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domingo, 4 de diciembre de 2011

Sin salida. Cap. 14

Recomendación músical:
-Sí, sí... les pongo una "recomendación músical" porque es casi de vitalidad que lean este cap con estas canciones. Y bueno, si no quieren... igual.

Al principio: Us against the world - Coldplay.
Luego de que diga: "Dos meses después", Northern lights - Cider sky.



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-¿Sebastián? –dije retirándome de su hombro.

-Dime –dijo viéndome a los ojos.

-¿Qué somos? –hablé. Y por primera vez, tuve el valor suficiente para hablar… y no me faltaron palabras.

-¿Sabes? –Dijo tomando mi mano –Estaba esperando a que me lo preguntaras.

Debo admitir que sentí que se me estrujaba todo. Había tenido experiencias previas a esta, pero aún así, supongo que nada te prepara para la sorpresa. Me limité a quedarme callada, quería que entendiera que no iba a hablar hasta que todo quedara más claro que el agua.

-Kate –habló despacio –, te seré sincero.

Tragué saliva lentamente. A este punto solo tenía dos opciones: decirme que me quería en su vida o decirme que me quería lejos de ella. Sé qué pensarán que soy una pesimista, pero también hay que aprender a ver los dos lados de la vida.

-No te he podido olvidar desde aquella noche en el Spring Break –confesó. Supongo que mi cara denotó lo confundida que estaba, puesto que se apresuró a agregar –. Me refiero a que he tenido miedo a verte de nuevo, a encontrarte otra vez y…

-Y heme aquí –dije con tono sombrío soltando su mano de la mía.

-Estás aquí –tomo mi mano de nuevo –. Admito que tuve miedo cuando te vi de nuevo, ese día, enfrente de tu casillero.

-¿Miedo de mí? –Soné irónica – ¿Por qué alguien tendría que tener miedo de mí?

-Tenía miedo a que reaccionaras mal o algo –su mirada se perdió sobre mi hombro –, de que no me permitieras explicarte…

-Sebastián –lo interrumpí –, ya hablamos de esto. No hay necesidad de hacerlo nuevamente.

-Sí, sí la hay –dijo dirigiéndose directamente hacía mí, haciendo nuevamente que me perdiera en sus ojos –. Sí hay necesidad… si quiero que formes parte de mi vida.

Me quedé estupefacta. ¿Era eso una invitación? Y si lo era, ¿a qué exactamente? Al ver que no dije nada, optó por seguir hablando.

-Desde esa noche has estado en mi mente –habló suavemente –, y no solo por algo carnal, no. Me parecías tan frágil que no sé cómo me deje llevar. Me reprendí a mi mismo muchísimas veces por casi haber hecho algo de lo que me hubiera arrepentido en poco tiempo, te lo aseguro.

-Sebastián…

-Calla –puso su dedo en mis labios generando cierta electricidad –. Aún recuerdo tu rostro –su mano se poso en mi mejilla –, tan jovial, tan feliz… tan frágil.

Agachó la cabeza hacía mí y me quedé paralizada. Apoyo su frente junto con la mía cuando volvió a hablar.

-Daría lo que fuera por protegerte de lo que sea necesario –habló firme –. No quiero que nada te pase, no quiero que seas parte de la vida de alguien más… Llámame egoísta, Kate, honestamente a esta altura ya no me importa. Te tengo en la mente día y noche, y no hay forma en que pueda sacarte de ahí.

-Sebastián… -susurré.

-Y tú sientes lo mismo, lo sé–afirmó. No era una pregunta.

Mi orgullo salió a flote en el momento menos específico.

-Tú no sabes nada –dije alejándome de él y colocándome en el extremo opuesto de la banca.

No quería salir dañada, sinceramente eso era lo último que me faltaba. Hay clases de dolores que están hechos para ser vividos cada cierto tiempo de tu vida y ya había salido de una etapa así, lo que menos necesitaba en ese momento era la posibilidad de que la herida se abriera de nuevo.

-Dime si no lo sientes, Kate –una dejadez de amenaza cruzó su voz mientras se acercaba y tomaba mi rostro entre sus manos para que pudiera verlo a los ojos –. Dime si no sientes algo cada vez que te toco, dime si no sientes algo cada vez que me hundo en esos ojos pardos tuyos que tanto me encanta, dime si no sientes nada cada vez que te beso –al pronunciar lo último, se acercó tan peligrosamente a mis labios que tuve miedo de no parecer fuerte por una vez en mi vida –. Dime, y si me dices que no… te prometo que te dejaré en paz.

Una promesa bastante peligrosa. Y tentadora. No necesitaba sentirme como me sentía. Honestamente, no quería. Sí había oído una frase que dice “supera el pasado y vive el presente”, pero también tenía bastante grabada aquea que dice “de los errores se aprende” y yo ya había aprendido demasiado. No quería tener que alejarlo, pero tampoco quería permitirle acercarse tanto hacía mí, hacía mi corazón y que al final lo destrozara en mil pedacitos. Simplemente, no lo iba a permitir.

Cerré los ojos de golpe, temiendo encontrarme con los suyos. Varías lágrimas brotaron de mis ojos sin control y me odié tanto a mi misma por ser débil. Pero a veces simplemente se llora, no por ser débil, sino porque hemos sido fuertes durante mucho tiempo. Sebastián, con sorpresa imagino, me abrazó y hundí mi rostro en su pecho, lo cual también fue mala idea. Absorbí su olor más de lo que quería y de un momento a otro, me estaba convenciendo de que en realidad lo necesitaba. De que, aunque yo no lo quisiera, mi cuerpo quería seguir a su lado incondicionalmente; mi cuerpo y mi alma.

Las lágrimas seguían brotando de mis ojos incontrolables y Sebastián, más confundido supuse, se limitó a rodearme con sus brazos y apoyar su barbilla en mi coronilla, en un gesto de protección. Rodeé su cintura con mis débiles brazos y alcé mi rostro para buscar sus ojos: mala idea. Ni yo sabía que sus labios estaban tan cerca que cuando los míos los encontraron, no protestaron. Se movieron a compás mientras él me aferraba más a su cuerpo.

El beso simplemente fue mágico. De esos que necesitas cuando no puedes parar de llorar. Bueno, así. No estaba segura de qué era lo que estaba habitando en mi cabeza en esos momentos, puesto que todo se me nubló. Me mareé y sentía que la banca en donde estábamos sentados no era más que una ilusión. No estaba segura de si era el sabor de sus labios lo que me estaba drogando o si simplemente era el hecho de haber estado llorando como un bebé unos segundos atrás, no estaba segura de nada… Ni de lo que decía.

-No quiero salir lastima –dije entre sus labios y los míos.

¡Dios santo! ¿Qué era lo que acababa de decir? Quería darle “retroceder” a ese momento de mi vida y poder evitar que yo dijera eso. Sebastián se quedo tieso como una roca a mi lado, sus labios ya no se movían, pero seguían unidos a los míos en algo bastante incomodo.

-Yo no… –empezó.

-No lo dije por ti –me hundí en su pecho. –Simplemente no quiero, y lo sabes.

Alzó mi rostro entre sus manos, decidido a que lo viera a los ojos, pero no me creí capaz de hacerlo así que los cerré con toda la fuerza posible hasta que él hablo.

-Abre los ojos, Kate.

Sin salida, así me sentía. Abrí los ojos de mala gana y lo vi, contemplando mi rostro con una cierta fascinación en él. Una sonrisa torcida curvó su rostro.

-¿En qué mundo paralelo te podría yo lastimar? –su tono era más como alguien que dice algo tan absurdo que no lo puede creer.

-No comprendo.

-Ni yo –se justificó. –No lo entiendo, Kate. No entiendo cómo me crees capaz de poder hacerte daño.

Su comentario demostró que se había sentido, y estaba claro que mi intención no fue esa.

-No es que te crea capaz –dije inmediatamente para tratar de enmendar algo –. Nunca dije eso.

Y como un rayo, el entendimiento cruzó su rostro.

-Oh –exclamó –. No Kate, yo nunca te haría daño.

Aparté mi rostro y alejé mis ojos de él tanto como pude.

-Créeme –hablo mientras sus suaves dedos se posaban debajo de mi barbilla alzando mi rostro y haciendo que mis ojos se encontraran con los suyos –, sería incapaz de herirte. Lo único que quiero es que seas feliz, y me atrevo a confesar que quiero ser parte de tu felicidad.

¿Y qué se suponía que debía decir ahora? ¿Que lo invitaba a ser parte de ella? No podía delegarle tanta prioridad en mi vida, simplemente porque fui criada en un ambiente acostumbrado a no prestar tanta dependencia a las personas, puesto que ellas eran libres de irse en el momento en que la idea les cruzara la cabeza. Pero tampoco me podía mentir, él en este momento y desde que se acercó a mí hace apenas una semana me había hecho feliz y era inevitable negarlo.

Me mordí el labio intentado disimular mi incomodidad mientras me liberaba de sus ojos y me limité a hablar con la cabeza gacha y la mirada fija en mis manos que estaban sobre la banca:

-Quiero ser feliz –escruté entre sollozos –, lo deseo con toda el alma…

-Kate…

-Y honestamente –lo interrumpí –, he estado luchando conmigo misma, con mi cabeza, con mi mente, con mis hormonas –lo miré fijamente –, con mis deseos…

Me acerqué cuidadosamente hacía él hundiendo mi rostro en su pecho, rodeando su cintura con mis débiles brazos y él rodeando mis hombros.

-Y creo que tengo miedo –continué susurrando, no tan segura de que me oyera –, de enamorarme perdidamente de ti. De estar atada a tu cuerpo, Sebastián. Tengo miedo de que te alejes.

Y fue el momento perfecto para que las lágrimas salieran e hicieran de mi discurso algo patético, nótese mi sarcasmo. Pero ahí estaban, perdiéndose en mis mejillas y rodando sin control… cuando él tiernamente levantó mi rostro con sus grandes manos y me obligó a verlo, mientras limpiaba delicadamente con sus dedos el rastro que las lágrimas habían dejado en mi rostro… un rostro que expresaba únicamente lo que sentía por medio de ellas, un rostro que le había tocado vivir demasiado, un rostro que estaba cansado de no tener una sonrisa placentera, permanente.

-Te juro por mi vida, Kate, que primero me hago daño yo que lastimarte a ti –dijo sopesando la idea de un último beso, puesto que miró mis labios con duda, pero con deseo al mismo tiempo. Y yo… le ahorré la cortesía y aplasté mis labios contra los suyos en un intento de que el beso no fuera tan lastimero como parecía. Conmigo entre lágrimas y él con rostro angustiado, solamente eso podría parecer.

