la enfermería me había dejado shockeada.
Abrí los ojos de golpe y vi que me encontraba en mi habitación, recostada en mi cama. Me extraño demasiado no haberme despertado cuando Sebastián se estaciono. ¡Sebastián! Grité en mi mente, ¿acaso era posible que ya se hubiera ido? Era más que claro que él era quien me había llevado hasta mi cuarto, pero ¿en dónde estaba?
De pronto, oí unas risas en el piso de abajo, por la cocina. Dudé seriamente en bajar puesto que tenía el presentimiento de que me iba a tropezar o incluso a desmayar. Puse mis pies en el piso de mi habitación y salí de la cama sujetándome de cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Por poco y no llego a las gradas, pero lo logré y pude oír la risa natural de mi mamá.
Asomé la cabeza y pude ver dos sombras moviéndose armoniosamente. Bajé las escaleras una por una, sujetándome de la barandilla y mirando mis pies a todo momento. Llegué a la cocina y levanté la vista. Vi a Sebastián picando unas verduras y tenía una sonrisa en el rostro que me dejo impactada; parecía que mi madre le había contado algo gracioso o algo por el estilo. Esta última estaba lavando más verduras en el lavaplatos. Ninguno de los dos se había percatado que yo estaba ahí.
De pronto, como si hubiera leído mis pensamientos, Sebastián levantó la vista y me vio ahí parada, absorta. Se limpió las manos en una servilleta de tela que tenía al lado y fue corriendo hacía en donde estaba.
Tomó mi mano en la suya en pretexto de ofrecerme apoyo, pero supe cuál era la razón principal.
-¿Cómo te sientes? –habló muy cerca de mí, tan cerca que por segundo creí que su boca estaba buscando la mía.
-Ya mejor –hablé quedo. Sinceramente, no quería que notara los altibajos que su cercanía le causaba a mi voz –. Gracias.
Me ofreció su brazo en cuanto vio que me quería asomar a ver la magnífica creación que ellos habían preparado. Yo se lo acepté con una sonrisa tímida mientras que mi madre me dirigió una mirada furtiva, la cual yo ignoré.
Cocinaron una especie de sopa, pero olía demasiado bien como para que solo fuera sopa. Sebastián se rió al ver la expresión en mi cara mientras intentaba adivinar.
-¿Qué es? –le pregunté a mi madre ignorando la risa siniestra de Sebastián.
-Sinceramente –habló mi mamá –, yo solamente ayude. Sebastián hizo todo.
El susodicho, ruborizado, me miró sonriendo como si admitiera una culpa. Me reí mientras agachaba la cabeza y miraba su mano sobre la mesa que mi madre utilizaba para cocinar, justo en dónde él estaba picando las verduras. Tuve un impulso salvaje de tomarla y nunca soltarla, pero me controle.
-¿Cocinas? –le pregunté viendo sus grandes y pardos ojos.
-¿Lo dudas? –me respondió con otra pregunta.
Reí.
-No dudo –aclaré –, sino que nunca me habías comentado que tenías tales habilidades culinarias.
-No hables si todavía no has probado –dijo mientras agarraba una cuchara y me la entregaba. Sentía las miradas acusativas de mi madre en mi espalda, pero no dije nada.
Probé la sopa y me asombró el delicioso sabor que tenía.
-Sé que no puedes comer cualquier cosa, así que le propuse a tu mamá hacer lo más liviano posible para ti –dijo mientras me sonreía.
No tenía palabras, pero traté de que mis ojos expresaran ese gran “gracias” que quería decirle, pero que no tenía palabras.
-De nada –susurró mientras pasaba a mi lado para ir a ayudar a mi mamá a lavar los platos. Me reí para mí misma, y supuse que si cualquiera me hubiera visto hubiera pensado que estaba loca.
Lista ya la comida, Sebastián sirvió dos platos y mi madre le dijo que se quedara a comer, propuesta que él no denegó. Cuando nos sentamos todos a la mesa, comenzamos a charlar. Mi madre tuvo el atrevimiento de preguntarle a Sebastián cosas de su familia, de su vida en su anterior hogar y cosas así. Descubrimos que Sebastián era el pequeño de dos hermanas, ya ambas grandes, casadas y con hijos; quería estudiar Medicina en la Universidad y quería especializarse en Cardiología; sus papas eran abogados, deduje que por ese medio sabía quién era mi padre.
Mi madre, por supuesto, no falló en comentar algunas que otras travesuras mías cuando estaba chiquita y Sebastián quiso aportar con unas cuantas suyas. Cuando terminamos de comer el almuerzo, recogí los platos para lavarlos y Sebastián me ayudó. Eran las dos de la tarde cuando mi madre habló:
-¡Acabo de recordar! –Exclamó –Tengo que ir a comprarte medicina, en caso de que empeores. Sebastián, ¿te molestaría cuidarla un momento?
-¿Qué acaso tengo cinco años? –pregunté.
-Sabes que no me refería a eso. Regreso en treinta minutos –musitó mi madre saliendo por la puerta.
Treinta minutos, repetí en mi cabeza. Me hice la de la vista gorda y empecé a lavar los platos, cuando sentí que Sebastián se puso a mi lado para ayudarme. Conversamos de unas cosas tontas y sin sentido, pero era una charla grata… al menos para mí. De pronto, un plato se me resbaló de las manos haciendo que salpicara un poco de espuma y agua. Sebastián creyó que lo hice a propósito.
-¿Con qué así estamos? –preguntó como lo haría cualquier padre a su hijo mientras juegan a las escondidas.
-No, no, no –negué rápidamente con la cabeza queriendo evitar que su rostro se volviera macabro –; fue un accidente.
-Los accidentes no existen –musitó.