Pero poco a poco, se fue perdiendo la incomodidad y me atrajo más a su cuerpo, haciendo que instantáneamente rodeara mi cuello con mis brazos, hundiendo mis dedos en su pelo. En ese momento, una chispa de felicidad saltó de mi pecho, por entre mis costillas. Era una especie de cosquilla, pero era placentera, de la que no provoca que se detenga. Ahí fue cuando supe que mi felicidad había llegado junto con Sebastián, y se iba a quedar todo el tiempo que mi sub consiente, mi cuerpo y mi alma lo necesitaran…

Dos meses después.

Llegué al instituto como de costumbre: tenía cargada la mochila al hombro, dos tomos de libros gigantes para mis clases científicas de los primeros periodos y un café en la mano que decidí comprarme de camino ya que supuse que no iba a sobrevivir a Biología sin bolsas debajo de los ojos. Mi mundo entero dio vuelta cuando vi el automóvil de Sebastián aparcado cerca de la puerta principal. Ya habían pasado dos meses desde la aclaración sobre lo que él sería en mi vida y un retortijón en el estomago me hizo sonreír como tonta.

Unos días después de ese día, él me pidió formalmente que fuera su novia. Todavía no puedo considerar la posibilidad de haber estado tan sonrojada y tan nerviosa que mi risa se oía como un asfixio, o algo parecido. Me llevó una docena de yerberas rosadas, mis favoritas; creo que Luisa conspiro en mi contra y le dio uno que otro consejo.

Entré y fui directo a mi casillero. No estaba ni Luisa ni Natalia en mi espera, y no quería ir sola hacía Biología. Abrí rápido mi casillero y metí el tomo inmenso de Química y me quedé con el de Biología, dejé mi mochila y cuando traté de cerrarlo, no lo hacía. Tuve que volver a acomodar mi mochila y hacer un par de muecas para que entrara bien. De pronto, unas manos rodearon mi cintura y su tibio tacto me hizo estremecer. Cerré los ojos y una estúpida sonrisa se curvó en mi rostro.

-Hola, Kate –me susurró delicadamente mientras reposaba su cabeza en mi hombro, como de costumbre, para que al ojo de cualquiera se viera que estábamos a la misma altura.

-Sebastián –susurró mi cabeza lentamente.

Cerré mi casillero y, aún con el tomo en el brazo, me di la vuelta para poder ver sus ojos una vez más. Tenía que decir que verlo de nuevo era un regalo que Dios me regalaba cada día, y estaba realmente agradecida. Él se irguió y, como era de costumbre, así era más alto que yo; con las mejillas coloradas me puse de puntillas para besarlo y él colaboró agachándose un poco. Sus labios no habían perdido el sabor dulce que siempre tenían, como la primera vez que me besó enfrente de mi madre y a mi casi me dio un infarto, pero ella pareció bastante tranquila conforme a eso.

A mi madre no costó demasiado decírselo, era un suceso que era de “esperarse”, según ella, y a ella le agradaba mucho Sebastián. A quién me costó una eternidad decírselo fue a mi padre. Justo después del viernes siguiente de mi cita con Sebastián, yo tenía un fin de semana planeado con mi padre. Tenía en la cabeza muchísimas cosas y no prestaba demasiada atención a lo que me decía. Fuimos a su nueva casa que estaba afuera de la ciudad, casi en medio del bosque o algo por el estilo. Yo había planeando contarle un poco sobre Sebastián para que cuando llegara el golpe final, no fuera tan duro para él… un hombre que casi no comparte mi vida.

Le hablé de la escuela, de Luisa, de Natalia… y de Sebastián, en infinidades. Mi papá parecía muy contento de que yo al fin le compartiera algo de mí día a día, pero él no conocía mi razón original y no lo podía culpar: era un hombre, y ellos suelen hacer eso, ¿no? Pasó el fin de semana y, al menos para mí, ya le había dado un amortiguador a mi padre, para que al día siguiente Sebastián hiciera su declaración y yo aceptara.

Mi idea nunca fue decírselo por teléfono, y mucho menos por mensaje de texto, o algo así… sería el colmo. Así que decidí por arreglar una visita casual, o un fin de semana en su “nueva” casa. Pero él me sorprendió a mi primero antes de que yo lo planeara todo muy bien. Un sábado por la tarde, mi madre había salido con mi tía Lucía y con mi prima Julia al centro comercial, me ofrecí a ir, pero justamente llamó Sebastián preguntando por mis planes, le dije que iba a salir con mi mamá, pero esta última al oír mi tono frustrado me dijo que me quedara y me ofreció invitar a Sebastián a que pasara la tarde en mi casa, conmigo… sola.

Abrí los ojos como platos cuando mi madre lo propuso y no había necesidad de repetírselo a Sebastián pues él ya había oído todo por el otro lado de la línea y me dijo que llegaría en unos minutos; las ventajas de vivir cerca. Pero ese no era el punto; el punto era que nunca creí que mi madre sería capaz de “entregarme así como si nada a los lobos”, si entienden a lo que me refiero. No era que yo fuera a hacer algo malo entando sola con Sebastián, pero no estaba segura de si mis hormonas me lo permitirían y me recordarían lo mucho que decepcionaría a mi madre si eso sucedía. Y tampoco era que no confiara en Sebastián, pero últimamente había decidido evitar estar a solas con él; ya había sucedido una vez en el Spring Break del año pasado y no iba a dejar que sucediera otra vez.

-Confío en ti –me susurró mi madre al oído antes de cerrar la puerta e irse, mientras me dejó con una expresión asustada en el rostro.

Fui corriendo al baño y me fue difícil reconocerme en el espejo. La sangre había huido completamente de mi rostro y parecía una momia con una expresión de asombro. Me lavé la cara tan rápido como pude y al oír el timbre se me agarrotaron todos y cada uno de los músculos.

Calma, Kate. Calma, me repetí en la cabeza. No es posible que le tengas miedo a tu propio novio.

Y no era que le tuviera miedo y mucho menos que desconfiara de él, era solamente la inexperiencia quién estaba saliendo a flote. Bajé las escaleras a trompicones y me mentalicé que no tenía que tenerle miedo, ni desconfianza… ni nada. Que lo quería y si quería que estuviera en mi vida era para traerme alegría y amor. Abrí la puerta y ahí estaba él, parado en el umbral; llevaba jeans y una playera de color celeste, él sabía que no se podía ver más guapo con otro color. Una ráfaga de viento hizo que su olor me asfixiara y me hiciera olvidar lo que había tenido en la cabeza en los últimos dos minutos, me agarró en sus brazos y me abrazo tiernamente, y para dejar de nuevo mis pies en el suelo, me besó tiernamente en los labios y me hizo creer que en realidad mis pies nunca habían tocado tierra.

Me hundí en sus labios y rodeé su cuello con mis brazos, haciéndome notar que ya estaba en el suelo porque volvía a ser lo suficientemente chaparra como para solo llegar a rodear su cuello. Nuestros labios se sincronizaron tan rápidamente que me olvide de lo demás, atraje su cuerpo hacía mí y decidí por conseguir lo que mi cuerpo quería justamente. De pronto, sus manos se colocaron en mi cintura y asumí que él quería lo mismo, pero en vez de acercarme más a él, me apartó. El beso fue interrumpido por parte de él y mi cabeza, abrumada todavía, daba vueltas así que la expresión de confusión surgió naturalmente en mi rostro.

Apoyó su frente en la mía cuando habló:

-Todavía no –me susurró y besó mi frente en un gesto cariñoso. De pronto, se había apartado de mi para ir a la cocina, supuse que para buscar algo de comer.

Y ahí, sola como estaba, me di cuenta que le había estado teniendo miedo y desconfianza a la persona equivocada. No me creí capaz de haber hecho lo había hecho y, de tan solo pensarlo, el arrepentimiento me abrumó. Si no hubiera sido por Sebastián, aquello hubiera continuado hasta tornarse en lo que yo menos estaba buscando, y todo había provenido de mi.

-¿Kate?

Habló Sebastián sacando la cabeza de la cocina, “inspeccionando” si yo estaba bien. Giré sobre mí misma, cuidando la expresión en mi rostro para que no pensara que iba a estallar un ataque de hormonas o algo por el estilo.

-¿Estás bien? –se atrevió a preguntar.

-Eh… sí –afirmé no de un tono muy convincente, pero lo vi a los ojos tratando de persuadirlo –. Solo tengo frío, iré por mi suéter.

Traté de parecer indiferente mientras me subía las escaleras lentamente y el habló con tono tranquilo.

-¿Quieres ver una película? –preguntó con tono dubitativo, pero tratando de mantener el hilo de su indiferencia.

-Como quieras –musité sin darme la vuelta y sin que sus palabras afectaran mis pasos.

Me agarré la cabeza cuando entré en mi habitación, quería dejar de sentirme culpable por casi arruinar la inocencia de Sebastián, si es que así se le puede ver de cierto modo. Él se había controla, incluso cuando él tomo la iniciativa aquella noche de Spring Break y mis hormonas impacientes lo siguieron.

-Vamos, Kate –me dije a mí misma en el espejo que estaba detrás de la puerta de mi cuarto –. Concéntrate, y saca eso de tu cabeza.

Decidida como estaba, salí de la habitación colocándome un suéter café que había tomado rápidamente. Bajé yendo directamente hacía la cocina en donde Sebastián había tomado la molestia de hacer palomitas de maíz en el microondas y él las contemplaba fijamente con una expresión aireada. Cuando aparecí en el umbral de la puerta de la cocina, él curvó sus labios lentamente de forma tímida, supuse que esperaba que tuviéramos una “platica” respecto a lo que paso, pero yo había decidido olvidarlo… obviamente, como era mi culpa, no quería tener el tema en mi cabeza más de lo debido.

Sonreí de la forma más agradable que pude y en ese momento, el microondas dio un pitido, dando a entender que las palomitas ya estaban listas. Sebastián no parecía tener intenciones de moverse, pues tenía la vista gacha, culpable… como si se hubiera arrepentido de alguna decisión, o algo así. Una parte de mí entró en pánico, y la otra se limitó a mantener mis deseos por debajo de la frontera que tenía establecida alrededor de Sebastián… la cual había creado mientras estaba en mi habitación.

Me apresuré a sacar las palomitas del microondas y cuando pasé al lado de Sebastián, él ni me miró. Lo miré para darle a entender que si quería ver alguna película, teníamos que ir a la sala. Tomé su mano notando que estaba en una especie de meditación y cuando lo hice me vio a los ojos, pero los suyos estaban nublados… parecían nublados por un pasado que estaba cruzando su mente… Y no podía permitir que ese recuerdo se quedara ahí.

Durante días habíamos tenido un pequeño problema: Sebastián se negaba a tocarme por miedo a que terminara en tragedia, y por “tocarme” me refiero a que no quería besarme, para nada. Solucioné eso con un poco de estrategia y empleando mí completa confianza sobre él. Pero luego, cada vez que me besaba o se emocionaba al respecto, se retraía lentamente con la esperanza de que yo no me diera cuenta, lo cual nunca le funciono; pero me agradaba que intentara hacer bonito el asunto, lo malo era que luego de eso, su mente procesaba cosas que “podrían” haber pasado si él no se hubiera detenido… Para tranquilizarlo, siempre solía sonreírle o decirle algo que lo sacara de sus pensamientos, pero esta vez sus ojos denotaron miedo y en realidad, me llegaron a asustar.

-Vamos, mi amor –le dije haciéndome la vaca y besándolo en la mejilla lentamente.

Pusimos una comedia romántica, pero casi nadie rió. Yo estaba rodeada de sus brazos, pero me pareció muy raro que él no hiciera ningún comentario por la película, o si apestaba, o si le parecía bastante patética y sus brazos estaban demasiado rígidos alrededor mío, así que decidí vencerme: me acomodé a su lado, sin importar cuantas muecas me pudiera hacer y cerré mis ojos para intentar dormir un poco, puesto que no sé por qué sentía una pesadez en los párpados terrible. Sentí como hasta aguantaba la respiración, pero al ver que me quedé quieta, todos sus músculos se aflojaron.

Espié entre mis pestañas y pude sentir su respiración alborotándolas por completo, así que supuse que me estaba observando y en estas situaciones es donde la risa te vence antes que cualquiera, pero logré controlarme y pude ver su rostro, un poco sepulcral pero tenía enmarcada la sonrisa que yo tanto amaba. Me estrechó más junto hacía él y yo no puse resistencia. Luego de unos minutos, él imagino que yo estaría dormida debido a mi respiración acompasada, pero me las ingenié para que así lo creyera.

-Kate –habló.

¿Acaso me había dado yo al descubierto? No lo creía, pues había cuidado cada ínfimo detalle. Me movió lentamente entre sus brazos, en un intento de “despertador”, parpadeé varias veces y opté por una expresión somnolienta, para hacerlo más creíble.

-¿Qué pasa? –le pregunté volviendo a cerrar mis ojos, no quería abrirlos todavía.

-No, mi amor, no te duermas de nuevo –me pidió –, quiero hablar contigo.

¿Conque eso había estado en su cabeza todo este tiempo? Mi cabeza de adolescente enloqueció y, como si hubieran sido noticias sobre un desastre, me levanté sobre mis manos, un poco apretada porque los dos no cabíamos tan bien en el sillón. Al parecer, mis ojos denotaron miedo cuando él me vio directamente hacía ellos, pues sonrió tiernamente, pero igualmente fue una sonrisa débil. Millones de cosas cruzaron mi mente, y lo primero fue que si esto terminaba, era mi culpa y solamente mi culpa. Me invadieron unas ganas de llorar y las palabras salieron solas, sin poder controlarlas:

-¡Lo siento tanto! –Oculté mi rostro entre mis manos, por miedo a que las lágrimas me hicieran ver más patética de lo posible –Tú has sido tan bueno conmigo, y yo… ¡Aggh!

-Kate, ¿qué dices? –Sonó confundido mientras tomaba mis manos entre las suyas y me obligaba a sacar mi rostro de entre ellas –, ¿te refieres a lo de hace un rato?

¿Y a qué otra cosa me podría referir? Asentí levemente viendo la pantalla para evitar ver su mirada, para evitar avergonzarme más de lo que ya estaba.

-Sé lo que has estado haciendo, Sebastián –confesé mientras me hundía en su hombro –. Lo sé, y yo también me he estado controlando muchísimo, por todo el esfuerzo que tú has hecho y porque… siempre que lo pienso no estoy lista.

Rodeo mis hombros con sus brazos y me acarició lentamente, no habló así que continué hablando evitando un silencio incómodo.

-Y no sé cuándo estaré lista –le confesé. Las mejillas me ardían –, honestamente es una duda que no me puedo sacar de la cabeza, pero –me retiré y vi sus ojos –solo sé que te quiero a ti. Y lo siento si suena egoísta, pero me tomo mucho tiempo poder llegar a ser feliz con alguien en quien realmente confío...

Y mis palabras fueron interrumpidas por sus labios, feroces, pero aún así acompasados con los míos. Pero el beso denotaba ternura por todos lados, así que me empeñé en disfrutar cada segundo, para cuando él se quedó sin aliento, apoyo su frente en la mía y me dijo:

-Sabes que te quiero más que a nada –habló mientras ponía mi cabello detrás de mis orejas –y no quiero que hagas algo que no quieras, o que no estés lista. Te quiero solamente a ti… y estoy dispuesto a esperarte.

No sabía si era la emotividad del momento, pero fue lo más dulce que me habría dicho. Lo besé lentamente mientras una sonrisa recorría mi rostro y él se reía mientras me tomaba entre sus brazos, beso mi coronilla, luego cada uno de mis párpados y luego se dirigió a mis labios, dibujando su contorno con su lengua. Y me puse a pensar seriamente… si este no era el momento, ¿cuándo lo sería? Lo quería tanto como él me quería a mí, me deseaba tanto como yo lo deseaba a él… o al menos de eso estaba segura. Poco a poco me fui acercando hacía él y él no opuso resistencia alguna, mientras enredaba mis manos en su pelo y él aprisionaba mi cintura entre sus brazos. Me estaba adhiriendo lentamente a su boca, a él… y no podía pedir más.

Y de pronto, como si el maldito destino estuviera en mi contra, el timbre sonó. Sus manos se detuvieron en mis caderas y dejó de besarme momentáneamente. Suspiro quedamente y me separo lo más lento que pudo, mientras yo torcía los ojos tratando de recordar que estaba en mi casa, sola, con Sebastián… ¡Y el timbre sonó de nuevo! Me levanté como rayo del sillón y Sebastián se carcajeo mientras pretendía ver la televisión. Corrí al baño para ver qué tan despeinado tenía el cabello y me pasé el cepillo casualmente, me arreglé el suéter, pero el olor de Sebastián se había impregnado en él y me hizo suspirar, mientras abría la puerta con una sonrisa tonta en mi rostro…

-¡Papá! –grité realmente sorprendida.

Y en efecto, ahí estaba Stuart Johnson: se encontraba delante del umbral de mi puerta con una sonrisa radiante… de esas que enamoraban. Pero en este momento no me causaba ningún sentimiento más que preocupación. Y mi rostro no tardo en denotarla, por lo que mi padre también se preocupo.

-Kate –habló con voz sonora, pero grave. Tenía dos meses de no verlo –, ¿no me vas a saludar?

Y traté de actuar lo más normal posible cuando me lancé a sus brazos y el rió guturalmente cuando lo vi con ojos sorprendidos.

-¿Qué estás haciendo aquí? –hablé mientras en realidad trataba de descifrar qué estaba haciendo ahí.

-Vine a verlas –dijo mientras levantaba una mochila del suelo y sacaba un pastel de zanahoria, el favorito de mamá.

Pero mamá no estaba, solo estaba yo… y Sebastián.

-Oh, papá –dije mientras le sonreía –. Mamá no está.

Su rostro se contrajo.

-Salió con Lucía al centro comercial desde medio día –y miré hacia el cielo cuando me di cuenta que ya estaba oscuro.

-¿Lucía está aquí? –preguntó con sorpresa.

-Desde unas cuantas semanas –le sonreí. Y llegué a la conclusión de que lo tendría que hacer pasar, pero entre ocultárselo y que se dé la oportunidad, preferiría aprovechar a aclarar las cosas. Así que tomé el coraje de preguntar algo que sabía que en algún momento lo lamentaría –: ¿Quieres pasar?

Y como si pensara que nunca lo iba a mencionar, asintió mientras pasaba por el umbral y dejaba su mochila en la entrada.

-Papá –dije tragando saliva mientras le recibía el pastel y me dirigía a la cocina, pero lastimosamente, tenía que pasar por la sala –, solo te digo que no estoy sola…

-¿Así? ¿Está Luisa aquí? –qué ingenuo por Dios.

Pero él mismo se respondió al ver a Sebastián sentado, el cual se había enderezado desde el momento en que había escuchado nuestra plática. Yo estaba en la cocina, escuchando el silencio sepulcral que los pasos de mi padre habían comenzado, cuando oí como Sebastián se levantaba y se presentaba ante él… estrechando su mano.

-Buenas tardes, señor Stuart –se oyó el roce de la chaqueta de nylon de mi padre mientras estiraba su mano –. Soy Sebastián Anderson.

-¿Conque tú eres el famoso Sebastián? –utilizó su tono irónico, y en ese momento salí disparada hacía la sala, para situarme justo al lado del “famoso Sebastián”. La idea de tomar su brazo me tentó, tal vez así le quedaba más claro que utilizar palabras porque estaba más que claro que yo era malísima con las palabras.

-Sí, papá –dije antes de que Sebastián dijera algo –. Él es Sebastián –hice una pausa que podría significar el momento que dejaría de respirar, y aún así mantuve el aire en mi pecho cuando dije –: mi novio.

El rostro de mi padre parecía estarle jugando una broma, trataba de parecer tranquilo, pero todos en la habitación sabíamos que no era así. Sentí como Sebastián se puso rígido a mi lado, pero mi padre no dijo nada por lo que me parecieron minutos… y luego, habló:

-Oh, este… bueno –parecía que se había quedado sin palabras, y que un abogado reconocido titubeé no era un buen escenario –. Eso es algo que tendremos que hablar luego… -carraspeó –Estaré en un hotel a unas cuadras de aquí, tengo unos negocios y me quedaré por dos semanas… por si quieres ver al viejo.

Sonrió débilmente mientras decía la última frase. No me dirigió ninguna mirada cuando se ladeó hacía la puerta.

-Un gusto en conocerte, Sebastián –hizo referencia con la cabeza.

-El gusto es mío, señor –habló con tono ronco.

Mi padre se dirigió lentamente hacía la puerta sin hablarme a mí.

-¿Papá?

Me ignoro y pude oír como recogía su mochila. Me separé del lado de Sebastián y grité:

-¡Papá! –corrí hacía la puerta, pero lo único que recibí fue un portazo en la cara. Salí disparada hacía la calle, pero solo vi su espalda caminando recto hacía el único hotel decente que existía a unas cuadras.