-Pues este si tuvo que haber existido –me excusé mientras me alejaba debido al miedo de que el avanzara. Avanzó un paso hacía donde yo estaba y luego, retrocedió hasta llegar al lavaplatos que estaba lleno de espuma. Tomó un poco entre sus manos, mientras yo le repetía una y otra vez que no lo hiciera. Su risa malvada resonó en mis oídos.
Rodeé la mesa en donde mi madre preparaba la comida, huyendo de Sebastián y él me perseguía como si fuera un juego de niños. Cuando le di la vuelta completa, me acerqué al lavaplatos para tomar mi porción de venganza, en caso de que cualquier cosa pasara. Antes de que yo me pudiera dar cuenta, tenía a Sebastián a mi lado, muy cerca de mí.
Se preparó para atacar y yo, como instinto, traté de detener sus manos cuando inconscientemente entrelacé mis dedos entre los suyos, los cuales estaban llenos de espuma. Él me miró fijo a los ojos mientras yo trataba, luchaba para no caer prisionera en los suyos. Demasiado tarde, agaché la cabeza en una vana intención de que no pudiera ver como mis mejillas tomaban color. Me acercó más a él, más a su cuerpo, más a su aroma, más a su aliento… reaccioné que tenía muy cerca su aliento y levante el rostro temeroso. Su boca, oh su boca, estaba demasiado cerca a la mía y fue difícil resistirme al deseo que tenía sobre repetir lo que había hecho hace ya unas cuantas horas.
Apretó mi mano en la suya, mientras mis ojos se enfocaban en él solamente. Se acercó un poco hacía mi rostro, con temor a que me alejara, pero a esa altura ya era claro que quería que pasara lo que tenía que pasar. Apoyo su frente sobre la mía mientras se decidía a hablar:
-¿Kate? –siempre empezaba con mi nombre.
-Dime –dije tratando de inhalar un poco de su adicto aroma.
-Ya pensé mucho las cosas –dijo como si le hubiera tomado mucho tiempo.
La verdad no entendía mucho de qué me estaba hablando.
-¿En qué pensaste? –le pregunté.
-En ti –dijo mientras una sonrisa surcaba su rostro y mis mejillas se ruborizaban –y en mí.
Ahora era yo la que sonreía.
-¿Así? –dije mientras me acercaba mas a él. La espuma que tenía en sus manos ya se había secado y soltó mi mano para poder acomodar un mechón que tenía justo enfrente de la cara.
-Sí –afirmó.
-¿Y cuáles fueron tus conclusiones? –le pregunté mientras traté de ocultar una sonrisa curva.
-Solo fue una –musitó mientras soltaba mis manos, rodeaba mi cintura y yo rodeaba su cuello.
-Dímela –rogué.
-Es fácil, es sencilla y no sé cómo no me pude percatar antes.
-Dime –pedí.
-No quiero ser tu amigo, ya no –sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda –. Quiero ser algo más en tu vida.
¿Y qué podía decir en esos momentos? Solamente tomé su rostro entre mis manos y me hundí en sus labios. Me acercó más a su cuerpo mientras yo entrelazaba mis dedos en su cabello. Yo era simplemente muy tosca para las palabras así que quería que entendiera que yo tampoco deseaba ser solamente su amiga.
Separé mis labios de los suyo debido a que me faltaba aire. Apoyé mi cabeza en su pecho mientras él jugaba con mi pelo enredado, y pude oír su corazón. Estaba un poco agitado, o emocionado, pero era un latido fuerte y armonioso. Suspiré.
-Tengo una idea –dijo.
Me quedé callada esperando su propuesta.
-¿Qué te parece si salimos mañana? –una sonrisa curvó su rostro.
Me pareció una sorpresa esa invitación, pero no la iba a negar. Quedamos en que él me pasaría a traer e iríamos a cenar o a ver una película. Pero antes que nada, le quería aclarar que hasta el momento éramos amigos y que por haberlo besado eso no iba a cambiar sino hasta que él mismo me lo preguntara. En mi mente soné algo orgullosa, pero así tenía que ser y así era yo. Cuando extendió su mano en señal de “trato hecho” le dije:
-Una salida como amigos –y estreché su mano para que no pudiera echarse para atrás.
-Como amigos –repitió con una sonrisa macabra.
Justo en ese momento, abrió la puerta mi madre esperando encontrarnos en una situación bastante incómoda, pero no fue así: estábamos sentados en la mesa del comedor riendo de situaciones tontas. Sebastián se empezó a despedir puesto que ya eran las tres de la tarde y no quería llegar tarde a su casa.
-Fue un placer pasar la tarde con ustedes –dijo como halago hacía mi madre.
-Nos vemos, Kate –dijo mientras besaba mi mejilla.
Lo acompañe hasta la puerta y le dije en quedo:
-Nos vemos mañana –dejando que mis ojos expresarán lo que deseaba.
Sonrió y salió de la casa mientras yo cerraba lentamente la puerta.
-Oye tu –exclamó mi madre desde la cocina.
Llegué a paso lento mientras me podía imaginar lo que me iba a decir.
-¿Qué paso? –le pregunté al ver que solo me miraba furtivamente.
-Nada –dijo arrepentida –, olvídalo.
No quería insistir porque sabía que iba a hablarme de Sebastián, pero no quería dejarla solamente así como si nada.
-¿Segura? –le pregunté arrepintiéndome en el momento.
-Sí –indicó.
Me pareció raro que ella aceptara quedarse callada, es más… me asustó un poco. Después de eso, subí a mi cuarto a pensar y a ver televisión. Mi madre llegó a ver cómo estaba y a desearme buenas noches. No pude dormirme sino hasta las once de la noche debido a que mi cabeza se estaba llenando de ideas.
No pude dormir más que nada por pensar en Sebastián, en él, en su beso, en la cita que teníamos al día siguiente. Pero más que nada, más que cualquier cosa: no podía dormir debido a sus palabras. “No quiero ser tu amigo”, resonó en mi cabeza de nuevo.
Imaginando la voz de Sebastián susurrando ésa última frase, caí en un profundo sueño esperando para que mis esperanzas se volvieran realidad….