Cuando entré a la casa, no sabía qué pensar. No sabía si pensar que a mi padre en realidad le había afectado tanto y al ver esa expresión en su rostro… ¡Dios santo! No pude evitar que una lágrima saliera.

-¿Estás bien? –me preguntó Sebastián cuando entré con voz dulce.

Negué con la cabeza mientras las lágrimas salían a flote y rodeaba su cintura con mis débiles brazos mientras él me dirigía al sillón para tranquilizarme…

-¿Kate? –Sebastián musitó – ¿Sigues aquí?

Y por poco me pierdo en el recuerdo, y olvidaba que estaba en el pasillo con mi querido Sebastián justo enfrente mía. Pero era casi imposible no vivir en ese recuerdo si solo había sucedido el fin de semana pasado. Había decidido ir ese mismo día a visitar a mi padre, tenía la esperanza de que se encontrara ahí, y aclarar las cosas.

-Sí, no me perderás tan fácilmente.

Se rió tiernamente y me paso un brazo por el hombro cuando empezamos a caminar.

-¿Irás a ver a tú papá? –preguntó curiosamente.

-Supongo –agaché la cabeza –, pero aún así me parece un poco extraño que se haya salido de sus casillas por un simple hecho.

-Kate, míralo del modo en que él lo ve: su única hija, con la cual no tiene la dicha de pasar mucho tiempo, ha sido manipulada y embrujada por un chico común y corriente que todavía no entiende que es lo que ella vio en él –me detuve para verlo a los ojos y é me sonrió débilmente.

-Todavía no sé qué fue lo que vi en ti, ni lo que tú viste en mí.

-Preciosa, si discutimos eso –acarició mi mejilla –nunca acabaríamos.

Y lo consiguió. Una sonrisa, de las que solo él podía causar, se dibujo en mi rostro.

-Así me gustas aún más, ¿lo sabías? –me susurró discretamente al oído.

Y como era inevitable, mis mejillas se tornaros rosadas de un momento a otro, y se lograba contrastar bastante con el tono pálido-amarillo de mi piel.

-Entiéndelo, Kate. Tiene miedo –acarició nuevamente mi mejilla –. ¿Te las ingeniarás sola un periodo? Tengo física fundamental y te juro que me dolerá la cabeza en cuanto llegue.

-No seas tan ridículo –dije mientras se reía y beso mi coronilla en son de despedida.

-Te alcanzo en el libre –me gritó cuando se dio la vuelta y se ponía a hablar con un sujeto que al parecer era su compañero de clases.

En ese momento me pregunté por el paradero de Luisa y Natalia, no las había visto pero asumí que deberían estar en Biología. Pero mis necesidades biológicas me llamaron y tuve que entrar al baño más cercano. Cuando me dirigí al lavamanos, noté unas botas de gamuza pulcramente limpias debajo de una de las puertas y no me molesté en ver mucho tiempo porque respetaba la privacidad, pero me embargó la sorpresa al ver que era la misma Jasmine quién estaba detrás de ese cubículo.

Me dediqué a lavarme las manos meticulosamente y no dirigirle la mirada.

-Con que lograste embrujar a Sebastián, ¿eh? –soltó con su venenosa voz.

No quería parecer retardada y mucho menos débil así que me limité a ignorarla.

-Todavía no sé qué demonios podrías haber hecho para llamar su atención –me recriminó en un tono tan sarcástico. Luché tanto por morderme la lengua, pero no pude y no podía quedarme callada ahorita.

-No fui tan fácil como tú –se lo dije en la cara y pude ver como sus ojos verdes de color viscoso casi se retorcían. Y como balde de agua fría, sentí su fría y dura palma sobre mi mejilla.

-Más vale que te arrepientas de eso –dije con una mano en mi mejilla.

-Cuida tus palabras a la próxima –siseó y no vi a qué hora, pero me empujó fuertemente y yo caí al piso, mientras que ella corría hacía la puerta y oía cómo manipulaba la manija y se oyó un pequeño clic que me desbocó el corazón. Había cerrado con pasador, mientras yo estaba adentro. La oí reírse afuera y jure que esto sería solamente una pesadilla, o que despertaría pronto… pero no.

Tomé mi teléfono y no podía marcarle a nadie porque ya estaban en clases, así que le mandé varios textos a Natalia y luego a Luisa, para que los vieran… y se iba a leer muy patético que escribirá: “Me encerraron en el baño, vengan con refuerzos.” Y como si fuera arte de mi magia, recordé una fobia que desarrollé de pequeña, al quedarme encerrada de la misma manera en la habitación de un primo paterno… yo solía sufrir de claustrofobia. Pero eso ya hace muchísimo tiempo, así que era casi imposible que eso me sucediera…

Miraba los minutos pasar en el típico reloj situado arriba de los espejos, yo sentada cerca de los lavamanos y me empezaba a marear. Empecé a sudar frío y sentía que cada gota bajaba al compás de las agujas del reloj. Noté que sobre mi cabeza había unas ventanas y consideré la posibilidad de abrirlas, pues el calor me estaba matando. Pero estaban muy arriba como para que mi estatura las alcanzara. De la desesperación, me subí en una taza con la tapa cerrada. Me acerqué lo más que pude, pero mi suela estaba mojada y resbalé…

Me golpeé la cabeza contra el suelo, y sentí como por cada segundo marcado en el reloj se me volvían más pesados los párpados. No me quería sumir en una oscuridad profunda, pero… me estaba arrastrando hacía ella; era su presa y, raramente, me encontraba sin salida…



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*se asoma tímidamente, con la esperanza de que todavía quede alguien*

Sí, lo sé. Merezco un linchamiento de tamaño proporcional. Lo sé, me la merezco. Y no, no tengo excusa alguna, más bien... tengo una explicación "coherente" de mi "falta de inspiración".

-Honestamente, estuve evitando escribir (no solo este cap, sino que tocar el blog). Resulta que este blog me trae muchos recuerdos de cosas que lamentablemente ya no tengo en el presente y, como dijo una lectora ahí, escribir esto hace que hayan pensamientos en mí cabeza que no deben de haber. NO. No digo que vaya a cerrar el blog. Entendí que las cosas suceden por algo, y si todavía quedan niñas preciosas [nótese el alágo] que leen eso, pues seguiré escribiendo.

Me costó demasiado hacer este cap, primeramente ya lo dije, por los recuerdos, pero aprenderé a deshacerme de ellos porque no dejaré que eso me impida hacer lo que más amo: escribir. Segundo, porque sentí que si esperaron mucho, al menos deberían de tener un cap con el doble que leer, ¿no creen?

A todas las que todavía me leen, en serio a este punto les digo que las amo, gracias por su confianza y su fidelidad (?)

Y aunque suene un poco madura aquí, nope, la Majo bipolar no se ha ido, solo se fué para dejarme terminar el cap :)

Espero lo disfruten [consideren la hora en que estoy posteando] [12:27am en Guatemala].

Siganme en Tuirer: @iMajoGarcia.

¡GRACIAS!


La verdad debe ser celebrada, no importando quién la diga.


sábado, 30 de julio de 2011

Frustración y Orgullo. Cap. 13

Imaginando la voz de Sebastián susurrando ésa última frase, caí en un profundo sueño esperando para que mis esperanzas se volvieran realidad….

En la mañana desperté solamente porque la luz del sol entró por mi ventana. Me quedé un buen rato viendo el techo de mi habitación pensando en… nada. Se me hace difícil que una mujer piense en “nada”, pero no sólo los hombres pueden hacer eso. De pronto, mi teléfono vibró en la mesa de noche y admito que me dio pereza acercarme si quiera a él, pero me estiré un poco y lo agarré.

Era un texto de Luisa que decía: “¿Te podrías dignar a aparecer? Desde ayer que no te veo. ¿Qué tienes? ¿Estás enferma? Tengo tiempo libre, ¿puedo llegar a tu casa?” Y más o menos así se leía un texto desesperado de Luisa. No me culpen, ella era una persona magnifica y realmente significaba demasiado en mi vida, y ya me había acostumbrado a descifrar sus emociones vía textos o teclas.

Lo cierto es que tenía muchísimas en las cosas en la cabeza, pero tenía una clase de preocupación que sólo ella podía entender así que tecleé lo más rápido que pude: “Aparécete por acá lo más rápido que puedas. Gracias”.

Mientras ella llegaba decidí ordenar mis ideas para no sonar como una estúpida enfrente de ella. ¿Así que qué era lo que me preocupaba? La respuesta golpeó mi cabeza y la sentí tan fuerte que hubiera jurado que Rocky Balboa fue el responsable: “Sebastián”. Sinceramente desde que había aparecido él, todo se me había complicado un poco más. ¡Qué digo un poco! Demasiado para ser sincera. Verlo de nuevo a él, que esos sentimientos que tenía adentro, muy adentro de mi ser surgieran a la superficie con su llegada, esas insinuaciones de no querer ser sólo mi amigo, todo eso mezclado me estaba creando una laguna mental.

Ahora, al agregarle a todo eso un poco de miedo tendrían la receta perfecta para hacer que Kate tenga unos días muy pensativos, pero ¿miedo a qué? ¿Miedo a que pasara algo entre nosotros? ¿Miedo a que algo malo pase? ¿Miedo a llegar a quererlo bastante? ¿Miedo a que después de todo, él se vaya sin más? Lo cierto era que no había tenido muchas experiencias con el género masculino, si mucho unos dos novios en la primaria, cuando uno no tenía sentimientos y era solamente un juego de niños, pero nada serio hasta ahora. Sebastián era el primero en demostrarme su cariño de esa manera tan delicada y si lo que quería era conquistarme, pues dudaba de si lo estaba logrando o no.

El punto era que no quería apresurarme, no quería sacar conclusiones ni nada, pero en realidad las necesitaba. Necesitaba saber qué era todo lo que Sebastián iba a ganar con esto o qué se yo. En toda película o incluso en la vida real, existe el típico sujeto que se dedica a jugar con los sentimientos de las de mi tipo: ingenuas, tiernas, dulces, con tanto amor para dar y así. Y realmente no conocía a Sebastián muy bien, así que ¿qué me podía asegurar que él no era igual que el resto?