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B U E N A S :)
-okey, sé qué estarán pensando: "Hasta que te dignas a publicar!" & si, lo siento no pude antes. Sinceramente, he estado muy ocupada porque tuve examenes, luego sali de vacasiones [me fui de viaje :) ] regresé al colegio ésta semana, & para variar, no falta la vida social & eso. Así que enserio, disculpenme si no pude publicar antes pero ahora estoy en un momento de mi vida en donde TODO se me junta s:
-Segundo, qué tal pasaron sus vacasiones de Semana Santa? (: como les dije, me fui de viaje a un como club aquí en mi país.. eso sí, no falto el Sr. Sol que me anduvo desesperando una que otra vez pero es bueno recibir vitamina D de vez en cuando ;D
-Tercero, GRACIAS a las que me han tenido paciencia & siguen fieles leyendo el blog! ustedes saben que desearia publicar todos los días pero no puedo /:

-Pues les cuento que aproximadamente faltan 14 días para mi cumpleaños así que vayan pensando BIEN BIEN que me van a regalar XD no se hagan!

Bueno, les deseo buen día a todas! Gracias de nuevo por leer, comenten para saber qué les parecio! Si les gustó el cap digan: Sí me gustó, oh Majo deverías ser escritora D: & si no, simplemente escriban: eres una asco xd JAJAJAJAJA no se hagan, comenten si & solamente si les gusto el cap o si me quieren decir: "Bienvenida otra vez, Majo" Jajaja

-Nos hablamos lueguin (:

Atte: YOOOOOOOOOO !


Let felicity fly ♫

viernes, 25 de febrero de 2011

Capullo. Cap. 11

“Me parece agradable. Solamente”. Eso era a lo que yo llamaba: una verdad disfrazada. Me sonreí a mi misma tratando de disimular la mentira.

Con Luisa nos dirigimos a Español, mientras Natalia se iba a Química. Luisa fue realmente muy callada y le pregunte qué pasaba.

-¿En realidad no te gusta Sebastián? –preguntó ella tratando de ocultar su miedo.

-No –negué. Bueno, no me gustaba tanto como para hacerlo oficial así que no me preocupe –, ¿por qué?

-Es solo que –empezó –la manera en que lo miras, la manera en que tus ojos brillan cada vez que escuchas su voz, la forma en la que te ruborizas cada vez que el pronuncia tu nombre; simplemente no es normal. Si te pasa algo con él, pues quiero saberlo; soy tu mejor amiga.

La manera en que ella describió mis movimientos mientras estaba cerca de Sebastián me asustó un poco. Nunca creí ser tan predecible a los ojos de los demás, pero Luisa no era otra persona cualquiera. Me dolió un poco ser tan dura con ella, era cierto que aún no estaba segura de mis sentimientos hacia Sebastián, pero ella debería saberlo.

Me mordí el labio mientras meditaba eso en la clase de Español. En unos pocos segundos ya estaba en clase de Historia sentada escuchando un discurso aburrido sobre la noche anterior del profesor. Pero noté algo muy fuera de lo común: Sebastián no estaba.

Me decepcioné a mi misma al voltear a ver su asiento y ver que estaba vacío. Tristeza y decepción: dos sentimientos que no había sentido en mucho tiempo dirigidos a una sola persona. ¿Qué me estaba pasando? Me estaba trastornando y estaba formando mi mundo alrededor de Sebastián.

Reprimí mis sentimientos hasta en lo más profundo de mi ser y apoye la cabeza en el escritorio, cerré por un momento los ojos prometiendo no quedarme dormida, pero solo podía oír voces y susurros. Luego oí como unos pasos se acercaban a mí lentamente.

-Señorita Johnson, ¿se siente bien? –preguntó mi maestro interrumpiendo con su chillante voz los pensamientos que había desarrollado.

Negué con la cabeza.

-¿Quiere ir a la enfermería? –preguntó.