He tenido varias amigas, incluso Luisa, quienes me han jurado que todos son iguales. Me dolía decirlo, pero hasta mi padre iba incluido en la frase de “todos son iguales”. Iba incluido porque, a pesar de ser un buen esposo, un buen padre y un buen hombre que no aportaba daño alguno a la sociedad, aún sabiendo lo que era correcto y lo que no, no peleó por lo que quería: mi madre. Y sí, hay algo a su favor, mi madre es alguien que no dejaría que nadie peleara por ella, es tosca, salvaje. Y precisamente porque mi padre sabía eso, no peleó por ella. Supongo que todos poseemos ese mal llamado “orgullo”, y supongo que mis padres no fueron la excepción: mi madre al no dejar que mi padre peleara por ella, hizo que él se rindiera, algo malo por supuesto. Pero algo que mi madre nunca había confesado, pero yo pude notar en sus ojos era que a ella le hubiera encantado que mi padre peleara por ella.

Ambos eran un par de inmaduros, orgullosos y patéticos, y era eso lo que me quería evitar. No estaba segura de si Sebastián sería capaz de pelear por mí, y si lo era ¿seguiría peleando por mí hasta el final? Tenía un rotundo miedo a terminar igual que mis padres, frustrados al no estar con la persona que realmente aman y sufriendo por culpa del orgullo, ya que es eso mismo quien no se los dejaba aclarar todo.

Sentada en mi cama, abrazando mis piernas y retorciendo mis cabellos. Así me encontró Luisa cuando subió las escaleras, dijo que mi madre había salido con Julia y que Lucía, mi tía, estaba abajo preparando el desayuno. Permanecí ausente hasta que a Luisa se le ocurrió preguntar:

-¿Qué tienes? –musitó.

Y fue allí en donde la bomba explotó. Le dije todo lo que había pasado por mi cabeza y al hacerlo, las malditas lágrimas no pudieron contenerse sobre mis ojos. Ella se dedicó a abrazarme y a tratar de arreglar un poco mi cabello que se encontraba en su peor forma cuando alguien cruzó el umbral de la puerta de mi cuarto…

Mi tía Lucía se encontraba con la espátula en una mano y con restos de harina en la otra, tenía una expresión en su rostro preocupada, temerosa. Yo ni la había sentido llegar sino que fue Luisa, quien apartándome se dio la vuelta para poder ver la puerta.

-Luisa –la llamó por su nombre –, ya hay unos panqués preparados en la cocina, ¿puedes bajar?

Eso era, en pocas palabras: “¿Te puedes ir? Necesito hablar con mi sobrina.” Luisa avergonzada bajó sin decir alguna palabra. Cuando ella se fue, me quedé con la cabeza gacha puesto que desde chiquita me avergonzaba cuando alguien me miraba lloraba. Ella me abrazo en silencio. Y eso era lo que necesitaba: silencio. Me aferré a ella como si estuviera al borde de un acantilado y ella fuera la única ayuda que me podrían aportar. Me aferré tanto a ella esperando que esa maldita frustración se fuera.

Cuando ya no tenía más lágrimas qué sacar, fue cuando se le ocurrió hablar.

-¿Serías tan amable de explicarme que te pasa? –preguntó con cierto tono sarcástico.

-Es algo tonto –susurré mientras limpiaba el recorrido de una lágrima en mi mejilla con la manga de mi suéter.

-Katherine –dijo mi nombre completo y confieso que me asusté un poco –, si fuera algo tonto creo que no estarías llorando.

Jaque.

-Tienes razón –dije, vencida –. Es que, bueno… hay un chico…

-¡Ay no! –Me interrumpió –No me digas que esto es por un chico, ¿cómo se llama? ¿En donde vive? ¿Qué te hizo?

-No me ha hecho nada, Lucy –la tranquilicé –. Aún.

-¿A qué te refieres? –enarcó una ceja.

Le expliqué todo, a excepción de lo sucedido en el Spring Break. Le dije de mis temores, de mis dudas, e incluso de pensar que todo era solamente mi imaginación, a lo cual ella te respondió.

-¿Cómo puedes pensar que es tú imaginación si te beso, Kate? –preguntó atónita.

Yo solo agaché la cabeza. Lo que sí sabía, era que estaba haciendo de todo esto una gran preocupación cuando no debería ser así.

-Mira –me dijo –, sinceramente no tiene por qué afectarte nada de lo sucedido con tus padres. Estás en la etapa en donde tienes que experimentar todo o tu juventud se irá. No te estoy diciendo que te acuestes con todos los chicos que te pretenden –me exalté, puesto que no lo había pensado de esa forma –sino que no deberías de tener miedo si es que te llegan a lastimar. Sí, es un sentimiento horrible, pero es algo que tanto tu madre como yo hemos vívido, y es algo que en algún momento sentirás. Es parte de la vida.

Supongo que mi cara expresó perfectamente lo que sentía: ¿confusión?

-Tampoco te estoy diciendo que sufras a propósito, sino que no tienes que temer por sufrir. Si él te hace daño, es un desgraciado que no sabría valorar lo que tuvo y que se vaya por otro lado. Pero tampoco tendrías que tomarlo por las malas… ¡Ni que te fueras a casar con él! Sólo te digo que si él muestra ahora sus buenas intenciones y si tu realmente sientes algo por él… vive el momento, que es, sinceramente, lo mejor que puedes hacer. Si algo pasa después, pues es asunto del futuro, no del presente.

Bueno en pocas palabras su consejo fue que me dejara llevar por el momento, que lo viviera y que no me preocupara por nada. Que si en todo caso algo malo pasaba, pues que el dolor no era permanente y que eso se superaba.

Admito que no fue tan buena idea llorar y que mi tía se exasperara y así, pero por un lado su consejo me ayudo ¿un poco? De todos modos, le rogué que no le dijera nada a mi madre puesto que no quería preocuparla con cosas de poca importancia, pero no me juzguen… ¡Soy una adolescente hormonal!

Mi tía Lucy me obligó a salir de la cama, no tenía muchas ganas y aparte la cita con Sebastián era hasta en la tarde. Metió la excusa de que no quería que mi madre me viera con los ojos hinchados y con fachas de enferma. Le insinué que estaba enferma del estomago y me ignoró. Me obligó a bañarme y ella personalmente me secó el pelo. Luisa sólo se reía mientras miraba mis muecas cuando Lucy jalaba demasiado fuerte mi pelo. De pronto, mi celular vibró en mis piernas y me asusté al ver el nombre de quién estaba llamando. Mi tía exaltada apagó la secadora para que yo contestara sin ningún ruido.

-¿Diga? –me tembló una milésima la voz.

-¿Kate? –su voz susurraba mi nombre, incitándome.

-¿Si? –soné como quién no quiere la cosa.

-Soy Sebastián –aclaró.

-Ya lo sabía –las palabras se escaparon de mi boca sin poder controlarlas.

El rió suavemente, de esa risa que me hacía morderme el labio inferior.

-Solo llamaba para ver a qué hora te puedo ir a traer hoy –musitó.

-Bueno –dije mientras le hacía señas a mi tía para que me ayudara con la hora o algo así –, no le he platicado del todo a mi mamá, pero creo a las siete está perfecto.

-¿Y cuál es tu toque de queda? –preguntó con un atisbo en su voz.

-¿Mi toque de queda? –Pregunté en voz alta para que mi tía me pudiera orientar, ella me hizo señas con los dedos y me dio a entender que a las diez estaba bien –A las diez.

-Perfecto –concluyó –. Paso por ti a las siete entonces.

-Nos vemos –dije ocultando un gritito en mi interior.

La verdad era que ni yo sabía que íbamos a hacer, pero el chiste era sacarme la duda. Cuando llego mi mamá se sorprendió de verme tan… ¿peinada? y a Luisa tan temprano por la casa ya que ella no llega sino hasta después de las cinco de la tarde.

-¿Se podría saber a dónde vas? –ordenó mientras dejaba su abrigo en el perchero.

-Olvidé comentártelo –hice una expresión inocente, como si se me hubiera pasado desapercibido.

-¿Qué cosa? –me miró a los ojos.

-Sebastián me invitó a salir esta noche –dije con aire despreocupado –. Sinceramente, no sé a dónde me va a llevar, supongo que al cine o algo así.

Mi mamá se miró un poco desconcierta sobre la noticia. Por un momento creí que no le agradaba la idea.

-Se puede ver que Sebastián es un buen chico, ¿no? –insinuó, como si estuviera esperando a que yo la contradijera y le rogara que no me dejara ir.

-Lo es –afirmé –. No lo conozco toneladas, pero lo conozco lo suficiente.

Y esa era, en una parte, una frase totalmente cierta. Espere pacientemente mientras mi mama jugueteaba con las llaves en sus manos. No les quitó la mirada cuando habló.

-Te quiero a las diez aquí –concluyó mientras subía a su habitación y no me permitió darle las gracias.

Era claro que algo le molestaba, estaba dispuesta a subir las escaleras e ir a preguntarle qué tenía, si tenía algún inconveniente con mi cita con Sebastián, podía cancelarla y ya. Pero mi tía Lucy me tomó de la muñeca en el momento en que yo pisé el primer escalón y me dijo:

-Déjame esto a mí –habló mientras guiñaba un ojo –. Luisa, necesito que me hagas un favor.

-Lo que quieras, Lucy –dijo Luisa mientras se paraba del sillón en donde estaba cómodamente viendo la tele.

-Julia se va a morir del aburrimiento hoy, lo tengo por seguro –dijo mientras buscaba algo en su cartera.

-¿Qué yo qué? –preguntó Julia desde la cocina.

-¿Tienes planes para esta noche? –preguntó mi tía a Luisa.

-Pues no.

-¿Quisieras ir al cine con mi hija? –dijo, más en un tono de súplica que cualquier otra cosa.

A Luisa y a Julia les encantó la idea. No se conocían muy bien, pero podían llegar a entablar una buena conversación.

Como si nada, llegaron las siete en punto… y el timbre sonó. Mi tía fue corriendo a abrir la puerta mientras que yo, en un ataque de pánico, me metí al baño más cercano. Respiré profundo y prendí la luz. Me observé un tiempo en el espejo, lo justo para ver cada detalle que llevaba esta noche. Mi pelo caía onduladamente sobre mi espalda y hombros, mis ojos delineados se miraban más grandes y pardos, mis labios llevaban un labial de un tono rosado suave. Llevaba unos jeans negros, unas zapatillas moradas y una pollera morada.

Miré mis ojos, tenían una clase de chispa que no habían tenido jamás. Me ruborice de la sola idea de que fuera solamente por él. Sonreí para mí misma como si alguien me hubiera contado algún chiste o algo así. Luego me miré al espejo y descubrí que me miraba como una tonta… pero aún así seguí sonriendo.