Asentí. Sentía que si hablaba soltaría un vomito de palabras o algo peor: uno real. El profesor me dio un pequeño rectángulo de papel que utilizábamos como pase de salida cuando queríamos salir de clase. Caminé lentamente saliendo de la clase. Sentía que un olor putrefacto inundaba el salón así que salir fue un gran alivio.

Cuando llegué a la enfermería la sorpresa inundó mi cuerpo queriendo expulsar todo mi almuerzo. Sebastián estaba ahí parado sonriéndole a la enfermera. No sabía por qué estaba ahí y tampoco era algo que tenía que saber; me recosté en la pared sabiendo que un sudor frio recorría mi frente, me empezaba a sentir muy mal.

-¿Kate? –Dijo una voz que hacía que mis piernas temblaran – ¿Estás bien?

Mi respiración empezó desnivelarse y negué con la cabeza. Todo me empezó a dar vueltas levanté la vista y vi mi única salvación a unos metros de mi. Quería llegar rápido a la puerta con ese pequeño letrero que decía “baño” lo más antes posible. No quería que Sebastián se llevara una imagen de mi rostro pareciendo la niña de alguna película de exorcismos.

Corrí al baño apartando a todo quien estuviera a mi paso. Cerré la puerta, me arrodillé ante la taza y empecé a vomitar, me sentía tan mal. A los pocos segundos Sebastián tocó la puerta.

-¿Kate? –Preguntó tímidamente – ¿Puedo entrar?

La sola idea de que él entrará me asustó.

-¡No! –exclamé fuerte.

-Vamos –rogó –, solo quiero saber si estás bien.

Ya no me sentía tan mal como antes así que reconsideré la idea de que él entrara. Sin decir palabra alguna o sin darle el aviso de que entrara, Sebastián entró quedamente abriendo la puerta de par en par mientras sacaba su cabeza para verme. Levanté la vista, supuse que tenía una cara espantosa, pero en cuanto mi mirada se chocó con la suya él sonrió y no pude evitar sonreírle de vuelta.

Llego hacía mi con paso apresurado y se arrodilló a mi lado. Tomó la toalla que estaba cerca del lavamanos y limpió el sudor frío de mi frente. Le sonreí amablemente mientras el poco a poco bajo su mano para situarla en mi mejilla, lo cual me hizo sonreírle tiernamente. De pronto, mi estomago se volcó de nuevo.

Retiré violentamente su mano y me apoyé en la taza de nuevo. No sabía que me hacía sentir peor, el hecho de tener el estomago volcado o que Sebastián presenciara eso. Quise con todas mis fuerzas que Sebastián se fuera o que yo me desvaneciera, sentía que la vergüenza me mataría o que el haría cualquier cara de asco. Pero no fue así.

Con cuidado, tomó mi pelo y lo sujeto delicadamente para que no se manchara o algo así. Su acción me dejo totalmente shockeada. Me quedé paralizada ahí, sin hacer nada. Respirando entrecortadamente mientras Sebastián esperaba pacientemente por mí.

Pasaron uno o dos minutos llenos del más silencio incomodo, antes de que pudiera levantar el rostro con pena. Sebastián corrió hacia la enfermera para que me ayudara y ella entró dejando a Sebastián afuera del baño.

La delicada enfermera se dedico a limpiar mi rostro con agua, a arreglarme el pelo y a darme un poco de enjuague bucal que había en un estante del baño de la enfermería. Me arreglo la cola de caballo y me dijo:

-Sebastián es un buen chico –habló con voz monótona, como si fuera cualquier frase de cualquier conversación.

-Lo he notado –dije quedamente inconscientemente.

-Me ha hablado mucho de ti –soltó sin querer.

Mis ojos se abrieron como platos, ¿por qué diablos Sebastián le hablaba de mí a la enfermera? Al parecer, mi rostro denoto mis dudas y la enferma agregó rápidamente:

-Sebastián ha venido unas cuantas veces más de lo que él quisiera –habló mientras enjuagaba una toalla de tela en el lavamanos –, se le baja la presión constantemente y tengo que hacer algo para que se calme. Le digo que hable de algo que cautive su atención por completo y de lo único que me habla es de una chica.

Me quedé helada. Decidí no hablar hasta que ella terminara puesto que tenía semblante de aún no haber terminado la frase.

-De lo único que me habla es de ti –terminó la enfermera.

Mis mejillas se pusieron rojas como el tomate y expulsé una sonrisa involuntaria ya que cualquier chica se ruborizaría con semejante revelación.

-No sabía eso –susurré, pero iba más para mí que para ella.

Ella se rió irónicamente.

-Puede que no sabías eso –me miró con sus ojos grandes –, pero sé que sabes que Sebastián está enamorado de ti.

No respondí. Si decía que sí, apuesto a que ella pensaría algo como: “¿Entonces por qué diablos no haces algo por estar con él?” y si decía que no ella claramente pensaría que soy una tonta.

-Bueno –dijo ella mientras ponía su mano en el picaporte –, déjame decirte que Sebastián tiene todos sus pensamientos enfocados en ti, así que te pido un favor: si no quieres nada con él, no dejes que se ilusione más.

Abrió la puerta y me dejo a mi sentada en la taza del baño. ¿Qué se ilusione? Para empezar yo ni sabía que Sebastián sentía algo tan profundo por mí, pero me asustaba al mismo tiempo porque no tenía la certeza de quererlo a él en mi mundo.