Salí del baño aún con la misma tonta sonrisa y me dirigí a la puerta donde pude oír perfectamente bien cómo mi tía se presentaba hacía Sebastián. Él solamente sonreía, puesto que le tomaba mucho tiempo poder fluir una conversación con una persona. Cuando llegué ante él, sus ojos se iluminaron de un modo gracioso mientras que mis mejillas se tornaron rosadas. Llevaba un jeans negro, una camiseta verde pegada a su cuerpo y una chaqueta negra; me mordí el labio. Su pelo estaba perfectamente despeinado y tenía una que otra gota en sus cabellos. Mi tía solo nos dedicó una sonrisa y me recordó mi toque de queda. Cuando salimos, Sebastián habló.

-No te salude cómo hubiera querido –dijo y besó mi mejilla suavemente. Mis mejillas, de nuevo, tomaron color y supuse que en mi rostro denotaba la duda del por qué no lo había hecho antes, y me respondió –. Supongo que me apene porque estaba tu tía ahí.

Quise soltar un pequeño “awwww”, pero me controlé. Me tomó de la mano y sentí como una electricidad recorría mi cuerpo, ¿era posible que él la sintiera también? No me había percatado de que estaba observando nuestras manos y al hacerlo, levanté la vista para que no se diera cuenta, pero era muy tarde: Sebastián me contemplaba con una mirada ingenua y con un brillo sin igual en sus ojos. Sonrío y me condujo hasta su coche.

-¿Cuáles son tus planes para esta noche? –pregunté. La curiosidad me estaba matando.

-Ya lo verás –dijo arrancando el carro y poniendo una sonrisa malévola.

No tenía idea de a dónde nos dirigíamos, si conocía los lugares y todo, puesto que yo había vivido ahí toda mi vida, pero no tenía idea de por dónde rondaban sus planes para ésta noche. Cuando llegamos al parqueo, no podía ver más allá de muchas filas de carros aparcados así que aún seguía en la ignorancia. Él salió a toda velocidad y se dirigió a mi puerta para abrirla, me ofreció su mano y yo la acepte con gusto. En cuánto estuve afuera, extendió su otra mano y he ahí una pequeña yerbera rosada. Me la entregó y me ruboricé hasta más no poder.

-¿Cómo sabías que son mis flores favoritas? –pregunté mientras contemplaba la flor en mi mano.

-Intuición –me guiñó el ojo.

Me mordí el labio tratando de contener mi gran sonrisa. Caminamos hacia donde se veían más luces y cosas así, ahí fue donde entendí que estábamos en el muelle que está cerca de la ciudad. En esas fechas, se organizaba una especie de feria en este muelle y lamentablemente nunca había podido ir y justamente este año volví a escuchar de la famosa feria y hasta había pensado en ir con Luisa y con alguien más, pero todo se me olvido cuando él llegó.

Supuse que mis ojos se iluminaron a ver una gran rueda de la fortuna en el centro de todo, era la reina, era lo más grande por esos lugares, todo giraba a su alrededor; Sebastián, por su parte, tenía una mirada apremiante, como si había decidido lo correcto al venir aquí… y así lo fue.

Pasamos por cada puesto de juegos que había ahí. Intenté en varios, pero para ser sincera no era buena en esas cosas y lo demostré con todo el vivo esplendor. Sebastián trató en un juego en dónde había que apuntarle a un payaso con una pistola de agua, y quién hiciera que el payaso subiera más rápido, era el ganador. Igualmente falló. No dije nada, porque no quería que se avergonzara o algo así. Cuando se dio la vuelta en su mismo asiento, se dio cuenta que yo estaba más cerca de lo que él esperaba. Me tomó de la cintura y me dijo:

-Lo siento –con vergüenza en sus ojos –, no soy bueno para estos juegos.

-No importa –dije mientras lo tomaba de la mano inconscientemente y buscaba un puesto de comida –, vamos. Te invitaré a algo.

Caminamos hasta encontrarnos con lo que estaba buscando. Si bien los rumores eran ciertos, los algodones de azúcar de estas ferias eran los mejores. Pedí dos y justo cuándo iba a entregarle al vendedor el dinero, Sebastián se me adelantó y los pago él.

-¡Oye! –Lo reprendí –Se supone que te los iba a regalar.

-El mejor regalo por parte tuya esta noche –se acercó a mi oído –, es que estés aquí.

¿Y así planeaba yo tratar de pasar la noche controlando mis mejillas para que no me delataran? Caminamos entre toda la gente que había ahí y me sugirió un lugar para ir a sentarnos y acepté. Mis pies me estaban matando, las zapatillas no son adecuadas para largas caminatas.

Cuando nos sentamos me dispuse a comer mi algodón rosado de azúcar y el hizo lo mismo con su algodón azul. Comenzamos a charlar. Hablamos de lo que él hacía en su antiguo hogar, de lo que no le gustaba hacer, de lo que quisiera hacer cuando tuviera la oportunidad; básicamente, hablamos solamente de él y eso fue algo que no me incomodo para nada. Tenía esa ansía de saber muchas cosas sobre él, como si fuera una caja de pandora: era un misterio, literalmente, lo que había dentro de él. Y ese misterio era lo que lo hacía tan atractivo. Leí un libro en dónde la conclusión final era: “El misterio es parte esencial en la vida de todos” y era muy cierto. ¿Por eso dependía yo de Sebastián? No lo sabía a ciencia cierta, pero quería descubrirlo; era otro misterio para mí.

Poco a poco, fuimos avanzando en la conversación y me habló del Spring Break. Mi columna vertebral sufrió un pequeño colapso. Habló de por qué había ido al viaje, de qué pensó en el momento en que me vio y de hacer lo que hizo… bueno, eso no lo pensó tanto.

-Ya te dije –continuó él –, no era mi intención hacerte daño.

No sabía si tenía la suficiente voz como para responder así que utilice el único recurso que tenía a la mano: la mirada. Mi meta era poder ver sus pardos ojos, con esperanza de no derretirme en ellos, y así darle a entender que no tenía por qué preocuparse ya por eso. Lo pasado, pasado. Pero lamentablemente, sus ojos se derritieron en los míos y generaron un tipo de ansía por estar aún más cerca de él. Como era de esperarse, era una débil y cobarde así que no me atreví a acercarme un centímetro más a él.

Llegué a la siguiente conclusión, o Sebastián podía leer mentes o mis ojos me delataban más de lo que esperaba. Eso fue debido a que, pocos segundo después de mi pensamiento sobre mi cercanía con el susodicho, éste último se fue acercando a mí. Más y más. Tomo mi cara entre su mano derecha y vio mis labios. Como siempre, sabía que él sabía que yo quería. Confuso, lo sé, pero nos entendíamos.

-¿Puedo? –preguntó.

¿Quién en su sano juicio pregunta eso?, preguntó mi voz interior.

Solamente asentí. Sinceramente, a ese punto ya no era capaz de poder hacer nada más. Sus dulces labios se posaron en los míos y ésta vez fue distinto a las últimas dos veces. Sentí cómo nuestros labios se unían inocentemente, pero al mismo tiempo sentía una chispa voraz. Me deje llevar, lo admito. Colocó su mano en mi cintura para acercarme más a él, mientras que yo rodeaba su cuello con mis brazos, en un vago intento de que nunca se alejara de mí. Quisiera poder describir ese beso, enserio que quisiera… pero hay cosas inexplicables, justo como ésta.

Cuando se retiró de mi, sonrió dulcemente al verme y yo no pude evitar sonreírle del mismo modo. Me recosté en su hombro puesto que tenía frío. Él, amablemente, me ofreció su chaqueta y yo no la negué. Me di cuenta que su chaqueta tenía ese olor peculiar a él y me dispuse a inhalarlo. Como un rayo, imágenes se azotaron en mi mente: mi madre apoyada en el hombro de mi padre justo del modo en que yo estaba en el hombro de Sebastián; el día de su boda, ella vestida de blanco, reluciente y con una liviana pancita de unos cuatro meses de embarazo y mi padre, guapo como siempre en su traje de gala. Pero así como vinieron los buenos recuerdos, así vinieron los malos: mi madre llorando en su cuarto debido a una gran pelea con mi padre; ella otra vez llorando al encontrar algún regalo que mi padre le dio en sus momentos de novios; mi padre, con su rostro angustiado por perder a mi madre; mi padre llorando.

Todo se había destruido en un segundo. ¿Qué fue? ¡Ni yo sé! Pero habían pasado de una situación tan linda como en la que yo estaba, a no ser nada… Fue ahí cuando reaccioné: no era nada de Sebastián, solo su amiga. Si no quería ser solamente mi amigo, ¿entonces qué quería ser? Nunca lo había especificado y fue cuando mi lengua habló más rápido que mi cerebro:

-¿Sebastián? –dije retirándome de su hombro.

-Dime –dijo viéndome a los ojos.

-¿Qué somos? –hablé. Y por primera vez, tuve el valor suficiente para hablar… y no me faltaron palabras.

-¿Sabes? –Dijo tomando mi mano –Estaba esperando a que me lo preguntaras…




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Bueno, pues lo prometido es DEUDA, señoras y señores. He aquí el tan ¿sufrido? capítulo.

-Honestamente, siento que es un capitulo muy sentimental. Oseaceselesecelesecele de que le puse mucho sentimiento. Es más, les confieso que algunas partes de éste cap en realidad sucedieron en la vida real, en un pequeño lugar llamado Nothing Hill.. jajaja nta no se crean :) Pero sí, dejando a un lado los hechos que si fueron real en este capitulo, también hubieron muchísimos sentimientos al hacer esto. Ya saben, una escritora debe hacer lo posible por crear el mejor capitulo... asi va la frase, ¿no? Jjajaja tampoco se crean, esa frase la inventé yo ;)

-Espero les guste ! Ahorita tratare de actualizar todos los viernes/sabados y/o domingos. Depende de qué salga y así. También les confieso que en vez de estar estudiando para mi exámen de física fundamental que tengo el día lunes, estoy actualizando :) Ja. Ironías de la vida. Ya quisiera que mi maestro de Física leyera esto .-.

-Otra cosa, he visto que varías me han puesto cosas como: "Oye, pasate por mi blog" o cosas así. Y sinceramente, entre comentarios se me hace muy díficil así que mandemelos a este mail: majoogarcia@gmail.com y ahí leeré los blogs que quieran. Y de paso, los recomendaré en otro blog que tengo con Mari Trelles que se llama Los Blogs + Pedidos. Lo tenemos un poco descuidadito, pero es a falta de recomendaciones :| bu.

-Con respecto al concurso, dejenme cranearlo bien bien y les paso las reglas el viernes de esta semana :)

Insisto, gracias una vez más por ser tan lindas y seguir leyendo. Muchísimas gracias!