Salí lentamente hacía la enfermería, Sebastián se paró y en un segundo tenía agarrado mi brazo evitando que me tropezara con algo.

-Tienes infección intestinal –anunció la enfermera –, debe ser algo que comiste hoy en el almuerzo. Déjame decirte que no eres la primera.

-¿Y qué debo hacer? –dije mientras sentía la mano tibia de Sebastián en mi espalda.

-Debes irte a tu casa a descansar y tomar muchos líquidos –recomendó la enfermera dándonos la espalda para firmar una hoja de medicación y se la entregó a Sebastián.

Salí de enfermería aún con Sebastián tomado de mi brazo.

-¿Cómo te sientes? –preguntó rápidamente él, pero a mí no me dejaban en paz las palabras de la enfermera. En mi cabeza seguía el vivo eco de esas palabras que me quemaban la garganta. Un capricho único me hizo saber que estaba dispuesta a oír esas mismas palabras de parte de esa voz por la cual yo moriría, aunque fuera por última vez.

-¿Por qué te quedaste? –solté.

Fue lo único que mi estúpida boca pudo decir, al parecer no estaba tan conectada con mi cerebro como lo esperaba. Su rostro denotó cierta confusión, pero luego de unos segundos lo entendió.

-¿Qué? –Habló con voz queda – ¿Hubieras preferido que me fuera?

Habló con cierto sarcasmo en la voz y yo solamente me quedé callada. No lo había oído hablar con ese tono tan duro y golpeado antes.

-Perdón –se disculpó mientras se detenía y tomaba mi rostro entre sus manos –es solamente que, no soporto la idea de que algo malo te pase. Fue un instinto quedarme, no te quería dejar sola.

¡Torpe! Así me sentía, muy torpe. Hice un esfuerzo por expulsar más de alguna palabra, pero no era cuestión de valor de lo que estaba hablando, sino que era falta de saber qué decir.

-De hecho –agregó –, siento que no me quiero separar de ti nunca.

Sus palabras, vivas como el hielo, me quemaron por dentro. Después de todo, llegamos al mismo punto.

-¿Qué? –estaba confundida y mareada, y su aliento penetrante no me ayudaba a pensar muy bien las cosas.

-¿Qué es lo que no entiendes, Kate? –habló tomándome de los brazos, como si estuviera harto de aparentar algo totalmente diferente a la realidad –. ¿Quieres que te lo aclare lentamente para que puedas entender?

Otra vez la voz del sarcasmo hiriente. Me solté de sus brazos bruscamente y dije:

-Disculpa si no entiendo a la primera –hable con tono grotesco y seguí mi camino. No tenía el derecho de hablarme de esa manera y menos si era sobre un tema tan delicado como este.

Caminé a paso apresurado hasta llegar al estacionamiento, busqué con la vista mi carro sin querer detenerme, pero alguien me agarró por la cintura y me dio la vuelta.

-No te vayas así cuando trato de decirte algo importante –dijo tratando de no subir el tono de su voz, pero no pudo porque yo sentía sus palabras muy fuertemente.

Me quedé callada demostrando mi enojo. No tenía por qué gritar si estaba enfrente de él.

-¿Qué es eso importante? –pregunté bruscamente mientras la duda azotaba mi mente.

Tartamudeó un poco, moviendo sus ojos de un lado para otro tratando de concentrar su atención en algo que no fuera yo.

-¡Dime! –exigí casi con lágrimas.

-No creo que pueda –susurró.

-¿Qué? –Pregunté indignada – ¿Me haces enfurecerme contigo para nada?

Se quedó callado con ojos de culpa, agachó la mirada y no hizo nada más que eso.

-¿Y te vas a quedar ahí parado? –Pregunté con más indignación – ¡No puede ser, Sebastián!

Vociferé un grito típico de rabieta de niña pequeña, pero me sentía tan frustrada que no sabía qué hacer.

-Eres increíble –susurré sin pensarlo. Me sorprendió que mi voz sonara quebrada, pero las lágrimas estaban a punto de desbordarse.

-¿Y qué quieres que haga? –gritó. La bomba explotó.

-¡Que hables! –Respondí –Que digas algo, no sé. Cualquier maldita cosa.

El enojo me estaba inundando por completo y no me permitía controlar mis palabras.

-¿Y qué pasa si no puedo hablar? –debatió.

-Entonces –dije con voz tranquilizante, aunque por dentro me estaba muriendo de rabia –, no eres lo que yo pensé.

-¡Ja! –exclamó en todo de ironía – ¿Y qué era lo que pensabas?

-¿Qué te pasa, Sebastián? –dije con miedo, ese no era el Sebastián que yo conocía. Es más, a este Sebastián no lo conocía ni lo quería conocer.

-¿Qué me pasa? –Preguntó como si estuviera pasando por algo lo evidente –Me pasa que maldigo el día en que entre a esta maldita secundaria.

Sus palabras me quemaron poco a poco, era obvio que si maldecía su entrada a la secundaria era por mí. Lo que todavía no entendía era por qué.

Agaché la cabeza, supuse que no diría más ya que lo estaba presionando para que dijera lo que pasaba por su cabeza, y así fue. Lo único malo era que no me imaginaba que fuera algo tan hiriente.

-Me pasa –continuó él repentinamente –que ayer cuando te vi en tu casillero creí que moriría de la felicidad.

Sus palabras me sacaron de mis pensamientos.

-Como te dije, nunca deje de pensar en ti luego del Spring Break –su voz bajo de tono –y al verte ayer me sentí feliz de poder encontrarte y de poder enmendar las cosas.

Me quedé paralizada.

-Kate –mi nombre en sus labios me hacía erizar la piel; tomó mi cara entre sus manos y habló mirando mis ojos –, quiero ser parte de tu vida, quiero ser parte de la alegría que te invade cada día. Pero –bajo la vista decepcionado –, trato de olvidar lo que paso en el Spring Break porque te juro que hasta la fecha no me lo he perdonado, pero no puedo. Y no sé si tú ya lo hiciste.

Sus ojos me vieron directamente y sentí como unas grandes fuerzas me atraían a él. De pronto, sus dulces labios tocaron los míos. Se sentían tan reales y tan vivos que me costaba creer que eso no era un sueño. Sus labios eran dulces y simplemente tiernos. Olvidé todo el mundo a mí alrededor y me enfrasqué en Sebastián. Me hundí más en sus labios mientras enredaba mis dedos en su pelo; él me acercaba más a su cuerpo con sus manos en mi cintura. En ese momento agradecí tanto que la enfermera me haya regalado un poco de enjuague bucal.

El beso era tan perfecto que no quería que terminara, lo mismo presentí que pensaba Sebastián. Estaba claro que sentía cosas profundas por mí y yo sentía cosas inigualables por él. En ese momento, formamos un capullo a nuestro alrededor, queriendo que nadie nos interrumpiera… Ni ahora, ni nunca.



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Holaaaaaa! Como andan? son las 10:oopm en mi pais :)

Este capitulo simplemente me encanto.. espero que les guste y comenten :D

Siento no poner mucho aqui, pero tengo prisa porque mi madre me esta sacando de la compu con las palabras "usas mucho esa cosa, ten un poco de vida social" bla bla bla /:

Estoy muuuuuuuuuuuuuuuuuy feliz (: ustedes imaginaran porqe ^^

Bueno bueno, muchisimas gracias por su infinita paciencia y por su hermosa fidelidad!

Once again, les estoy demostrando todo mi carinio posible! :)

Las quierooo <3


Majoo!

domingo, 20 de febrero de 2011

Disculpen..

Sinceramente.. esta es la primera entrada con el titulo de "Disculpen"
Espero y no se vuelva una rutina..

-He estado trabajando en el cap 11 pero les juro que no tengo nada tengo la mente en blanco ._. & simplemente no tengo inspiracion :(

Otra razon es porque he tenido demasiadas cosas que hacer.. proyectos, examenes, vida social & Ja. Les cuento.. ahora novio $: pero no entrare en detalles XD

Les pido mucha paciencia.. un dia de estos que tenga tiempo terminare la entrada y hare como tres capitulos mas para recompensarles la espera :)

Pero cuentenme.. como les va? Como les fue en el 14 de febrero? O:
Yo se que no es el unico dia disponible para demostrar amor, pero bueno.. ustedes saben que yo les demuestro amor en cada entrada que publico XD


Gracias una vez mas por todo!

Las quiere..
Majoo!

domingo, 30 de enero de 2011

Verdades Dizfrazadas. Cap. 10

Entré al salón y lo vi, sentado, esperando. Vi que tenía un asiento apartado, supuse que para mí y en ese momento se me estrujo tanto el corazón que me quería poner a llorar. ¿Cómo era que él me quería lejos? Respiré hondo y preparé una que otra palabra para… ¿alejarme de él?

Tragué saliva, puesto que no quería alejarme de él. Había pasado solamente dos días con él y sinceramente eso me bastó para saber que al estar a su lado era feliz. Caminé a paso lento puesto que quería evitar llegar hacía él, pero un grupo de alumnos de último grado iban caminando con prepotencia y me obligaron a caminar rápido.

Los ojos de Sebastián se iluminaron cuando me vieron, me sonrió tan cálidamente que hubiera querido quedarme con él, para siempre, en un completo silencio, respondiendo a su sonrisa con la mía. Sus ojos me atraparon tan rápido como pudieron y no pude articular palabra alguna. Mi debilidad solamente me permitió sentarme y sacar mis cuadernos de Biología, ya que quería avanzar algo sobre la tarea.

Pero no pude. Sebastián me comenzó a hablar con esa voz que causaba una corriente eléctrica en mi espina dorsal.

-¿Y cómo te fue en tu clase de Biología? –preguntó armoniosamente.

¿Qué le respondería? ¿Mal, porque la rubia esa me exigió que me alejara de ti? No era ese tipo de chica, no era una soplona, pero tampoco quería dejar ir a Sebastián.

-Bien –una palabra. Eso fue lo que mi boca pudo expulsar. Sentía que si hablaba más me delataría y causaría un gran lío entre Jasmine, Sebastián y yo.

-¿Qué paso? –preguntó como las madres le preguntan a sus hijos cuando esperan malas noticias.

-¿Cómo sabes que pasó algo? –demandé saber.

-Kate, eres tan predecible –musitó –. Es obvio que algo te pasa, cuando algo anda mal arqueas tu ceja derecha. Siempre.