Para las que tengan tuiter, siganme: @Majoo_Garciaa aveces tuiteo cuándo publicaré y eso ;)

Bueno, yo me despido porque me necesitan en otra parte de la galaxia. Sí, me descubrieron... soy superheroína de trabajo completo :) JAJA. Nta hoy sí ya ni sé qué tengo en las venas la verdad...

OH SI OH SI OLVIDABA ALGO. ¿QUIEN YA VIO LA ULTIMA PELICULA DE HARRY POTTER? :) Quien ya la haya visto, dejenme su comentario por favor, gracias. Pero eso sí, cuidemos los spoilers por quienes no todavía. (Aunqe creo que la mayoría ya).

Bueno hoy si ya me voy.

Chaito.


Like a Skyscraper.

jueves, 28 de julio de 2011

Tres puntos.

Okay, esto aparte de una inmensa disculpa es algo como una recompensación..? ¡Ja! No sé, pero empecemos por la disculpa ¿les parece?

Estoy ínfinitamente AVERGONZADA con todas ustedes, sinceramente (como se diría en mi país) me pele al dejarlas tan abandonadas... pero les juro que el último día que publiqué fue el último día tranquilo en mi existencia durante este año. Les cuento que todo se me vino abajo en todos los sentidos: Estudios, familia, salud, ánimo, mi novio y pues, no todo tuvo un final feliz... boé para qué dar más explicasiones cuando creo que me entendieron bien. Todo eso dejando a un lado que estaba en éxamenes finales y me vengo enterando que saqué un "Debe mejorar" en Contabilidad por lo que me dejaron trabajo extra y pues, ya sabrán imaginar el severendo discurso de mi madre con algo mezclado a "nunca habías sacado una nota así". Agreguenle a eso el estres de que a mi madresita linda se le antojó enfermarse (nótese mi sarcasmo) y la operaron... añadan que a los malditos, pinches y jodidos CACOS (Cacos: Disecelesecesele de la persona que se dedica a robar cosas ajenas.) decidieron robarse mi telefono :@

Bueno, eso fue casi casi un resumen de Mayo para Julio... finales. Estoy tratando de mantenerme en pie, puesto que siento que justo ahora la Vía Lactea se puso en mi contra por ser alérgica a la lactosa entonces ya sabran :| Jaja, no se crean ;) pero sí admito que no son los días en donde tengo mis ánimos hasta el cielo !
-Gracias gracias a todas las que se preocuparon por mi :$ Por ahi lei un comentario que decia algo como "Da señales de vida" y heme aquí hondeando mi bandera de color Verde Chingalavista :)
Tengo planeado publicar hoy o mañana, para ser sincera no tengo ni el comienzo del capitulo pero tengo tanto en la cabeza (me refiero a ideas) que me urgen plasmar y mañana no voy al colegio porque a mi director se le ocurrió así de la nada decir "Suspendamos las clases" y Kaboom ! Nta no se crean, es porque mañana hay una protesta en mi país y lamentablemente esas personas se salen de control, sacan el animal salvaje que tienen adentro para poder aplicar lo aprendido en Animal Planet, sacan todo el Kame Kame Ja, ó si lo quieren ver de otro modo... ¡SACAN TODO EL FUAAAAAA! JAJAJAJAJAJAJAJA.

Bueno, he ahi mi tremenda disculpa/explicacion debido a mi ausencia. Otro punto que quiero tocar es que siempre he querido hacer un concurso en este blog y ultimamente he estado abierta a cualquier tipo de escritos que me pasen.
Postearé las reglas mañana o algo.. esperando que más de alguien se interese ya que creo que varias se enfadaron por mi ausencia, pero espero me entiendan... Solo soy una persona, mis super poderes han caducado ya hace más de un mes y el poder de leer mentes está agotado en iTunes Store así que heme aquí... una simple adolescente hormonal con tantas cosas qué contar :)

-Gracias por su comprensión, las amo y siempre lo haré ♥ ah sí, me descubrieron... estoy enamorada de ustedes -.- haha no se crean, tenía ganas de hacer un comentario sarcastico !
Cuidense e infinitas gracias de nuevo :)

PD: siento que esto fue muy formal :| insisto, estos meses han sido de gran cambio en mi LIFE xD va ahroa si ya.. cuelgo me voy adiós. !