Quedé con los ojos como platos, ¿en realidad era tan predecible? Estaba a punto de abrir mi boca para preguntárselo, pero él me detuvo:

-Hiciste ese gesto, la noche del Spring break –habló en tono bajo –; en el ascensor, justo antes de que se cerrará la puerta.

¿Cómo diablos se recordaba de todo? Por un lado, ese recuerdo del Spring Break me hizo sonreír. Jasmine tal vez podía llenarme la cabeza con ideas vagas o ideas ciertas; no importaba porque Sebastián y yo tuvimos un pasado, no era uno de los mejores, pero teníamos recuerdos juntos. Tal vez nuestro presente no era tan relevante y tal vez nuestro futuro lo sería menos, pero el simple hecho de haber tenido algo que ver con él, aunque fuera por esos motivos, me alegraba.

Me quedé pensativa, supuse que él pensó que me molestaba el hecho de recordar lo del Spring Break, lo cual era totalmente erróneo, pero dejé que su mente vagara.

-Entonces dime –volvió a hablar –, ¿qué paso?

Otra vez la burra al trigo, exclamé en mi mente. Ideé algo para no contarle toda la verdad, era solamente omisión de detalles.

-Bueno –comencé –, lo que pasa es que me mandaron un mensaje para ti.

Trate de cambiar mi rostro, de cambiar mi expresión, de cambiar mis gestos; tenía planeado decirle que una compañera le había mandado un mensaje diciendo que a ella le gustaba él. Si iba a decir eso, no tenía por qué mostrarme furiosa; simplemente, no había razón.

-¿Para mí? –preguntó anonadado –. Pero si soy nuevo aquí, solamente tú me conoces bien. ¿Quién lo mandó?

Esa última frase me sacó una sonrisa interna.

-Una compañera –solté–no la conoces, pero el punto es que me dijo que tú le gustabas.

Fue mala idea decirlo así de golpeado, nunca se decía un mensaje de ese tipo tan rápidamente, pero quería salir de esto.

-¿A sí? –preguntó, no parecía muy sorprendido.

-Sí –exclamé fingiendo una sonrisa. Estaba claro que esa “compañera” era Jasmine y también estaba claro que ella quería algo más con él. Eso era un arte al cual yo solía llamar: disfrazar la verdad –, también me pidió de favor que te preguntara algo.

El hizo silencio en acto para que yo continuara.

-Me dijo que te preguntara ¿cómo te gustan las mujeres? –está bien, esa era pregunta mía, pero qué importaba. Lo malo de esa pregunta era que el término “mujeres” me hacía carcajear desde que era pequeña. Nunca me consideré una mujer; bueno sí soy mujer, pero soy una adolescente. Mujer mi madre, mujer mi abuela, mujer mi tía, pero no yo. Aguanté la risa.

-¿Por qué una compañera tuya preguntaría…? –empezó él.

-Sebastián –lo callé. Sentí cosquillas en mi garganta al pronunciar su nombre –, limítate a responder.

-Está bien, está bien –accedió a regañadientes –, ¿cómo me gustan las mujeres? –esa pregunta se la hizo más a él que a cualquier otra persona en la habitación –. Usualmente, no me suelo fijar en el cuerpo o algo así, no soy como los demás. Simplemente, me fijo en sus rostros; las que más me llaman la atención son las que tienen los ojos pardos, grandes; labios carnosos, pero delicados; sonrisa amable, pero servicial; pelo largo, pero espeso y amo cuando no se peinan.

Quería matarme de la risa con esas explicaciones, estaba claro que Sebastián no era como los demás, pero oírlo hablar así me provocaba risa; estaba acostumbrada a oír las mismas patrañas de los hombres.

-También –continuó –amo que no les preocupe nada, que se rían hasta de los chistes que no entienden, que amen la lluvia y el frio, que tengan metas para su futuro, que vean el mundo desde su perspectiva, que aprendan cosas nuevas sobre la vida día a día; que se miren seguras, pero que oculten un mar de emociones. No estoy acostumbrado a lidiar con éstas, pero sería fascinante empezar a hacerlo con una mujer como la de mis sueños. Y así me gustan las mujeres.

Cuando terminó de hablar quede boquiabierta, no sabía ni qué decir o qué hacer.

-Justo como eres, en realidad –agregó en susurros.

Me paralicé. ¿Qué acababa de decir? Era algo frustrante oír algo como eso, lo cual no estaba planeado que se escuchara, y no estar segura de lo que dijo. Estaba segura de que oí eso, o al menos mis oídos lo estaban. Pretendí no haberlo escuchado, porque al fin de cuentas ese era el propósito.

-¿Y eso era todo? –preguntó. Él sabía que había algo más o sabía que esa no era toda la verdad. Era lo mismo.

-Sí–mentí.

-¿Entonces por qué estabas tan molesta cuándo entraste? –insinuó.

Me atrapó, susurré para mis adentros.

-Es algo tonto –susurré –, y creo que no vale la pena decirlo.

-Kate –articuló mi nombre con cuidado –, dime la verdad.

Resoplé, ¿cómo podía decirle que no?

-Tuve una discusión con alguien –dije. Eso sí era verdad.

-¿Con quién? –preguntó.

-La conoces –aseguré.

-¿Con Luisa? –se preocupó.