sábado, 30 de abril de 2011

"No quiero ser tu amigo". Cap. 12

En ese momento, formamos un capullo a nuestro alrededor, queriendo que nadie nos interrumpiera… Ni ahora, ni nunca. No me quería separar de él y eso era un hecho muy factible por mi parte. Sentía que ahora en ese momento era en el cual debíamos estar juntos más que nunca.
Quería seguir besándolo, pero me faltaba el aire así que me separé de él, pero cuando lo hice Sebastián apoyo su frente sobre la mía tratando de capturar aliento. Tomó mi cara entre sus manos suavemente, pero ahí se quedó. Era como si solo tenerme cerca, o con tan solo tener contacto conmigo le bastaba. Rodeé su cuello con mis brazos en un acto notablemente inútil para que no se fuera, para que no se alejara de mí nunca. Él, aún con sus manos en mi cintura, habló quedamente:
-¿Kate? –su voz sonaba ronca.
-Calla –le dije. Sinceramente, sentía que en ese momento cualquier vana palabra arruinaría cualquier sentimiento encontrado y eso me frustraría demasiado.
-Kate –volvió a insistir.
-Calla –repetí y me acerqué más a él para darle a entender que en ese momento no quería hablar, simplemente quería estar a su lado puesto que sentía que las palabras ya no valían nada.
-Kate –quitó sus brazos de mi alrededor y apoyo su frente sobre la mía –, yo…
Pero en ese inoportuno momento algo nos interrumpió: de repente, todo se me nubló y casi caía de sentón en el suelo de no ser por los brazos ágiles de Sebastián que me sujetaron antes.
-No puedes manejar hasta tu casa en esas condiciones –habló lento mientras que trataba de acompasar mi respiración debido a la gran agitación.
Traté de volver a mi postura normal, pero me di cuenta de que estaba empezando a sudar frío. Sebastián me guió hasta mi auto rodeando mi cintura con su brazo. Me llevó hasta el asiento del copiloto cuando realmente insistí en que no tenía que llevarme él, precisamente sino que podía venir mi mamá a buscarme. Él, haciendo caso omiso a mis opiniones, cerró la puerta del copiloto y abrió la puerta de atrás para buscar la llave del auto en mi mochila la cual se encontraba atrás. Yo solo oía que buscaba y rebuscaba y que no encontraba nada así que lentamente me giré para verlo.
En un principio buscaba la llave, pero se distrajo cuando vio mi cuaderno el cual tenía todo lo que había escrito sobre él, en el Spring Break, esa noche tan inolvidable y revelaba los deseos que a veces se incorporaban por dentro de mi ser, esos deseos de volver a verlo.
No le dije nada para ver a qué tanto llegaba: si respetaba privacidad o no. Lo pensó dos veces, pero la duda lo mató y abrió el cuaderno encontrándose con la primera página del cuaderno que susurraba: “Spring Break ♥” en una vaga letra cursiva.
De pronto, algo en mi mente encajó y toqué mi bolsillo del pantalón encontrándome con la llave del auto.
-Oye –dije suavemente.
Sebastián saltó en su lugar y me miró asustado.
-No están ahí –dije mientras agitaba las llaves en mí mano.
Él se sonrojo y empezó a balbucear cosas sin sentido.
-Calla y toma las llaves –dije tratando de no parecer molesta, pero demostré todo lo contrario. Las tomó y subió rápido al lado del piloto. Arrancó y salimos del estacionamiento.
Así de la nada, el sudor frio recorrió mi frente de nuevo así que abrí mi ventana para que el fresco aire me golpeara el rostro.
-¿Te sientes mal otra vez? –preguntó preocupado.
-Un poco –dije con voz áspera.
-Trata de dormir aunque sea en el camino –sugirió.
Era una buena idea, pero no quería perder mi tiempo al lado de Sebastián durmiendo… simplemente no. Pero como era de imaginar, caí rendida en el asiento del copiloto debido a que estaba cansada y supuse que todo lo de la enfermería me había dejado shockeada.
Abrí los ojos de golpe y vi que me encontraba en mi habitación, recostada en mi cama. Me extraño demasiado no haberme despertado cuando Sebastián se estaciono. ¡Sebastián! Grité en mi mente, ¿acaso era posible que ya se hubiera ido? Era más que claro que él era quien me había llevado hasta mi cuarto, pero ¿en dónde estaba?
De pronto, oí unas risas en el piso de abajo, por la cocina. Dudé seriamente en bajar puesto que tenía el presentimiento de que me iba a tropezar o incluso a desmayar. Puse mis pies en el piso de mi habitación y salí de la cama sujetándome de cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Por poco y no llego a las gradas, pero lo logré y pude oír la risa natural de mi mamá.
Asomé la cabeza y pude ver dos sombras moviéndose armoniosamente. Bajé las escaleras una por una, sujetándome de la barandilla y mirando mis pies a todo momento. Llegué a la cocina y levanté la vista. Vi a Sebastián picando unas verduras y tenía una sonrisa en el rostro que me dejo impactada; parecía que mi madre le había contado algo gracioso o algo por el estilo. Esta última estaba lavando más verduras en el lavaplatos. Ninguno de los dos se había percatado que yo estaba ahí.
De pronto, como si hubiera leído mis pensamientos, Sebastián levantó la vista y me vio ahí parada, absorta. Se limpió las manos en una servilleta de tela que tenía al lado y fue corriendo hacía en donde estaba.
Tomó mi mano en la suya en pretexto de ofrecerme apoyo, pero supe cuál era la razón principal.
-¿Cómo te sientes? –habló muy cerca de mí, tan cerca que por segundo creí que su boca estaba buscando la mía.
-Ya mejor –hablé quedo. Sinceramente, no quería que notara los altibajos que su cercanía le causaba a mi voz –. Gracias.
Me ofreció su brazo en cuanto vio que me quería asomar a ver la magnífica creación que ellos habían preparado. Yo se lo acepté con una sonrisa tímida mientras que mi madre me dirigió una mirada furtiva, la cual yo ignoré.
Cocinaron una especie de sopa, pero olía demasiado bien como para que solo fuera sopa. Sebastián se rió al ver la expresión en mi cara mientras intentaba adivinar.
-¿Qué es? –le pregunté a mi madre ignorando la risa siniestra de Sebastián.
-Sinceramente –habló mi mamá –, yo solamente ayude. Sebastián hizo todo.
El susodicho, ruborizado, me miró sonriendo como si admitiera una culpa. Me reí mientras agachaba la cabeza y miraba su mano sobre la mesa que mi madre utilizaba para cocinar, justo en dónde él estaba picando las verduras. Tuve un impulso salvaje de tomarla y nunca soltarla, pero me controle.
-¿Cocinas? –le pregunté viendo sus grandes y pardos ojos.
-¿Lo dudas? –me respondió con otra pregunta.
Reí.
-No dudo –aclaré –, sino que nunca me habías comentado que tenías tales habilidades culinarias.
-No hables si todavía no has probado –dijo mientras agarraba una cuchara y me la entregaba. Sentía las miradas acusativas de mi madre en mi espalda, pero no dije nada.
Probé la sopa y me asombró el delicioso sabor que tenía.
-Sé que no puedes comer cualquier cosa, así que le propuse a tu mamá hacer lo más liviano posible para ti –dijo mientras me sonreía.
No tenía palabras, pero traté de que mis ojos expresaran ese gran “gracias” que quería decirle, pero que no tenía palabras.
-De nada –susurró mientras pasaba a mi lado para ir a ayudar a mi mamá a lavar los platos. Me reí para mí misma, y supuse que si cualquiera me hubiera visto hubiera pensado que estaba loca.
Lista ya la comida, Sebastián sirvió dos platos y mi madre le dijo que se quedara a comer, propuesta que él no denegó. Cuando nos sentamos todos a la mesa, comenzamos a charlar. Mi madre tuvo el atrevimiento de preguntarle a Sebastián cosas de su familia, de su vida en su anterior hogar y cosas así. Descubrimos que Sebastián era el pequeño de dos hermanas, ya ambas grandes, casadas y con hijos; quería estudiar Medicina en la Universidad y quería especializarse en Cardiología; sus papas eran abogados, deduje que por ese medio sabía quién era mi padre.
Mi madre, por supuesto, no falló en comentar algunas que otras travesuras mías cuando estaba chiquita y Sebastián quiso aportar con unas cuantas suyas. Cuando terminamos de comer el almuerzo, recogí los platos para lavarlos y Sebastián me ayudó. Eran las dos de la tarde cuando mi madre habló:
-¡Acabo de recordar! –Exclamó –Tengo que ir a comprarte medicina, en caso de que empeores. Sebastián, ¿te molestaría cuidarla un momento?
-¿Qué acaso tengo cinco años? –pregunté.
-Sabes que no me refería a eso. Regreso en treinta minutos –musitó mi madre saliendo por la puerta.
Treinta minutos, repetí en mi cabeza. Me hice la de la vista gorda y empecé a lavar los platos, cuando sentí que Sebastián se puso a mi lado para ayudarme. Conversamos de unas cosas tontas y sin sentido, pero era una charla grata… al menos para mí. De pronto, un plato se me resbaló de las manos haciendo que salpicara un poco de espuma y agua. Sebastián creyó que lo hice a propósito.
-¿Con qué así estamos? –preguntó como lo haría cualquier padre a su hijo mientras juegan a las escondidas.
-No, no, no –negué rápidamente con la cabeza queriendo evitar que su rostro se volviera macabro –; fue un accidente.
-Los accidentes no existen –musitó.
-Pues este si tuvo que haber existido –me excusé mientras me alejaba debido al miedo de que el avanzara. Avanzó un paso hacía donde yo estaba y luego, retrocedió hasta llegar al lavaplatos que estaba lleno de espuma. Tomó un poco entre sus manos, mientras yo le repetía una y otra vez que no lo hiciera. Su risa malvada resonó en mis oídos.
Rodeé la mesa en donde mi madre preparaba la comida, huyendo de Sebastián y él me perseguía como si fuera un juego de niños. Cuando le di la vuelta completa, me acerqué al lavaplatos para tomar mi porción de venganza, en caso de que cualquier cosa pasara. Antes de que yo me pudiera dar cuenta, tenía a Sebastián a mi lado, muy cerca de mí.
Se preparó para atacar y yo, como instinto, traté de detener sus manos cuando inconscientemente entrelacé mis dedos entre los suyos, los cuales estaban llenos de espuma. Él me miró fijo a los ojos mientras yo trataba, luchaba para no caer prisionera en los suyos. Demasiado tarde, agaché la cabeza en una vana intención de que no pudiera ver como mis mejillas tomaban color. Me acercó más a él, más a su cuerpo, más a su aroma, más a su aliento… reaccioné que tenía muy cerca su aliento y levante el rostro temeroso. Su boca, oh su boca, estaba demasiado cerca a la mía y fue difícil resistirme al deseo que tenía sobre repetir lo que había hecho hace ya unas cuantas horas.
Apretó mi mano en la suya, mientras mis ojos se enfocaban en él solamente. Se acercó un poco hacía mi rostro, con temor a que me alejara, pero a esa altura ya era claro que quería que pasara lo que tenía que pasar. Apoyo su frente sobre la mía mientras se decidía a hablar:
-¿Kate? –siempre empezaba con mi nombre.
-Dime –dije tratando de inhalar un poco de su adicto aroma.
-Ya pensé mucho las cosas –dijo como si le hubiera tomado mucho tiempo.
La verdad no entendía mucho de qué me estaba hablando.
-¿En qué pensaste? –le pregunté.
-En ti –dijo mientras una sonrisa surcaba su rostro y mis mejillas se ruborizaban –y en mí.
Ahora era yo la que sonreía.
-¿Así? –dije mientras me acercaba mas a él. La espuma que tenía en sus manos ya se había secado y soltó mi mano para poder acomodar un mechón que tenía justo enfrente de la cara.
-Sí –afirmó.
-¿Y cuáles fueron tus conclusiones? –le pregunté mientras traté de ocultar una sonrisa curva.
-Solo fue una –musitó mientras soltaba mis manos, rodeaba mi cintura y yo rodeaba su cuello.
-Dímela –rogué.
-Es fácil, es sencilla y no sé cómo no me pude percatar antes.
-Dime –pedí.
-No quiero ser tu amigo, ya no –sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda –. Quiero ser algo más en tu vida.
¿Y qué podía decir en esos momentos? Solamente tomé su rostro entre mis manos y me hundí en sus labios. Me acercó más a su cuerpo mientras yo entrelazaba mis dedos en su cabello. Yo era simplemente muy tosca para las palabras así que quería que entendiera que yo tampoco deseaba ser solamente su amiga.
Separé mis labios de los suyo debido a que me faltaba aire. Apoyé mi cabeza en su pecho mientras él jugaba con mi pelo enredado, y pude oír su corazón. Estaba un poco agitado, o emocionado, pero era un latido fuerte y armonioso. Suspiré.
-Tengo una idea –dijo.
Me quedé callada esperando su propuesta.
-¿Qué te parece si salimos mañana? –una sonrisa curvó su rostro.
Me pareció una sorpresa esa invitación, pero no la iba a negar. Quedamos en que él me pasaría a traer e iríamos a cenar o a ver una película. Pero antes que nada, le quería aclarar que hasta el momento éramos amigos y que por haberlo besado eso no iba a cambiar sino hasta que él mismo me lo preguntara. En mi mente soné algo orgullosa, pero así tenía que ser y así era yo. Cuando extendió su mano en señal de “trato hecho” le dije:
-Una salida como amigos –y estreché su mano para que no pudiera echarse para atrás.
-Como amigos –repitió con una sonrisa macabra.
Justo en ese momento, abrió la puerta mi madre esperando encontrarnos en una situación bastante incómoda, pero no fue así: estábamos sentados en la mesa del comedor riendo de situaciones tontas. Sebastián se empezó a despedir puesto que ya eran las tres de la tarde y no quería llegar tarde a su casa.
-Fue un placer pasar la tarde con ustedes –dijo como halago hacía mi madre.
-Nos vemos, Kate –dijo mientras besaba mi mejilla.
Lo acompañe hasta la puerta y le dije en quedo:
-Nos vemos mañana –dejando que mis ojos expresarán lo que deseaba.
Sonrió y salió de la casa mientras yo cerraba lentamente la puerta.
-Oye tu –exclamó mi madre desde la cocina.
Llegué a paso lento mientras me podía imaginar lo que me iba a decir.
-¿Qué paso? –le pregunté al ver que solo me miraba furtivamente.
-Nada –dijo arrepentida –, olvídalo.
No quería insistir porque sabía que iba a hablarme de Sebastián, pero no quería dejarla solamente así como si nada.
-¿Segura? –le pregunté arrepintiéndome en el momento.
-Sí –indicó.
Me pareció raro que ella aceptara quedarse callada, es más… me asustó un poco. Después de eso, subí a mi cuarto a pensar y a ver televisión. Mi madre llegó a ver cómo estaba y a desearme buenas noches. No pude dormirme sino hasta las once de la noche debido a que mi cabeza se estaba llenando de ideas.
No pude dormir más que nada por pensar en Sebastián, en él, en su beso, en la cita que teníamos al día siguiente. Pero más que nada, más que cualquier cosa: no podía dormir debido a sus palabras. “No quiero ser tu amigo”, resonó en mi cabeza de nuevo.
Imaginando la voz de Sebastián susurrando ésa última frase, caí en un profundo sueño esperando para que mis esperanzas se volvieran realidad….





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B U E N A S :)
-okey, sé qué estarán pensando: "Hasta que te dignas a publicar!" & si, lo siento no pude antes. Sinceramente, he estado muy ocupada porque tuve examenes, luego sali de vacasiones [me fui de viaje :) ] regresé al colegio ésta semana, & para variar, no falta la vida social & eso. Así que enserio, disculpenme si no pude publicar antes pero ahora estoy en un momento de mi vida en donde TODO se me junta s:
-Segundo, qué tal pasaron sus vacasiones de Semana Santa? (: como les dije, me fui de viaje a un como club aquí en mi país.. eso sí, no falto el Sr. Sol que me anduvo desesperando una que otra vez pero es bueno recibir vitamina D de vez en cuando ;D
-Tercero, GRACIAS a las que me han tenido paciencia & siguen fieles leyendo el blog! ustedes saben que desearia publicar todos los días pero no puedo /:

-Pues les cuento que aproximadamente faltan 14 días para mi cumpleaños así que vayan pensando BIEN BIEN que me van a regalar XD no se hagan!

Bueno, les deseo buen día a todas! Gracias de nuevo por leer, comenten para saber qué les parecio! Si les gustó el cap digan: Sí me gustó, oh Majo deverías ser escritora D: & si no, simplemente escriban: eres una asco xd JAJAJAJAJA no se hagan, comenten si & solamente si les gusto el cap o si me quieren decir: "Bienvenida otra vez, Majo" Jajaja

-Nos hablamos lueguin (:

Atte: YOOOOOOOOOO !


Let felicity fly ♫