-No –negué; decidí decírselo, al fin y al cabo él me lo estaba pidiendo. No era de que le echaría toda la culpa a ella –, con Jasmine.

-¿Qué te hizo? –actuó a la defensiva.

-Nada –musité –solo hablamos.

-¿Qué te dijo entonces? –preguntó casi enojado.

-Ella…

La campana la salvó literalmente.

Salimos de la clase y fuimos a los casilleros, en donde Natalia y Luisa hablaban armoniosamente.

-¡Kate! –exclamó Natalia al verme.

-Hasta que te dignaste a aparecer –habló Luisa con sarcasmo fingido.

Yo me reí y les expliqué porque había llegado tarde.

-¿Oye y que quería esa rubia contigo? –Preguntó Natalia inocentemente – ¿Jasmine era su nombre?

Le hice señales a Luisa para que la callara y ella la codeó disimuladamente, pero era muy tarde.

-¡Ah sí! –Exclamó Sebastián –ya no me terminaste de contar.

-Luego te digo, ¿sí? –me faltaba poco para rogárselo. El accedió y le dije que se fuera con Natalia a la clase de Español. A Luisa y a mí nos tocaba Química.

La clase pasó demasiado rápido y quería llegar al almuerzo porque me estaba muriendo del hambre. Nos sentamos justo como lo habíamos hecho el día anterior. Sebastián cruzó el umbral de la puerta de la cafetería con elegancia y con cierto porte al caminar. Llegó a nuestra mesa y se sentó a mi lado. Le compartí la mitad de mi sándwich.

-¿Y hoy no irás temprano a Educación Física? –preguntó Luisa con cierto desdén.

-No –respondió él –, calculé el tiempo y resulta que puedo comer bien e irme sin problemas.

Hablamos los cuatro armoniosamente, hasta que una sombra alta irrumpió nuestras risas. Era Jasmine, para variar.

-Hola Sebastián –le habló a él y nos ignoró a nosotras.

-Hola –respondió el con pesadez.

-Hoy no te vi en la clase de Español –habló con una voz tan falsa, que podía sentir las ganas de pegarle en la cara.

-Es que me senté hasta atrás –se excusó él.

Cuando Jasmine vio que le estaba resultando mal su plan se fue sin decir palabra alguna y a mí, solamente me dedico una fría mirada.

-Me está hostigando todo el tiempo –exclamó él tan solo ella se fue.

Me sorprendió lo que dijo, creía que yo era la hostigadora.

-Creo que le gustas –habló Natalia y volvió a tomarse su jugo de cartón.

-¡Ja! –exclamó –. Creer se queda corto, Nata.

Luisa se rió a carcajadas y yo solamente me dediqué a pensar. ¿Entonces él ya estaba al tanto de ese hecho? Bueno, al menos sabía que Sebastián no era un tonto.

-Bueno –dijo mirando su reloj imaginario en su muñeca y parándose de su sitio–, ya me voy. Nos vemos luego –se dirigió a Natalia y a Luisa –; y a ti, te veo en Historia.

Se agachó hacia mi mejilla y la besó delicadamente. Me frustré porque lo único que pude hacer fue sonreírle. Él se fue caminando y yo me quedé con una gran mueca en el rostro.

-¡Oh por Dios! –exclamaron Luisa y Natalia al uniso.

-¿Qué? –pregunté.

Ambas me lanzaron una mirada, como si estuviera dejando pasar lo obvio.

-¿Qué? –volví a preguntar.

-¡Te gusta! –exclamó Natalia.

-¡Y tú a él! –completó Luisa.

-¿Qué? –Exclamé como tonta –Claro que no, a él no le gustan las chicas como yo.

-¿Entonces eso significa que a ti sí te gusta? –preguntó Natalia emocionada.

-No –mentí tratando de poder disimular mi rostro –, me parece agradable. Solamente.

“Me parece agradable. Solamente”. Eso era a lo que yo llamaba: una verdad disfrazada. Me sonreí a mi misma, internamente.



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Helloooouu!

Como andan? Yo ? Pfff ya ni se /: Esta semana tuve tantas cosas qué pensar y para colmo tuve como sopotosientos examenes. Lo que más me preocupa es que esta semana va a ser peor y la de el día de San Valentin va a ser mucho peor [saquen sus conclusiones]

No me preocuparía pasar este 14 de febrero soltera, hasta donde sé llevo casi toda mi vida estando sola [excepto ese novio que tuve en 5to primaria ^^ ] y ahora que ya me conforme a estar así, viene alguien y lo cambia! Es algo frustrante porque es incomodo cuando una persona te demuestra amor y lastimosamente no puedes corresponderle y luego se caga la amistad /:

-Pero solo Dios sabe qué pasará.

Bueno, les dejo el capitulo. Espero que lo disfruten, ahora publicare todos los fines de semana (: y si puedo más seguido !!

Ya tengo 60 seguidores muchisimas gracias !!!

Por lo consiguiente, gracias por leer mis capitulos, comentar y seguir aqui fieles conmigo :') se hace lo que se puede!!(:

PD: Nahara, el chamo se llama Drew Roy!! Está bastante guapo, cierto? *w*

Me despido porque tengo que estudiar Biologia /: Deseenme suerte, enserio la necesitare esta semana!!


Maríajose García S.

-Oh, her hair her hair, falls perfectly without her trying